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La incógnita colombiana

Último tramo de una campaña signada por sorpresas y con un final que pocos imaginaban. Marcelo Taborda.

26 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La incógnita colombiana

Último tramo de una campaña signada por sorpresas y con un final que pocos imaginaban.

Primero fue la decisión de la Corte Electoral de rechazar un referéndum para habilitar la re-reelección del actual presidente, Álvaro Uribe Vélez, cuya popularidad sigue altísima a poco más de dos meses de abandonar, tras ocho años, la Casa de Nariño.

Después llegaron las elecciones parlamentarias, que aunque confirmaron como principal fuerza al Partido Social de la Unidad Nacional, o Partido de la U, y certificaron la candidatura de uno de sus fundadores, el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, evidenciaron grietas en el oficialismo. La interna del Partido Conservador, realizada en forma simultánea con los comicios legislativos, consagró a Noemí Sanín, quien había anticipado que no resignaría su propia postulación en aras de un pacto de unidad con Santos y que aún era prematuro adelantar qué haría en un eventual balotaje el 20 de junio.

Finalmente, la alianza sellada por ex alcaldes notables, que transformó en aspirante por el Partido Verde al profesor y matemático Antanas Mockus, terminó de patear el tablero y abrió los interrogantes sobre el resultado de una contienda a la que algunos analistas colombianos ya vaticinan como la más reñida de los últimos años.

Todo muy lejos de aquel camino tranquilo hacia la presidencia, que Santos imaginó cuando presentaba orgulloso el "éxito militar" del ejército colombiano que acabó con la vida del "número 2" de las Farc, "Raúl Reyes", y otras 25 personas en marzo de 2008. Esa acción, capitalizada como victoria estratégica por Uribe y su mediático ministro de Defensa supuso una flagrante violación de la soberanía ecuatoriana que desembocó en una crisis regional aún no del todo resuelta y en una orden de captura emitida por la Justicia de Quito, que Bogotá difícilmente tramite contra Santos.

Mucho más calculada fue la aparición de Santos el 2 de julio de 2008, junto a la recién liberada Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y 11 uniformados colombianos, en el final feliz y no violento de la "Operación Jaque".

Luces y sombras. Santos dejó su cartera en medio de la euforia con que se difundían los logros de la política de "seguridad democrática" frente a la guerrilla, pero también cuando más allá de las fronteras brotaban denuncias sobre los "falsos positivos", oscuros procedimientos donde militares ejecutaban a campesinos y jóvenes desplazados y los hacían aparecer luego como rebeldes para lograr ascensos.

Las denuncias salpicaron a todo el Ejecutivo, en especial a Santos y al comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla, quien ayer presentó una renuncia que hará efectiva el 7 de agosto, con la partida de Uribe.

Un par de meses atrás, desde aquí se planteaban interrogantes sobre el destino del uribismo sin Uribe y las denuncias acerca del pasado del propio jefe de Estado.

A pocos días de la votación, medios que no podrían ser tildados de antiuribistas, como The Washington Post o la agencia AP, se hicieron eco del testimonio de un ex policía que sindicó a Santiago Uribe, hermano menor del gobernante, como gestor de un escuadrón de la muerte en los años 1990. Los presuntos vínculos de los Uribe con paramilitares o el ex zar de las drogas Pablo Escobar Gaviría quizá también se refloten.

Mientras, Santos, quien renunció al ministerio pensando en la presidencia, vio cómo los sondeos proyectaban a la figura de su principal rival, Mockus, difícil de encasillar en moldes políticos tradicionales y cuya promesa de "educación y legalidad" sin mayores virajes parece seducir a buena parte de los más de 30 millones de votantes convocados para el domingo.

En la nueva ecuación político-social colombiana, Mockus plantea nuevas incógnitas que quizá demoren más de 25 días en despejarse.