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Injusticia terrenal, vanidad y otros pecados capitales

Líderes de países poderosos admitieron en la ONU que su prioridad fue salvar a los bancos de la quiebra antes que a millones de personas del hambre. Marcelo Taborda.

22 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Injusticia terrenal, vanidad y otros pecados capitales

A somarse a ciertos escenarios internacionales que por estas horas son noticia puede deparar algunas sorpresas y mayúsculas paradojas. Una década después de que en las Naciones Unidas se trazaran los ambiciosos objetivos del milenio naciente para reducir la pobreza y comenzar a construir un mundo menos desigual, hay quienes ensayan justificaciones de su morosidad amparándose en la necesidad y urgencia con la que hubo que responder a la crisis financiera global. Está claro que para muchos líderes de las naciones más poderosas era una cuestión de vida o muerte desembolsar cientos de miles de millones de dólares para salvar a bancos y financistas de la quiebra antes que para paliar el hambre de casi mil millones de sus congéneres en remotos rincones del planeta. Entre las voces que retomaron las promesas de ayuda a los más pobres de cara a 2015 emergió la del francés Nicolas Sarkozy. Lo curioso es que el mismo mandatario que se mostraba solidario en Nueva York acababa de ufanarse de su política de expulsión de gitanos, cosechando solidaridades de algunos colegas de la Unión Europea, como la alemana Angela Merkel y el italiano Silvio Berlusconi. Desde otro continente u otro mundo, el presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmaba que su país se acercó mucho más a las metas del milenio, sobre todo en lo atinente a la reducción de la pobreza y a la educación primaria, cuando más lejos estuvo de los dictados del Fondo Monetario Internacional.No es un dato menor ahora que el FMI ha vuelto a ganar protagonismo, esta vez en una Europa en crisis. Las recetas de ajuste y ortodoxia que se impusieron a cambio del "paquete de ayuda" a Atenas todavía están en evolución como para que se mida su impacto real. Pecados capitales. Pero las paradojas no terminan en la Cumbre sobre los Objetivos del Milenio. En el Afganistán invadido hace casi nueve años en nombre de la libertad y la democracia, la comisión encargada de verificar los recientes comicios legislativos, ha sido contundente a la hora de denunciar un nuevo fraude.Las irregularidades son para el presidente Hamid Karzai una marca tan registrada como las elegantes capas con las que se presentaba en cada foro al comienzo de su gestión como el mejor aliado regional de Occidente. Hoy, el mandatario es cada vez menos funcional y más impresentable.Mientras, lejos de una guerra interminable, y en el corazón de la Ciudad Eterna, una investigación amenaza con derivar en un escándalo que sacudiría las seculares estructuras del Vaticano.El presunto lavado de dinero en una banca de la Iglesia Católica pone en el centro de la escena a Ettore Gotti Tedeschi, el titular de la entidad que, para más ingredientes es un reconocido miembro del Opus Dei y hacía gala de un discurso en favor de "una mayor moralidad" en el mundo de las finanzas.Los relojes parecieron retroceder el tiempo hasta 1982, cuando la quiebra del Banco Ambrosiano desnudó negocios non sanctos entre miembros de la Iglesia como el arzobispo Paul Marcinckus, la mafia y la logia masónica Propaganda Due (P2) de Licio Gelli, un personaje cuyo accionar tuvo singulares contactos con Argentina.