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Tragedia en el país de la violencia

La mayor tragedia carcelaria de Honduras no hace más que desnudar las falencias de un país que no logra reducir la tasa de asesinatos más alta del mundo. Pedro Luque.

16 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tragedia en el país de la violencia

La mayor tragedia carcelaria de Honduras no hace más que desnudar las falencias de un país que no logra reducir la tasa de asesinatos más alta del mundo y donde los derechos humanos cayeron aun más en el olvido tras el golpe de Estado de 2009.

El presidente Porfirio Lobo había declarado una emergencia carcelaria en julio de 2010, pero el hacinamiento era irremediable. Los 24 establecimientos penitenciarios del país albergan casi 16 mil presos, cuando su capacidad máxima es de 8.280 personas, según datos oficiales de hace dos años.

Ese hacinamiento es en gran parte producto de un triste récord que ostenta esta nación centroamericana: al menos 20 homicidios diarios, en un país que apenas supera los ocho millones de habitantes.

Un informe de Naciones Unidas determinó en octubre pasado que Honduras tiene la tasa de asesinatos más alta del mundo, con 81,5 por cada 100 mil habitantes, cuando el promedio mundial es de 8,8.

Esa violencia instalada desde hace décadas en las calles hondureñas –donde rige la ley de las pandillas juveniles– se ha incrementado desde el intempestivo golpe de Estado que derrocó en junio de 2009 a Manuel Zelaya, acusado de querer reformar la Constitución para legalizar su reelección.

“Se agravó aun más la debilidad institucional, aumentado la vulnerabilidad de defensores de derechos humanos”, resumió hace unos días la relatora especial de la ONU Margaret Sekaggya, quien pidió una depuración de la policía.

Contra esta violencia, que el año pasado mató a seis mil hondureños, poco puede hacer el presidente Lobo, que asumió en enero de 2010 y estará en el poder hasta 2014. Su gobierno se desintegra. El lunes renunciaron tres de sus principales colaboradores, entre ellos el ministro de Finanzas, quien argumentó que “las presiones públicas son muchas y es difícil resolver los problemas del país”.

Encima, la semana pasada el FMI criticó al gobierno por su deficiente desempeño en administrar el Estado, lo que obstaculiza la obtención de recursos para desarrollar al país.

Ante esta realidad, Honduras, con sus escasos recursos y limitadas posibilidades, deja de atender necesidades como la educación y la salud, y la cadena de problemas se engrosa. Menos aun puede atender la suerte de sus presos, que mueren incinerados o asfixiados en sus celdas.