El repunte de fieles se ve más en los barrios que en el Centro
El “efecto Francisco” también es más palpable en pueblos del interior que en la Capital.
La ceremonia central del Domingo de Ramos en Córdoba tuvo lugar ayer, a media mañana, en las Catalinas. Siguiendo una tradición cordobesa, el arzobispo Carlos Ñáñez se hizo presente en la hermosa iglesia en la peatonal de Obispo Trejo, para bendecir los ramos que las monjas habían dispuesto en una canasta. Tras la bendición, Ñáñez encabezó la procesión por el pasaje homónimo, en dirección a la Catedral, donde ofició la misa de 11. Hasta ahora, la elección de Francisco no parece haber repercutido tanto entre los fieles que concurren al centro, cuyo número se mantiene más o menos igual. Lo que sí aumentó, es la "devoción" de los vendedores ambulantes. Además de multiplicarse, ahora portan mercadería papal. Estampas, almanaques, banderines, llaveros y rosarios con la efigie de Francisco son pregonados a viva voz, compitiendo con pedidos de limosna de mujeres muy carecientes. Pero tanto unos como otras admiten que la recaudación "anda regular". Donde sí se percibe el "efecto Francisco", es en barrios y pueblos. No sólo por la cantidad de asistentes, sino por el entusiasmo. Ayer hubo mucha gente en Unquillo y La Calera, en la periferia de Alta Gracia, en barrios como Altos de Vélez Sársfield o Poeta Lugones. Pasado el mediodía, pocos hogares se quedaron sin su ramito de olivo. Alegría y dolor. El Domingo de Ramos conmemora el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén, a lomo de burro, para encabezar una antigua festividad judía. Las palmas que damos y recibimos, son parte de aquella milenaria costumbre. Es una jornada de gran alegría, porque es recibido como un rey. Pero también el presagio de un enorme dolor, ya que horas más tarde será apresado, martirizado y crucificado en el Monte Calvario (o Gólgota). Por esas coincidencias del almanaque y el trazado urbano, algo similar se vivió ayer, cuando la procesión atravesó el pasaje Santa Catalina, surcado de rostros de desaparecidos, y de sus represores. Un estremecimiento recorrió a la comitiva, y a los casuales espectadores. Ya en la Catedral, el oficio religioso fue tan concurrido como siempre. La "Iglesia Mayor" tiene su propio público, en el que se destacan las personas de modesta extracción, que residen en las inmediaciones o están de paso por Córdoba. La esperanza de una mejoría, para ellos y para el país, está muy presente en esos rostros y en esas manos.

