Las distancias entre la política y la matemática
Lejos, muy lejos quedaron las previsiones de empate técnico de todos los encuestadores. Marcelo Taborda.
Lejos, muy lejos quedaron las previsiones de empate técnico de todos los encuestadores que auguraban la más cerrada contienda electoral de los últimos años en Colombia.
Cerca, muy cerca quedó el ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, de convertirse en el sucesor de Álvaro Uribe y alcanzar el puesto con el que soñaba desde los tiempos de sus mediáticas apariciones tras los golpes militares dados contra las Farc.
Uno de esos golpes, que acabó con la vida de Raúl Reyes, número dos de la guerrilla más antigua del continente, y otras 25 personas, se perpetró con una incursión colombiana en suelo ecuatoriano y derivó en una crisis regional a tres bandas entre Quito, Bogotá y Caracas, a partir del papel activo asumido por Venezuela.
La crisis y los tambores de guerra se acallaron tras urgentes reuniones de los vecinos del continente en foros como el Grupo de Río o la Unasur, pero las heridas siguen.
De hecho, la Justicia ecuatoriana ha librado una orden de arresto contra quien, salvo que ocurra o un milagro o una catástrofe –según se mire– se convertirá en presidente electo el 20 de junio y asumirá el 7 de agosto.
Si para los gobiernos de Ecuador y Venezuela el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, planteaba muchas incógnitas, la figura de Santos es casi una certeza de más tensión. El ex ministro de Defensa, por ejemplo, suscribió como legítima la doctrina de los “ataques preventivos” contra sitios que alberguen a potenciales amenazas para su país. Una suerte de preemption estadounidense en Irak de la que acaba de abjurar el propio Barack Obama. Anoche Santos, con los números de las urnas en la mano, prometía un gobierno de inclusión e invitaba a “una gran alianza”. Ya se siente presidente y los potenciales acuerdos con otras fuerzas de derecha abonan su euforia.
Su rival del balotaje había hablado antes frente a sus militantes, que celebraron el haber “conseguido la meta” trazada para el primer turno: pasar al segundo.
Claro que Mockus se aferra a una chance que existe en la matemática, pero parece un imposible político.
Para revertir resultados, el profesor deberá en tres semanas conquistar no sólo adherentes virtuales de las nuevas redes sociales, sino votantes de carne y hueso que derroten con su compromiso de cambio la histórica apatía de Colombia. Su pedagogía deberá aceitarse y extenderse, porque con repetir 100 veces “sí se puede” no pasará el examen final.

