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Cuentas públicas en aprietos

¿Seremos los contribuyentes quienes deberemos seguir pagando los platos rotos por los números oficiales? Sofía Devalle.

30 de octubre de 2011 a las 12:02 a. m.
(Sofía Devalle) Economista del Iaraf
Cuentas públicas en aprietos

En las próximas semanas comienzan a debatirse en legislaturas provinciales y concejos deliberantes municipales los proyectos de presupuesto y de política tributaria previstos para el año que viene. Es probable que veamos nuevas subas de tasas o impuestos para hacer frente a las complicaciones financieras por las que atraviesan los gobiernos. La fuerte expansión de la economía pareciera no tomar correlato en las cuentas públicas de los gobiernos provinciales y municipales en los últimos tiempos. Es decir, si bien los ingresos fiscales han crecido a un ritmo muy elevado, esto no ha sido suficiente para cubrir las crecientes demandas de gasto y, en consecuencia, hoy estamos viendo en muchas ciudades y provincias múltiples señales de que las necesidades financieras mutan en un problema mayor. Veamos algunas causas: Rigidez del gasto. La mitad del gasto que realizan las provincias, en promedio, está destinado al pago de remuneraciones al personal, estructura que es compartida también por muchas de las grandes ciudades del país. Esta composición genera una inflexibilidad del gasto a la baja, dificultando el equilibrio de las cuentas públicas, especialmente cuando los recursos comienzan a escasear. A su vez, en una dinámica de suba de precios tal como la observada en los últimos años, esto se transforma en un elemento generador de subas en el gasto público. Mayores responsabilidades. La descentralización del gasto hacia provincias y municipios, ocurrida durante las últimas décadas, ha dejado en manos de estos niveles funciones muy sensibles como educación, salud, y asistencia social. Aunque recomendable, en muchas ocasiones la descentralización no fue acompañada de fondos con los cuales hacer frente a estas nuevas obligaciones. Fin del ahorro público. Esto con el agravante de que la mayoría de las jurisdicciones no conformaron un "colchón" o fondo anticíclico como reserva en épocas de dificultades. Mayor discrecionalidad de fondos transferidos Nación-provincias. Esto genera disparidades fiscales entre jurisdicciones, favoreciendo a aquellas que gozan de una mejor relación con el gobierno nacional. A su vez, es difícil prever con exactitud el flujo de fondos que percibirán los niveles inferiores de gobierno, más allá de la coparticipación. Estos aspectos, entre otros, han ocasionado que las cuentas públicas de provincias y gobiernos locales comiencen a mostrar signos de alarma. Ante la dificultad de contener el gasto, las dos formas más directas de financiamiento que aparecen son: el aumento de tributos o el endeudamiento (que no es otra cosa que una mayor carga tributaria sobre las generaciones futuras). En los próximos meses, las legislaturas provinciales y concejos deliberantes de todo el país debatirán sus proyectos de presupuesto y la política tributaria a aplicar durante 2012. Sería deseable que la discusión pasara por cómo encontrar la mejor manera de lograr un funcionamiento del Estado eficiente, transparente y equitativo. Y no por cómo y a quién subirle los impuestos (o cobrarles nuevos), tal como se hizo costumbre en Argentina. El hecho que la carga tributaria actual sobre los ciudadanos en Argentina esté en los máximos niveles históricos debería ser una luz de alerta a tener presente en el debate.