Los puentes del bacheletismo
La fuerte abstención con que debutó en Chile el voto voluntario en las presidenciales en noviembre se vio potenciada.
Las previsiones buenas y malas se cumplieron ayer para Nueva Mayoría. Michelle Bachelet abrochó en el balotaje una victoria lo suficientemente amplia como para que cualquier discusión acerca de su legitimidad pueda ser refutada (ver "Los sueños no son un bien de mercado"). Pero, como en cada segunda vuelta desde el regreso de la democracia, el round decisivo de ayer tuvo menos asistentes a las urnas (996.720), por lo que la fuerte abstención con que debutó en Chile el voto voluntario en las presidenciales en noviembre se vio potenciada.Más allá de intencionadas alusiones a la baja participación que referentes de la derecha (impulsores del voto no obligatorio) hicieron para tratar de disimular la paliza sufrida por la Alianza y su candidata, Evelyn Matthei, los resultados dejaron varias aristas para abordar.Uno de ellos es que entre los 5.695.120 chilenos que sufragaron ayer no hay dudas de quién encarna la mayoría y cuál es su mandato para el futuro gobierno.Otro dato es que, aun cuando e l número de votantes bajó en casi un millón de personas con respecto al 17 de noviembre, Bachelet incrementó en más de 400 mil votos su cosecha del primer turno, mientras que Matthei sumó unos 300 mil. El 62,16 por ciento de Bachelet es cifra récord para un gobierno chileno aunque la baja participación atenúe el logro y sus cerca de 3,5 millones de sufragios se achiquen frente los más de 3,7 millones logrados cuando la misma candidata derrotó en 2006 a Sebastián Piñera. De modo inverso, el 37,83 de Matthei que podría pensarse como una mejora de casi 13 puntos frente al primer turno, se traduce, con 2,11 millones de sufragios, en una de las peores performances de la derecha, que quizá profundice sus grietas. Bachelet ratificó anoche sus postulados básicos en aras de una nueva Constitución que reemplace a la de 1980 legada por la dictadura, una educación universal, de calidad y sin lucro, y reformas tributarias y de la salud. Para no tener tropiezos en esos cambios que muchos de sus votantes comenzarán a exigir más temprano que tarde, el gobierno que asumirá en marzo debería tender puentes hacia otras fuerzas que quedaron fuera del balotaje. Algunos de esos partidos, que ayer se negaron a convalidar con su voto "el duopolio", defienden los cambios impulsados por la mandataria reelecta, aunque quizá quieran imprimirle una velocidad y magnitud que ella no acepte asumir. No es lo mismo una reforma constitucional a partir de los mecanismos del Congreso, que una surgida de una Asamblea Constituyente. En cualquier caso, entre los votantes de Marco Enríquez Ominami, Franco Parisi o los otros cinco candidatos del primer turno hay posiciones que se pueden acercar y asperezas susceptibles de limar para el segundo gobierno de Bachelet. La incorporación del Partido Comunista y líderes estudiantiles a la vieja Concertación quizá sólo sea el primer paso para edificar la verdadera Nueva Mayoría. Hoy, no son pocos los que prefieren definir a la nueva coalición como "bacheletismo". Y con eso ayer alcanzó.

