Todo lo que Donald Trump prometió destruir y que a lo mejor no hace
¿Podrá Trump deportar 11 millones de inmigrantes, construir un muro en toda la frontera con México, desmantelar la reforma sanitaria, cerrarse comercialmente al mundo o retroceder con el matrimonio igualitario y el aborto? Tiempo de descuento para el gran enigma rubio, aliado de la izquierda antiglobalización.
Ya no hay tiempo de lamentos. Donald Trump será el presidente más viejo en la historia de Estados Unidos (asumirá con 70 años, uno más que cuando lo hizo Ronald Reagan), aupado por millones de ciudadanos de clase media –en especial, blancos y protestantes- que se sienten el último orejón del tarro de un sistema que los empuja cada vez más hacia el lado menos glamoroso de la desigualdad. Le ganó a la representante de ese establishment que, mal que nos pese, era Hillary Clinton.
Por eso Trump, el candidato outsider, anti Wall Street, alejado de esa clase política que no logra cambiar las bases de esa sociedad, prometió destruir mucho más que construir. Va una lista de esas promesas:
¿Chau mejicanos? Si hace lo que dijo en la campaña, debería echar a más de 10 millones de indocumentados, en su mayoría latinos, y terminar de levantar un muro entre su país y México, que luego obligará a pagar al gobierno mejicano. Si eso ocurriera, toda esa mano de obra que sostiene la economía estadounidense debería ser reemplazada por esos votantes de clase media blanca que nunca quisieron hacer esos trabajos por lo que se paga tan poco. Trump explotó el miedo colectivo basado en una falacia, que sólo sirve para reforzar una identidad que no dispone de otros cementos para amalgamarse. Difícil de realizar.
¿Chau sanidad? Trump prometió desmantelar y cambiar el ObamaCare, la reforma sanitaria implementada por el presidente estadounidense –cuya base fue un plan de Hillary- que le dio una especie de obra social a 20 millones de ciudadanos que no la tenían. No está claro cuáles serán esos cambios, pero la preocupación es grande.
Señor juez. El presidente electo dijo que propondrá un juez conservador para cubrir el lugar que deja vacante Antonin Scalia en el Tribunal Supremo. Esto tiene que ver con su rechazo al matrimonio igualitario y al aborto.
Proteccionismo. Trump extendió en su campaña un discurso antiglobalización para anticipar que "protegerá" la industria estadounidense con aranceles más altos a la importación, y prometió renegociar los acuerdos comerciales como el Nafta (con México y Canadá) o el Transpacífico (que incluye a Perú y Chile). Esto puede afectuar el intercambio comercial con todo el mundo, con consecuencias imprevisibles. Pero cuidado: es grande la tentación de achacarle a Trump lo que en nuestros propios países elogiaríamos.
Chau América latina. Hay que buscar con lupa para descubrir las veces que Trump pronunció "América latina" en toda su vida. En rigor, tampoco lo hizo Hillary en su campaña. Y ambos evitaron pronunciarse sobre las crisis institucionales de Brasil o Venezuela. Todo indica que el patio trasero deberá renovar sus helechos y seguir regándolos sin mucha ayuda.
¿Chau izquierda? Trump encarna gran parte del discurso que la izquierda antiglobalización elogia, y que ayudó a denostar a Hillary Clinton como representante del sistema liberal capitalista que gobierna el mundo. Es curioso cómo esa idea, por más bases reales que tenga, elude los puntos más oscuros de Trump, o se los traga como sapo a la provenzal.
Chau Hillary. Es difícil que, a los 69 años, Hillary Clinton tenga otra oportunidad como la que acaba de perder estrepitosamente. Más allá de sus defectos o de lo que ella representaba, hay méritos remarcables. En 1969 fue la primera estudiante secundaria mujer en el país que pronunció el discurso de egresados en un colegio. En 2000 fue la primera senadora mujer por Nueva York. En el sector privado, fue también la primera integrante femenina de la junta directiva de WallMart, de donde se fue -entre otras cosas- luego de que fracasara su propuesta para que la compañía incrementara el cupo de mujeres en el nivel gerencial. En 1975 se casó con Bill Clinton tras una insistencia de dos años por parte de él, y si bien había decidido usar su apellido de soltera –Rodham- debió agregarle el "Clinton" ante las críticas del conservador electorado de Arkansas. Y, sin dudas, fue la primera candidata mujer a la presidencia que llegó a esta instancia.
Es un enigma también lo que sucederá con la política de género si quien está al frente del país es un imprevisible machista misógino.
Eso sí: si Trump cumple, bajará los impuestos.
¡This is America!

