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Debate. China ya vive en el futuro y DeepSeek es sólo una muestra

El lanzamiento del nuevo programa de inteligencia artificial chino, además de su impacto en el mercado internacional, propicia una nueva lectura de la relación del gigante oriental con la tecnología y con el porvenir.

28 de enero de 2025, 15:04
Gonzalo Fiore Viani
China ya vive en el futuro y DeepSeek es sólo una muestra
Los íconos de las aplicaciones de celular DeepSeek y ChatGPT se ven en una pantalla de celular en Beijing.

Mientras Occidente se aferra a su propio pasado, China se ha convertido en el epicentro de una nueva forma de pensar sobre el futuro. El sinofuturismo ha emergido como una herramienta clave para entender cómo China se proyecta en términos de geopolítica, tecnología y cultura.

Sin embargo, detrás de esta narrativa futurista se ocultan viejos estereotipos y tensiones sobre la representación de la nación asiática que merecen ser cuestionados.

Hangzhou, la ciudad inteligente china donde se desarrolló DeepSeek.
Hangzhou, la ciudad inteligente china donde se desarrolló DeepSeek. (Gentileza)

En este marco, es interesante ver cómo el lanzamiento reciente por parte de China de DeepSeek marcó un hito en la inteligencia artificial (AI). El programa fue desarrollado con una inversión de apenas U$S 6 millones y sin la necesidad de depender de empresas estadounidenses como Nvidia, que fabrica los chips más avanzados del mercado.

El caso DeepSeek es clave en el contexto de la creciente competencia entre Occidente y China en el campo de la IA.

Las dos caras de China

Para entender el sinofuturismo, es importante analizar la dicotomía que existe en los estudios sobre China. Por un lado, está la fascinación por la China antigua, enfocada en sus tradiciones y filosofía. Por otro, la China moderna, surgida en 1978, que se ha orientado hacia la modernización y el crecimiento económico acelerado.

Esta división refleja una brecha entre el pasado tradicional y un presente que se encuentra desajustado con la modernidad occidental.

En Occidente, se usa el término “contemporáneo” de forma automática para describir a naciones como Estados Unidos y Europa, mientras que en Asia, especialmente en China, “contemporaneidad” tiene connotaciones culturales y políticas.

Este enfoque refleja una visión occidental que presenta a China como atrapada entre su pasado y un futuro dictado por los cánones occidentales.

La modernidad redefinida

El sinofuturismo surge como un intento de replantear la relación entre China y el futuro. Acuñado por Steve Goodman en 2003, este concepto ve a China no sólo como una potencia emergente, sino como una nación capaz de redefinir la modernidad misma.

En su proceso de urbanización, avances tecnológicos y crecimiento económico, China parece ser el modelo global del futuro.

Aion Hyper GT, un sedán eléctrico del fabricante de automóviles chino GAC. (AP)
Aion Hyper GT, un sedán eléctrico del fabricante de automóviles chino GAC. (AP) (la Voz)

Sin embargo, esta visión puede caer en la trampa del tecno-orientalismo, un concepto que describe cómo Occidente ha visto a Asia, especialmente a Japón y China, como lugares “futuristas” pero deshumanizados.

En vez de reconocer los avances tecnológicos de estos países como parte de sus contextos culturales e históricos, Occidente los percibe como máquinas impersonales, un concepto que convierte a China en una potencia tecnológica pero ajena a la humanidad que define a Occidente.

Reduccionismos

Aunque el sinofuturismo busca ofrecer una nueva perspectiva sobre el futuro de China, también corre el riesgo de caer en viejos estereotipos.

Al igual que el orientalismo clásico, proyecta una China que no participa activamente en el presente global, sino que se la coloca como una entidad futura predestinada a dominar el mundo.

Este enfoque temporal reduce a China a una “proyección” de lo que está por venir, restándole complejidad y agencia en el presente.

En lugar de permitir que China participe en la construcción de su identidad global de manera autónoma, se la reduce a una visión homogénea, limitada a ser una potencia tecnológica destinada a reemplazar a Occidente.

Esta idea ignora las múltiples visiones del futuro dentro de China, que abarcan desde la filosofía tradicional hasta movimientos tecnológicos innovadores.

Múltiples perspectivas

Es crucial que el sinofuturismo no se condense en una sola narrativa de modernidad o competencia frente a Occidente.

Dentro de China existen múltiples perspectivas sobre el futuro, desde la ciencia ficción china hasta políticas tecnológicas y movimientos utópicos, todas las cuales ofrecen visiones complejas e internas del futuro chino.

Al igual que el afrofuturismo ha permitido a las comunidades negras reimaginar su futuro desde una perspectiva autónoma, el sinofuturismo debería permitir a China redefinir su futuro sin depender de las proyecciones occidentales.

El sinofuturismo tiene el potencial de ofrecer una nueva forma de entender el futuro de China, pero esta narrativa debe ser tratada con cautela.

Si bien propicia imaginar a China como una superpotencia tecnológica, es esencial evitar las trampas de reduccionismo que han marcado las representaciones occidentales de Asia.

China no debe ser vista como una respuesta al dominio occidental, sino como una nación rica en perspectivas diversas sobre lo que está por venir. Sólo reconociendo estas múltiples visiones internas se podrá abrir un espacio para que China, desde sus propios términos, defina su lugar en el mundo del futuro.