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Mejor que ayer, peor que mañana

América latina crece y prospera, pero todavía nos falta para lograr el bien más anhelado: la equidad social. Alejandra Conti.

30 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Mejor que ayer, peor que mañana

América latina abarca un territorio más grande que China y Estados Unidos en conjunto, atraviesa una década de prosperidad y crecimiento como nunca antes y las democracias han resistido embates autoritarios. A pesar de eso, tenemos la sensación de que a nivel internacional, seguimos siendo vistos como la tierra del "vuelva mañana", de la inestabilidad sistémica y de la falta de garantías. ¿Será un problema de imagen? ¿El mundo persiste en sus prejuicios hacia los países emergentes?Estos son algunos de los interrogantes que plantea el Latinobarómetro, la encuesta de la Corporación Latinobarómetro que se realiza simultáneamente en 18 países (todos los de la región menos Cuba) entre el 15 de julio y el 16 de agosto con muestras representativas del 100 por ciento de la población de cada país. La Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile.La encuesta apunta a develar cómo es la percepción de la política y la democracia por parte de una población de 600 millones de habitantes.Los datos que ofrece parten de la base de saber que el ingreso promedio en la región es de 10 mil dólares; que hemos conocido algo nuevo que nos tiene fascinados: la estabilidad económica, y que la estabilidad del empleo se duplicó en la última década y alcanzó su punto más alto en 2011. "Nunca antes hubo tan pocas personas con grandes dificultades económicas", dice el informe, que recuerda que la región ha incorporado al consumo a 150 millones de habitantes en los últimos 10 años.Respecto del ejercicio de la democracia, el informe apunta que la calidad, credibilidad y legitimidad de los procesos electorales mejoró sustancialmente y que la participación electoral se mantiene en los promedios históricos.En cuanto a los niveles educativos, "cuatro de cada 10 latinoamericanos tiene hoy un escalón más de educación que el hogar en que nació".A pesar de este panorama optimista, afrontamos dificultades serias.Quizá la más importante, porque la permite el ejercicio de todos los demás derechos, sea la calidad de las democracias. Éstas han demostrado su resistencia pese a los pronósticos en contra, pero "su consolidación es mucho más compleja y demanda mucho más tiempo que lo que inicialmente se pensó". Esto incide en que la mirada de muchos latinoamericanos hacia este sistema de gobierno siga siendo escéptica. Se ve un retroceso de la confianza hacia los gobiernos en 2011."Los gobiernos no logran aumentar la percepción que se gobierna para la mayoría. Hay sensación de abuso y de privilegios indebidos", dice el informe. Con esto tiene que ver el malestar que genera la convicción de que el aumento de la riqueza no conlleva una distribución más justa.Si la confianza hacia los gobiernos disminuyó, sucede lo mismo, y en mayor grado, con el Estado. La gente no recibe los servicios que considera esenciales o piensa que son de mala calidad. El principal factor de insatisfacción es la inseguridad. El crimen organizado y la violencia del narcotráfico son una trágica realidad cotidiana para miles de personas y son vistos como una amenaza creciente y perturbadora. Es creciente el reclamo de más educación y salud. "Son las demandas de la prosperidad lo que trae a incorporar a 150 millones de habitantes al mercado", apunta el informe.Pese a la innegable mejora en la economía, una parte importante de la población sigue percibiendo bajos salarios, lo que la condena a falta de vivienda o servicios de mala calidad."América latina mostró entre 2007 y 2009 que era capaz de aplanar el impacto de la crisis con políticas económicas contracíclicas. Eso no sucedió en 2011, y ante una desacele­ración del crecimiento los gobiernos no tomaron medidas para paliar ese impacto sobre los más vulnerables", dice Latinobarómetro.La desigualdad es uno de nuestros males más característicos, en parte por herencia y en parte por falta de políticas adecuadas durante los últimos años. El crecimiento no llega en forma equitativa a los más pobres y la desaceleración los perjudica más aún.Esto no pasa inadvertido para el común de la gente, que castiga como puede, es decir disminuyendo el índice de confianza en las instituciones y la democracia. Este año el informe indica que la satisfacción con la democracia en la región bajó cinco puntos. Este dato por sí solo debería encender una luz de alerta. Es muy peligroso que la ciudadanía se desencante de la democracia y es un lujo que no nos podemos permitir.