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Pese a las filtraciones, Obama mantiene su plan para Afganistán

El presidente estadounidense expresó su preocupación por la reciente revelación de documentos de guerra, aunque consideró que son irrelevantes.

28 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
El País, de Madrid
Pese a las filtraciones, Obama mantiene su plan para Afganistán
(AP).

Washington. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió ayer al Congreso respaldo para su estrategia en Afganistán, que se mantiene sin alteraciones, pese a los múltiples errores y dificultades confirmadas por los documentos del Pentágono recientemente conocidos. El mandatario lamentó la filtración de esos papeles, pero aseguró que ninguno era relevante y defendió el modo en el que se dirige la guerra.

"Aunque estoy preocupado por la aparición de información delicada del frente de combate que podría poner en riesgo operaciones y personas, el hecho es que ninguno de estos documentos revela nada de lo que no se haya informado y que no haya sido debatido en público", declaró Obama tras un encuentro con miembros del Congreso.

Además, ninguno de los informes que consiguió la página web Wikileaks, y que publicaron el domingo y el lunes tres medios de comunicación, alude al período posterior al anuncio de la nueva estrategia norteamericana en Afganistán -diciembre de 2009-, ni pone en cuestión métodos o decisiones utilizados en este momento.

Asuntos como la muerte de civiles inocentes o el doble juego de los servicios secretos paquistaníes, dos de los aspectos más destacados de los papeles de Wikileaks, son de sobra conocidos en Washington.

En cuanto a la tercera revelación de los papeles, las acciones encubiertas para matar a líderes insurgentes, no es algo a lo que piense renunciar la Casa Blanca ni es algo que condene la opinión pública.

"Durante siete años hemos tenido una estrategia equivocada", aceptó ayer Obama. "Por eso la hemos corregido", añadió. "Por eso hemos aumentado nuestro compromiso allí, hemos insistido en un mayor control de lo que hacen el gobierno afgano y Pakistán, y hemos desarrollado una nueva estrategia que puede funcionar", se explayó.

Los expertos también le restaron trascendencia a lo ocurrido. "No vi nada en estos documentos que me haya sorprendido o me haya parecido de cierto significado", escribía ayer en The New York Times Andrew Exum, investigador del Center for a New American Security.

Vulnerable y debatible. Los documentos tienen un doble valor: poner en evidencia la vulnerabilidad de los secretos del Pentágono, e influir en el debate que estos días sostienen la clase política y la sociedad estadounidense sobre el futuro de la guerra.

Sobre la filtración en sí misma, el Pentágono anunció ayer que se abrió una investigación criminal sobre lo sucedido que será conducida por el ejército. De entrada, se señala como primer sospechoso a Bradley Manning, un empleado de los servicios secretos del ejército que en el pasado ya fue acusado de entregar papeles a Wikileaks.

La aparición en público de más de 90 mil folios concebidos como información interna perjudica a la solvencia general de una operación militar y dificulta posteriores contactos de los servicios secretos con los de otros países del mundo.

El efecto político de las filtraciones tampoco es despreciable, si bien no parece que el episodio pueda llegar a ser una amenaza para los planes de Obama.

Ayer estaba previsto que la Cámara de Representantes emitiera un primer voto sobre la solicitud de un nuevo fondo para la guerra en Afganistán, y nada hacía pensar que el resultado fuera a ser negativo.

De momento, la división de fuerzas en torno a la guerra se mantiene tal y como estaba antes de las filtraciones: los que estaban en contra lo están ahora con más convicción, pero no se ha escuchado a nadie que estuviera a favor de cambiar su posición.

El daño de estos papeles podría ser mayor entre la opinión pública y manifestarse más tarde, en las próximas elecciones. Los estadounidense, más preocupados por su economía y sus empleos, tienen dudas sobre un conflicto que, combinado con el de Irak, ha costado ya un billón de dólares.