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Egipto, peligrosamente dividido

El miércoles pasado, los militares derrocaron al presidente que había sido elegido en una votación legal y legítima, derogaron la Constitución y disolvieron el Parlamento.

07 de julio de 2013 a las 02:07 p. m.
Redacción La Voz
Egipto, peligrosamente dividido

Los conflictos políticos en el mundo árabe musulmán son de una complejidad que no acepta pronósticos lineales. El caso de Egipto muestra este aspecto de la realidad en toda su dimensión.

Tras el derrocamiento de Hosni Mubarak, en 2011, como consecuencia de la Primavera Árabe, la aparición de una democracia similar al concepto que de ella tenemos en nuestros países parecía un objetivo alcanzable. Pero ya entonces se advertía que el proceso tenía muchos obstáculos como para esperar un desarrollo pacífico y un resultado satisfactorio para todos, o al menos para la gran mayoría.

El miércoles pasado, los militares derrocaron al presidente que había sido elegido en una votación legal y legítima, derogaron la Constitución y disolvieron el Parlamento. Previamente habían presionado sin éxito a Mohamed Mursi para que integrara al gobierno a miembros de la oposición. Y antes de esto último, en julio de 2012, habían cerrado la Cámara de Representantes (diputados) sobre la base de una orden del Supremo Tribunal Constitucional (TSC).

Supuestamente, los militares apuntan a que el gobierno de transición impuesto por ellos, y encabezado por quien hasta ahora era el presidente del TSC, Adli Mansur, convoque a elecciones nuevamente.

La movida ha tenido aceptación popular, que se ha reflejado en las calles en masivas manifestaciones. La gente que festeja el golpe se sentía oprimida bajo el gobierno de Mursi, que había impuesto medidas de carácter religioso a toda la población, incluso a los laicos y laicas, acostumbrados a un modo de vivir que no tiene que ver con lo religioso y menos todavía con el fundamentalismo, aun bajo un gobierno dictatorial como fue el de Hosni Mubarak, que era laico. Por eso, el eslogan más escuchado era: “Esto no es un golpe; los musulmanes tenían secuestrada a la revolución”.

Y otra vez se escucha un argumento utilizado habitualmente por los fundamentalistas, pero en boca de sus rivales, partidarios de un gobierno completamente laico: "Las categorías europeas o americanas de lo que se considera una democracia no se pueden aplicar aquí". Lo dijo Mohamed el Baradei, exjefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea) de la ONU. En tiempos de Mubarak, El Baradei era crítico de los militares. Mursi, un islamista representante de los Hermanos Musulmanes (que mantuvo el bajo perfil durante la Primavera Árabe), era el primer presidente civil elegido democráticamente en la historia del país. Eso fue hace un año, y su contrincante había sido primer ministro de Mubarak. El argumento de los militares es que Mursi no cumplió con las expectativas de la ciudadanía egipcia.La diferencia con el golpe en el que fue derrocado Mubarak es que en esta oportunidad los militares no se instalaron ellos mismos en el gobierno, sino que impusieron al presidente del TSC.

Entre la ley y la religión. Hay dos aspectos principales para tener en cuenta en este conflicto. Uno es el de la nueva Constitución, polémica, pero aprobada en referéndum. Se puede argumentar que sólo concurrió a votar el 35 por ciento del padrón, pero se cumplió con las normas establecidas. La Constitución impone los principios de la sharia , o ley islámica, y permite la libertad de expresión "bajo una supervisión limitada".

En cuanto a la libertad de cultos, esta rige sólo para las “religiones de Abraham” (musulmanes, cristianos y judíos). Los militares, por su parte, obtuvieron reconocimiento a todas sus pretensiones en la nueva Constitución, lo que llevó a muchos a denunciar un pacto entre las autoridades musulmanas y los militares.

La intromisión de lo religioso en lo político en esta parte del mundo no es extraña. El ejemplo menos pensado: Israel. El sistema parlamentario israelí obliga a todos los partidos a negociar con los fundamentalistas judíos, que aportan 10 por ciento del electorado. A cambio, los religiosos logran imponer medidas que los laicos repudian pero se ven obligados a cumplir cuando se convierten en ley.

En las manifestaciones posteriores al golpe se manifestaba muy directamente ese malestar laico por la imposición de lo religioso.El otro aspecto para tener en cuenta es la situación económica, con alto desempleo y un déficit enorme. La falta de combustible (subsidiado con una cuarta parte del presupuesto nacional) es quizá la falla más evidente del sistema.

Estos dos aspectos básicos (lo religioso y lo económico) más la altísima criminalidad motivaron las manifestaciones que se sucedieron por todo el país en los últimos días. Las marchas, a su vez, sirvieron de excusa a los militares.

Lo cierto es que los Hermanos Musulmanes son hoy la mayor fuerza social y política, quizá lo fueron siempre, pero, como estuvieron proscriptos durante décadas, no eran visibles. Llegaron al poder legítimamente. En la vereda de enfrente hay una enorme masa de gente que se opone taxativamente. En el medio, fuerzas armadas que se erigen en salvadoras de la Nación.

El resultado: otro país dividido, otro escenario de polarización que, como en todas partes, no hace prever nada bueno.