Temas del día:

China, el gigante no se detiene

Con una economía controlada por el Estado y pese a la inflación, el gigante asiático no deja de crecer. La fuerte demanda y la abundancia de mano de obra son aspectos clave. Enviada especial a Shanghai.

20 de noviembre de 2011 a las 12:02 a. m.
China, el gigante no se detiene
(Ilustración Javier Candellero)

Enviada especial a Shanghai (China). Cuentan que el presidente chino Hu Jintao iba en el auto con su chofer y al llegar a un cruce que se bifurcaba para ambos lados, éste preguntó: ¿para qué lado vamos, presidente? "Pon el guiño a la izquierda y dobla a la derecha", respondió el mandatario. Con este cuento, el guía de Beijing trató de explicar cómo funciona la economía local a la delegación de la Federación Agraria Argentina (FAA) filial Córdoba que visitó Shanghai, Tianjing, Xi'an y Chonqing en una misión a la cual fue invitada La Voz del Interior. No es fácil entender cómo es el sistema económico en China, pero funciona. El país de la Gran Muralla crece a un ritmo de 9,1 por ciento, la menor tasa en dos años (producto de políticas oficiales para desacelerar el crecimiento), pero igualmente elevado y la población que vive en las ciudades reconoce que mejoró su calidad de vida. Con este crecimiento, China ya es la segunda y se prepara para convertirse en poco tiempo en la primera economía mundial, con un producto bruto de 5,9 billones de dólares en 2010 según el Banco Mundial. Este comunismo "capitalizado", centralmente planificado y regulado por el Estado en muchos aspectos, pero liberado en otros, no se parece a ningún otro país. El Estado es dueño de la tierra y de varias empresas, aunque ni los propios chinos distinguen si son de propiedad pública o privada. Pese a esta intervención, el sector privado también puede hacer buenos negocios. De hecho, el consumo de autos y productos de lujo se ve en las calles de las principales ciudades chinas. La economía está abierta al capital extranjero. Cualquier empresa puede radicarse en el país, aunque los mayores incentivos se dan a las compañías que se asocian con una firma local, ya que tienen importantes descuentos impositivos. Los millones de habitantes que viven en las ciudades mejoraron su calidad de vida. La principal preocupación del Gobierno es dar de comer, cada vez con alimentos de mayor calidad, a la población que en la actualidad ronda los 1.350 millones de habitantes y ascendería 100 millones en 2020.Esta es la clave de la demanda china de alimentos, que impacta en el mercado internacional y marca una enorme oportunidad para Argentina. Pero también avanza la construcción y todas las industrias relacionadas (siderúrgica, cementera, y otras).Con la moderna Shanghai como modelo a seguir, el resto de las ciudades crece a ritmo vertiginoso. Beijing, por ejemplo, tiene seis anillos de circunvalación y está construyendo el séptimo. En 2004, cuando una delegación oficial cordobesa la visitó, Shanghai tenía tres líneas de subterráneos. Hoy tiene 11 y está previsto que llegue a 18 en pocos años más.La modernidad y la tecnología de punta en informática y telecomunicaciones contrastan con el uso intensivo de mano de obra en actividades que en Argentina están mecanizadas, como los representantes cordobeses pudieron ver en una fábrica de máquinas para procesar alimentos y en un tambo. Además, saliendo de las ciudades grandes, la vida sigue siendo complicada. Proceso de apertura. A fines de los años '70, Deng Xiaoping, el segundo presidente comunista y sucesor de Mao, inició el proceso de apertura. En este marco, armó el Plan 11-5, por el cual luego de 11 períodos de cinco años cada uno, China se iba a convertir en la primera economía del mundo. La planificación va desde el control de la natalidad hasta la producción de alimentos y otros bienes clave, pasando por la construcción de viviendas, la infraestructura o la fijación del tipo de cambio. Pero el mercado es libre: la compra venta de productos y su precio (incluido el de las viviendas) se regula por la oferta y la demanda.La inflación, sobre todo de alimentos, y la disminución de la competitividad externa son dos problemas que están afectando a China. El gobierno de Hu Jintao enfrenta la presión interna por los precios de alimentos y viviendas y la externa para dejar apreciar al yuan. El encarecimiento de la moneda local está desacelerando las exportaciones al resto del mundo, pero se teme que si este proceso no continúa los países centrales podrían tomar represalias comerciales. De todos modos, la economía china sigue teniendo margen de maniobra, ya que tanto Europa como Estados Unidos necesitan del país. China es el mayor tenedor de bonos de la deuda de Washington y, además, se pretende que juegue un papel importante en la emisión de títulos europeos. Cuando se ve el crecimiento acelerado de la infraestructura, la diferencia en la calidad de vida de la población de distintos lugares (y, por ende, las posibilidades de mejorar) queda en evidencia que el país todavía no alcanzó su máximo potencial y tiene un amplio margen para seguir creciendo. Por ahora, el modelo funciona con una fuerte inyección estatal de dinero en infraestructura, que a su vez, incentiva a la inversión privada; con mano de obra aún barata (aunque cada vez menos) que genera productos competitivos, y con un enorme mercado interno que motoriza la demanda de alimentos producidos dentro y fuera del país. Esto le asegura un crecimiento elevado por varios años más y abre grandes oportunidades, sobre todo, para países productores de alimentos.

Datos

6,2 yuanes por dólar es el tipo de cambio oficial en China.

50.000 fábricas están ubicadas en Shanghai, una ciudad con más de 25 mil empresas extranjeras.

1.500 yuanes (U 242) por mes ronda el alquiler de un departamento de un dormitorio.

6,2% fue la inflación interanual a septiembre en China, algo menor a la de otros meses. En alimentos se duplica.

3.000 yuanes (menos de 500 dólares) por mes es el salario promedio en las grandes ciudades. Funcionarios, empleados de empresas extranjeras y profesionales tienen mejores remuneraciones.

5.000 dólares el metro cuadrado puede costar un departamento en los mejores lugares de Shanghai y Beijing. Todas las tierras son propiedad del gobierno chino, los habitantes compran derechos de uso por 50, 70 ó 90 años, según el lugar y el uso. El precio de la vivienda es una de las preocupaciones del pueblo chino.

Más información