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Icónico. Soledad vende réplicas del poncho que revoleó en su primer Cosquín: precio y detalles de confección

La prenda se ofrece en su tienda de merchadising online a días de cumplirse 30 años de aquel concierto.

13 de enero de 2026 a las 03:18 p. m.
Soledad vende réplicas del poncho que revoleó en su primer Cosquín: precio y detalles de confección
Soledad, emponchada. (simplementesoledad.empretienda.com.ar)

En su página oficial, Soledad vende una réplica del poncho que usó en su debut en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, que se produjo el 26 de enero de 1996.

La prenda tiene un peso aproximado de 500 gramos, una comosición de 100% acrílico HB de mayor calidad y una medida de 1.40 x 1.80 metros.

“El 26 de enero de 1996, una joven de Arequito subió por primera vez al escenario mayor de Cosquín. Con apenas 15 años, Soledad Pastorutti llevaba sobre sus hombros un poncho que se convertiría en símbolo”, comienza la presentación del legendario poncho en la tienda oficial de la cantante santafesina.

“Antes de salir a cantar, Julio Mahárbiz le dijo ‘¡Qué sea con suerte, querida!’ Soledad subió a interpretar una sola canción, pero desde ese instante nunca más se bajó de los escenarios”, sigue.

“Este poncho es la réplica de aquel que la acompañó en esa noche inolvidable, donde nació la carrera de ‘La Sole’ y con ella una nueva manera de vivir el folklore. Hoy, 30 años después, podés llevar con vos un pedazo de esa historia. Porque cada hilo guarda la fuerza, la pasión y la música de aquel primer sueño que sigue vivo”, termina la presentación de una pieza que se vende a... Eso, ¿a cuánto se vende? A $125.000.

Se viene la celebración del 30° aniversario del debut de Soledad en Cosquín

Para celebrar el 30° aniversario de su debut en Cosquín, Soledad se presentará en la inminente edición 2026 el próximo sábado 31 de enero, día en el que también están programados Juntos La Leyenda Continúa (Los 4 de Córdoba más Por Siempre Tucu), Suna Rocha, Juan Iñaki, Yamila Aguado (Revelación 2025), Pablo Lozano, Adrián Maggi y los ganadores del Pre Cosquín en la categoría Baile Tradicional.

Según pudo saber La Voz, el concierto de la santafesina tendrá tres bloques, una por cada década transcurrida desde la primera vez que pisó el escenario Atahualpa Yupanqui. “Pero no serán correlativos”, aclaró una fuente cercana a la también jurado de La Voz Argentina.

El debut de Soledad Pastorutti en el Festival de Cosquín fue el 26 de enero de 1996, con solo 15 años, en compañía de su hermana Natalia y marcando un antes y un después al revolucionar el folklore argentino con su energía interpretativa y su revoleo de poncho.

El inicio de la “Solemanía” comenzó un año después de que le negaran su participación en el Festival Nacional de Folklore por su edad en 1995. Y su paso autorizado y vertiginoso del 26 de enero de 1996 le valió los premios Revelación y el Cosquín de Oro.

En 2006, al cumplirse el 10° aniversario de esta fecha histórica, La Voz contextualizó: “La cantante de Arequito se paró en el Atahualpa Yupanqui para tocar una dedicada a Atahualpa Yupanqui, sólo que lo hizo con desparpajo, velocidad interpretativa (de ahí sale el ‘sus músicos no la acompañan, la persiguen’, de Cacho Buenaventura) y con la evidente necesidad de que el público se divierta. Y ya nada fue igual”.

“El folklore explotó, Soledad se convirtió en fenómeno y el Cosquín que la vio nacer empezó a concesionarse, a reacomodarse a eso de que la música de raíz nativa empezaba a tener muchísimo valor como mercancía”, añadió en una nota en la que también conversó con la artista.

“Fue un viernes, el día que actuaba Cuti y Roberto Carabajal. A ellos les pidieron permiso para que yo pudiera subir. Esto lo sé porque Eduardo Spinazzi, que es mi tecladista, en ese momento tocaba con ellos”, recordó “La Sole”.

“Y me dejaron el espacio, nomás. Arranqué con Salteñita de los valles. Después me pidieron otra y aproveché para llamar a mi hermana y sacar el poncho, pese a que me lo habían prohibido. Juntas, hicimos, A don Ata. Después, canté Entre a mi pago sin golpear. En el final, de nuevo con Natalia, interpretamos Las moras”, redondeó.

“Mi papá tocaba puertas desde que yo tenía ocho años, así que era natural estar a la expectativa en Cosquín”, señaló al ser consultada sobre cómo llegó al escenario principal de la máxima cita de nuestra música de raíz nativa.

“Teníamos la posibilidad de tocar en las peñas de Cosquín porque habíamos hablado con alguien que tenía la concesión de una. Así que fuimos en ‘94 para tocar allí fuera de la época del festival. La peña quedaba a la salida del puente, camino a La Falda. Tocamos y recuerdo que había un montón de artistas que estaban por lo mismo. Nos fue bien, pero el tipo que era nuestro contacto perdió la concesión del espacio para el festival”, amplió.

–¿Y entonces?

–En ‘95 fuimos igual. Y tuvimos suerte de que en varias peñas nos dejaran actuar. Un buen día, fuimos a la oficial y en la puerta nos reconoce Mario Lescano, un humorista santiagueño, que nos había visto en la peña que no fue. Él nos ayudó con nuestro primer casete y nos permitió ser artistas fijos en la peña oficial. Tocábamos entre las 11 y las 12, pero como artistas estables. Compartíamos espacio con Markama, Rubén Patagonia, Los Tekis.

–¿Pero ese año no llegaste al escenario?

–No, pese a que (César) Isella, que manejaba la peña oficial, nos invitó a tocar a su show en el escenario mayor, que era el domingo. Fui, pero cuando advirtieron mi edad no me permitieron subir. Me quedé detrás del telón amarillo. Así que al otro año (1996), volvimos casi sin esperanzas, pero por la oficial pasaron muchos artistas: (Luis) Landriscina, (Juan Carlos) Saravia, Mercedes (Sosa). Todos nos fueron a ver. Además, en aquel momento Cadena 3 hacía las peñas y recuerdo que Blanquita (Rossi) en el móvil nos dio una manija tremenda.

–¿Sentís que Cosquín no fue lo mismo desde que pasaste por el Atahualpa Yupanqui?

–No tengo tanto conocimiento del festival antes de mí. Recuerdo, sí, la edición de ‘94, en la que varios estaban disconformes porque había sido muy latinoamericana. Estaba buena la idea, pero no quedaba espacios para los locales. Entonces, para el ‘95 todos los grandes se habían juntado con la idea de “levantar” a Cosquín; algunos no cobraron, incluso. En fin, no sé si cambié algo. De lo único que me hago acreedora, es del acercamiento de la juventud al festival.

–¿Cuál fue tu actitud más osada en Cosquín? ¿La de bajar con una polea desde el techo?

–Esa, sin dudas (se ríe, carcajadas). Me considero una showoman. Cosquín tiene un escenario increíble. Te da posibilidades a nivel artístico... Lo de bajar desde el techo, estuvo bueno. Pero, ahora que lo pienso, lo más osado que hice fue en ‘96, durante la primera vez. Hoy voy a Cosquín con un nombre; la gente y los medios esperan algo de mí. Pero en aquel momento, no era nadie y salí a matar. Como sea, no quiero perderle la movida de la gente, las peñas, los ríos, los cantores. Cosquín es eso.