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El pluralismo es un desafío

A un mes de las elecciones presidenciales en Francia, los acontecimientos de Toulouse llamaron la atención sobre un aspecto de la realidad que no estaba en la agenda de campaña. Alejandra Conti.

25 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El pluralismo es un desafío

A un mes de las elecciones presidenciales en Francia, los acontecimientos de Toulouse llamaron la atención sobre un aspecto de la realidad que no estaba en la agenda de campaña y que obliga a los candidatos a replantear el discurso y al resto de la ciudadanía a pensar en qué país quiere vivir. Un joven mató a tres soldados, tres niños y un hombre en dos ataques separados por varios días.De los tres soldados asesinados en el primer ataque, dos eran musulmanes. Los tres niños y el hombre eran judíos. El segundo ataque fue perpetrado frente a una escuela judía.Las religiones de las víctimas hizo pensar al principio que se trataba de un neonazi, pero luego se comprobó que el asesino era francés y musulmán.Con 23 años, Mohamed Merah había nacido en Francia de padres argelinos. Tenía antecedentes delictivos menores (había pasado dos años en la cárcel por robar una cartera). Cuando lo enjuiciaron por ese delito, siendo un adolescente, los peritos detectaron en él fragilidad psicológica. Vivía en un suburbio deprimido de Toulouse. Los servicios de inteligencia franceses lo conocían por unos viajes que había realizado a Pakistán y Afganistán. Después del crimen, se supo que estaba en la lista de personas que tienen prohibido volar hacia Estados Unidos. En su departamento, que fue sitiado por la policía, tenía una cantidad considerable de armas y un chaleco antibalas. Durante el diálogo que mantuvo con un mediador de los servicios de seguridad y una periodista de France 24, dijo que era militante de Al Qaeda. Pero las autoridades aseguraban hasta ayer que no hay evidencia de que sea cierto y que podría tratarse de alguien que actuaba por su cuenta.Para sus vecinos y conocidos era un chico amable que no mostraba ningún signo de fanatismo religioso. Sin embargo, otros vecinos recuerdan que luego de uno de sus viajes a Asia intentó adoctrinar sin mucho éxito a algunos chicos del barrio. Sin explicaciones. Desconcierto y confusión son las palabras elegidas por políticos, analistas y periodistas franceses para tratar de explicar cómo fue posible esto, sobre todo porque Merah era conocido por los servicios de inteligencia. Hasta ahora, Francia no se había visto afectada por el terrorismo derivado del 11-S, como sí ocurrió en Gran Bretaña y España.Los medios apuntaban esta semana que eso se debía a dos razones principales, aparte de la oposición de Francia a la guerra en Irak:La primera, que la enorme inmigración árabe y musulmana en Francia proviene en su mayoría del Magreb (norte de África), política y culturalmente más moderado que países musulmanes asiáticos como Pakistán, país de origen de una gran cantidad de inmigrantes en el Reino Unido.La segunda, que los servicios de inteligencia y seguridad franceses seguían desde los '90 a posibles células terroristas a raíz de la guerra civil en Argelia.Es esto último, especialmente, lo que hace inexplicable que Merah haya juntado tantas armas y planeara los ataques sin encender señales de alerta.El jefe de los servicios de inteligencia Bernard Squarcini justificó a los suyos diciendo que no podían hacer más de lo que hicieron. Un detalle a tener en cuentas es que Squarcini está procesado por escuchas ilegales a periodistas del diario Le Monde . Sobre este punto se basó el ultraderechista Jean Marie Le Pen para señalar como responsables de los asesinatos a los servicios de inteligencia. Pero, aclara Le Pen, el principal responsable es Nicolas Sarkozy, jefe de Squarcini. Fobias. Como trasfondo de estos sucesos se mantiene la inquietud sobre el aumento de la judeofobia e islamofobia en Francia: en los últimos años, se verificó un aumento de los crímenes antijudíos llevados a cabo por extremistas musulmanes, generalmente jóvenes. También se registró un aumento de la actividad de grupos ultraconservadores islámicos salafistas, lo que no implica delito alguno. Además, también se verifica una corriente de jóvenes musulmanes que viajan a países como Arabia Saudita para estudiar allí las interpretaciones más extremistas del Corán. Asimismo, sigue siendo un problema la integración social de los jóvenes que son segunda y tercera generación de descendientes de inmigrantes, principalmente árabes y musulmanes. Si bien hay mayor integración, como casamientos entre personas de diferente religión, también se ve que aumenta la cantidad de musulmanes que asisten a los servicios de las mezquitas y de chicas que usan el velo. Por otra parte, es creciente la presencia en las cárceles de varones musulmanes. La marginalidad a la que son empujados por discriminación y falta de oportunidades también los lleva al delito. Otro debate, más complejo, implica un ejercicio de introspección colectivo para tratar de dilucidar qué pasa en Francia para que pueda ser escenario de crímenes de odio.Los franceses podrían haber optado por la explicación más fácil del loco suelto, pero conocen por experiencia propia los peligros de negar la realidad.La diversidad étnica y religiosa de Francia es el punto que ha generado los debates más interesantes estos días.De todo lo dicho, destacamos las palabras del rabino francés David Meyer en una nota en el diario The Guardian . Meyer advierte que no hay que ceder a la presión del miedo que empuja a la homogeneización cultural, que borra diferencias legítimas y enriquecedoras entre unos y otros. "La identidad uni­dimensional que impone el odio es una ilusión", dice, y se refiere a la de la tradición de una identidad francesa única y uniforme. Un equivalente del "ser nacional" argentino.La realidad es diversa y debe ser respetada, dice Meyer. Ese es el desafío del día para los franceses.