En el tramo final de la campaña, Lula pone en la mira a la prensa
La clara ventaja de su candidata se redujo en los sondeos, en medio de denuncias de corrupción. Sin rivales de fuste, el mandatario critica a los medios.
"Muchas veces pasa que las críticas que uno recibe son consideradas como democráticas y una crítica que hace uno es tildada de antidemocrática. Es decir, es como si determinados sectores de la prensa estuviesen por encima de Dios y ninguno pudiese ser criticado; lo escrito está dicho, terminado y es sagrado, como si fuese una Biblia (…). No es verdad. La posición de un presidente es tomada como ser humano, el periodista escribe como ser humano, el juez juzga como ser humano. Todos tenemos un patrón de comportamiento y juzgamiento y, en consecuencia, todos estamos a merced de la crítica". Las palabras pertenecen a Luiz Inácio Lula da Silva, un presidente al que fuera de las fronteras de su país casi nunca se lo involucra en encontronazos con la prensa o en cruces con los medios como sí se acostumbra a situar a sus colegas de Venezuela, Ecuador, Bolivia o la misma Argentina.Sin embargo, no es la primera ni la única vez que el mandatario que dejará el Palacio de Planalto el próximo 1º de enero arremete contra la actuación de los medios a la hora de evaluar sus actos de gobierno, o fustiga su papel en campañas presidenciales que lo tienen como protagonista desde hace más de 20 años.El sábado de la semana pasada, por citar un caso, en un acto partidario junto a su candidata a sucederlo, Dilma Rousseff, y el aspirante por el Partido de los Trabajadores (PT) a la gobernación de San Pablo, Aloizio Mercadante, Lula se despachó: "Nosotros no vamos a derrotar sólo a nuestros adversarios tucanos (nombre con el que se identifica a los miembros del Partido de la Social Democracia Brasileña-PSDB). Vamos a derrotar a algunos diarios y revistas que se comportan como partido político y no tienen el coraje de decir que tienen partidos, que tienen sus candidatos".Las alusiones a la prensa por parte del oficialismo brasileño crecieron en la medida en que se ventilaban los escándalos de la violación del secreto fiscal de figuras de la oposición, incluida la hija del candidato del PSDB, José Serra, y el tráfico de influencias que involucró a un hijo de la ex mano derecha y sucesora de Rousseff en la jefatura de Gabinete, Erenice Guerra, cuya renuncia causó algo de revuelo en los estamentos de poder de Brasilia.A diferencia de los casos de secreto fiscal, que no parecieron mover las tendencias de los sondeos preelectorales, el caso del presunto tráfico de influencias habría sido la causa de una baja en un par de puntos de Dilma en una encuesta de mitad de semana de Datafolha, que aunque no comprometía su victoria en primera vuelta, achicaba la brecha con la sumatoria de todos los otros candidatos del 3 de octubre y hacía menos improbable la posibilidad de un balotaje. Por la segunda vuelta. Desde distintos sectores del PT, incluida la propia Rousseff, se acusó a parte de la prensa, en especial a los medios más influyentes, de estar detrás del objetivo de forzar una segunda vuelta. Incluso el pasado jueves, dirigentes petistas y de sus partidos aliados en esta elección, así como movimientos sociales y gremios, realizaron en el sindicato de periodistas de San Pablo una protesta contra esa "corporación". Poco antes de esa suerte de escrache y en otro acto proselitista a favor de la mujer que él mismo eligió para sucederlo, Lula afirmó: "En este momento de Brasil, yo dudo, y quiero que ustedes coloquen esto en negrita, dudo que exista un país en la faz de la Tierra con más libertad de expresión de la que hay en éste, de parte del gobierno. Pero la verdad es que nosotros tenemos nueve o diez familias que dominan toda la comunicación de este país. La verdad es ésa; es que usted viaja por Brasil y tiene dos o tres familias que son dueñas de los canales de televisión; y los mismos son dueños de las radios y son dueños de los diarios".

