La hora de los fanáticos
La campaña para las elecciones parlamentarias en Estados Unidos dio margen para la aparición de un fenómeno político preocupante: el llamado Tea Party. Alejandra Conti.
Pertenecen a una derecha que no acepta la moderación de ir combinada con la palabra "centro"; acusan a Barack Obama de comunista sin ponerse colorados y una de sus candidatas estelares es una militante aún más impresentable que Sarah Palin. Son el Tea Party, lo más conservador del espectro político estadounidense, que hace campaña para ganar las elecciones parlamentarias del 2 de noviembre. ¿Qué es y qué quiere el Tea Party? Para empezar, se sabe lo que no quiere: que el gobierno ayude a los más perjudicados por la crisis. "Dejen de ayudar a esos perdedores con sus hipotecas", gritoneó desde el piso central de la Bolsa de Chicago Rick Santelli, editor de negocios de la cadena CNBC. Miles escucharon el llamado y se unieron a las protestas contra las medidas del gobierno para evitar que una multitud de personas que habían adquirido casas con hipotecas basura (por las que muchos ejecutivos bancarios se enriquecieron antes de que se fundieran las entidades para las que trabajaban) terminara en la calle, literalmente. La de Santelli fue una proclama como el "I have a dream" , de Martin Luther King, pero al revés: individualista, sectaria, mercantilista, insolidaria.Santelli, cuyo abuelo paterno debe haber llegado de Italia con una mano atrás y otra adelante, como los nuestros, se erigió en representante de los winners . Y los winners , a pesar de todo lo que ha ocurrido, se sienten con derecho a enseñarles a los losers cómo actuar. Eso es el Tea Party, que tomó su nombre de una rebelión de los colonos contra las imposiciones fiscales de Gran Bretaña sobre el té. Reclama, contra lo que entiende como populismo de Obama, mayor responsabilidad fiscal, libertad de mercado y límites al Estado. Más límites de los que ya tiene en Estados Unidos.Sus manifestaciones eluden las cuestiones sociales y enfatizan lo económico. Sin embargo, cuando hablan de otros temas que no tienen que ver con el dinero, lo hacen contra inmigrantes, gays y ateos.Si bien en algunos estados se alinean con los republicanos, también critican al Grand Old Party (de allí la sigla GOP) porque consideran que dejó de ser conservador en materia fiscal. Incluso critican a George W. Bush porque durante su gobierno gastó demasiado. Una tendencia. Por ahora no es un partido; tampoco un movimiento propiamente dicho. Podría definirse como una tendencia, según la periodista Kate Zernike, que escribió un libro sobre el Tea Party. Se agrupan a nivel local y aspiran a influir en determinados candidatos, sean del partido que sean. No tienen un líder, aunque Sarah Palin sea su cara más visible.Otra de sus caras, no tan conocida fuera de Estados Unidos, es la de Glenn Beck, periodista de la cadena Fox News.Beck y Fox News son recalcitrantes antiobamistas, al punto de haber difundido como si fuera información seria la teoría conspirativa que señalaba que el actual presidente es extranjero y musulmán. En las marchas y manifestaciones del grupo es habitual ver carteles que comparan a Obama con Hitler o Stalin.En Texas, dice Robert Zaretsky en la versión inglesa de Le Monde Diplomatique , conspicuos representantes del Tea Party sostienen que las mujeres inmigrantes que llegan a ese estado (en su mayoría en forma ilegal) lo hacen para parir niños que en el futuro serán terroristas y atentarán contra Estados Unidos. Lo dicen seriamente y tienen seguidores convencidos.No sólo eso, sostienen que su país está viviendo una infiltración socialista por parte de enviados de Vladimir Putin. Delirante como suena, la teoría tiene sus adherentes.Pero respecto de las figuras más descollantes, además de la inefable Palin, una nueva estrella mediática asoma al firmamento político. Se llama Christine O'Donnel. Ana Barón, la corresponsal de Clarín en Washington, la describió como "una advenediza muy ignorante, sin trabajo, con problemas de evasión fiscal, que practicó la brujería de joven, luego militó en contra de la masturbación, y ahora defiende el creacionismo".Barón logró sintetizar en pocas palabras a un fenómeno aparentemente incomprensible: que esta mujer pueda aspirar a una banca en el Senado de la Nación. Probablemente no lo consiga, porque hasta los republicanos dicen que votarán en contra.Pero su popularidad tiene un fundamento. Al contrario de muchos correligionarios, ella no cree que los pobres tengan la culpa de ser pobres. Y en Estados Unidos, hay 44 millones de personas que hoy viven debajo de la línea de la pobreza.

