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Twitter desnuda las dos caras de Trump

En la red social, el mandatario dice a veces lo que piensa y otras se apega a un guion. El presidente da a entender que no todo lo que escribe debe ser interpretado de forma literal.

06 de octubre de 2017 a las 12:41 a. m.
Gabriele Chwallek, Agencia DPA
Twitter desnuda las dos caras de Trump
Visita y polémica. En Puerto Rico, Trump criticó al gobierno de la isla. (AP)

Washington. Donald Trump encontró el tono correcto en Las Vegas: "Somos una nación en duelo", "rezamos a Dios para que alivie el sufrimiento", "estamos a su lado para ayudarlos a soportar su dolor". Palabras así son las que la gente afectada por una tragedia espera de su jefe de Estado, que debe ofrecer consuelo, tranquilidad y un sentimiento de seguridad y esperanza.

Sin embargo, Trump no llega al nivel del expresidente Bill Clinton, que entrará a la historia del país por su habilidad a la hora de consolar en momentos de luto nacional con su emotiva voz. Ni tampoco al de su predecesor Barack Obama, que durante un funeral tras un tiroteo en una iglesia negra en 2015 se atrevió a cantar Amazing Grace.

Pero pese a todo, el Trump que visitó el miércoles a las víctimas de la masacre del domingo en Las Vegas, donde murieron 58 personas y algo menos de 500 resultaron heridas a manos de un francotirador, era un presidente distinto al que sólo un día antes había visitado a las víctimas del huracán María en la devastada Puerto Rico.

Allí, el mandatario dio a entender que, con sólo 16 muertos, el territorio asociado había salido bien parado de la tragedia.

Trump prácticamente le reprochó a Puerto Rico lo mucho que le cuesta a las arcas públicas de Washington y, por momentos, provocó el derrumbe de los bonos de la endeudada isla caribeña al hablar en una entrevista informal sobre una posible liquidación de esa deuda.

¿Dos Trump distintos? La explicación es sencilla: en Puerto Rico y en la entrevista Trump dijo lo que pensaba, mientras que en Las Vegas se apegó a un guion.

Polémica en los dedos

En el pasado, Trump quedó claro cómo se suele dejar llevar por la espontaneidad, como hizo con sus amenazas en Twitter contra el líder norcoreano Kim Jong-un, al que apoda “hombre misil”, o con las discusiones con su secretario de Estado, Rex Tillerson.

El jefe de la diplomacia norteamericana se mostró partidario de dialogar con Corea del Norte para solucionar la crisis nuclear, en contraposición con las retóricas bélicas de Kim y de su propio jefe Trump. El mandatario estadounidense calificó la actitud de Tillerson como “una pérdida de tiempo y energía”, en un tuit publicado el fin de semana.

Fue un clásico ejemplo de cómo se crea una crisis contra uno mismo: a raíz de ese tuit, la emisora NBC informó que Tillerson ya había manifestado diferencias de opinión con Trump en meses pasados, que estaba considerando dimitir y que había calificado a su jefe de “idiota”. Siguieron declaraciones de lealtad tanto de Trump como de Tillerson, pero el daño ya estaba hecho.

Entender el aluvión en Twitter y las salidas de tono del hombre más poderoso del mundo es todo un desafío. Incluso las señales que llegan de la Casa Blanca son contradictorias: por un lado, Trump usa las redes sociales como medio para comunicar sus posturas y tuitea lo que piensa. Por otro, intenta calmar la situación dando a entender que no todo lo que escribe se puede tomar de forma literal.

A los convencidos seguidores de Trump no les molesta nada de esto. Hasta ahora, las posturas enfrentadas parecen inamovibles. Pero como aseguró una analista de la CNN: la próxima crisis llegará, ya sea desde afuera o desde los dedos de Trump en Twitter.