Festivales. Jesús María 2026, día 11: previa de cierre récord con “manserazo”, “cuartetazo” y polémica
La edición 60 alcanzó el objetivo de ser la más convocante de la historia. Los Manseros Santiagueños volvieron a emocionar y DesaKTa2 confirmó su gran momento. El tiempo de los shows de Dúo Coplanacu y Raly Barrionuevo generó debate en las redes sociales.
Cuando el Dúo Coplanacu encaró una seguidilla de zambas durante su presentación en la onceava jornada del Festival Nacional de Doma y Folklore, de algún modo sintonizó con una sensación de nostalgia generalizada que invade a Jesús María cuando llega el momento de su segundo domingo y el horizonte del final empieza a acercarse.
Se percibe entre los colaboradores del evento, entre los trabajadores de diferentes áreas y entre aquellos que acompañan el desarrollo del festival jornada tras jornada desde sus diferentes roles. La sensación del adiós inminente se instala y las defensas que aguantaron una decena de noches, también empiezan a bajar.
En este caso, esa emoción colectiva también estuvo atravesada por un dato nada menor. Luego de que ingresaran más de 27 mil personas al anfiteatro, y tras dos jornadas agotadas, se confirmó lo que se presumía. Con más de 220 mil entradas (y contando), la edición 60 ya se aseguró el récord histórico de convocatoria, incluso con dos noches que tuvieron que ser canceladas.

En un contexto de estancamiento económico, y con precios que ya no son lo que eran, es un triunfo a todas luces para una organización que se toma muy en serio eso de querer ser el festival más importante de Argentina y, por qué no, de Sudamérica. Pero esa visión también abre algunas grietas que plantean un debate necesario para la identidad del festival.
¿Vale todo en pos de los números? ¿El fin justifica los medios? Si se tiene en cuenta el balance entre folklore y cuarteto que se vio este domingo, y el lugar cada vez más preponderante que tienen los DJs en los intervalos, evidentemente hay un tema de conversación pendiente.
El folklore, ¿relegado?
Tras una primera parte de la jornada que comenzó con las montas del certamen Color y Coraje, el clarín sonó puntual (como siempre) a las 21 y la última jornada formal del festival se puso en marcha oficialmente.
Flor Paz fue la encargada de abrir el escenario para la transmisión televisiva y, aún con escaso tiempo, se la jugó para mostrar parte del repertorio de su nuevo disco.
La “heredera mansera”, única mujer programada en la grilla (y una de las pocas en todo el festival, a decir verdad), sacó a relucir su ductilidad escénica como bailarina y performer, con una propuesta siempre cuidada pero para nada complaciente con lo que se supone que debe hacerse en un show breve de festival.

Fue, también, el comienzo de una estela santiagueña que se adueñó del escenario hasta que llegó el momento del cuarteto con los dos exponentes que fueron parte de la grilla: Simón Aguirre y DesaKTa2.
La próxima parada en la travesía de esta noche de domingo estuvo a cargo del Dúo Coplanacu, un clásico del festival por derecho propio. Aunque hace tiempo no tienen un lugar decididamente protagónico en la grilla, siempre aportan su repertorio infalible y su carisma entrañable. Y esta no fue la excepción.
Roberto Cantos y Julio Paz, de los pocos artistas que se animaron a hablar de la por lo menos contradictoria presencia de Javier Milei en el festival, abrazan un estilo sin mayores innovaciones (guitarra, bombo, bandoneón y violín; y punto) pero con un sentimiento profundo. Tanto, que llega del otro lado y contagia ese amor por la música argentina que ellos pregonan en cada escenario.

Sin el costado humorístico que también forma parte de la identidad de los Copla, pero con el mismo compromiso con la tradición musical de su provincia, Raly Barrionuevo hechizó una vez más al anfiteatro.
Rodeado de sus guitarras, su bombo y su piano, volvió a generar un paréntesis propio en el espíritu de fiesta álgida que caracteriza al festival. Si bien es el mismo formato en el que se viene presentando en las últimas ediciones, el de Frías nunca defrauda.
Aunque expresó varias veces que tenía poco tiempo para tocar y se lo vio parco, Barrionuevo hizo mucho más que un repaso rápido de canciones. En solitario, interpretó clásicos propios como De mi madre, Zamba y acuarela, La niña de los andamios o Luna cautiva. Luego, invitó a Patricia Herrera (bombo y Voz) y Marina Ábalos (piano), en un formato de trío que levantó suspiros y replicó en parte lo hecho en su más reciente disco, Mujeres caminantes.

Fue curioso cómo ese mismo “malón” (según definió él mismo) que ingresó al campo durante los primeros minutos de su show permaneció en silencio durante los momentos más etéreos de la actuación.
De hecho, después de cerrar formalmente su concierto con Colo Vasconcellos y su hermano sumándose para Chacarera del exilio, la gente pidió otra y el ritual se completó con la monumental Zamba de usted. Raly en el piano, cantando como si estuviera solo, pero rodeado de una multitud que lo siguió atenta, y que también lo acompañó con sus voces en el último tramo.
Luego de su actuación, Barrionuevo pasó por el streaming oficial del festival y se mostró incómodo con su presencia en la grilla. Incluso, llegó a plantear si su propuesta encajaba en el criterio actual de un evento que le ha dado lugar a otros géneros (y otras formas de entender el negocio de la música) como estrategia para crecer exponencialmente. En la cuenta de Instagram del festival, el debate se instaló. ¿Habrá más tiempo para él en alguna próxima edición? Tendría mucho sentido.
Otro “manserazo”
En el que fue el momento más emocionante de la noche, Los Manseros Santiagueños cerraron el recorrido musical de su provincia con un nuevo show para la historia. Y fue precisamente en Jesús María, acaso uno de los festivales que más apuntaló su condición de clásico viviente e intergeneracional.
Lo de Onofre Paz y compañía es un fenómeno pocas veces visto en la música popular; y algo digno de presenciar en primera persona.

En estos días en los que el folklore y su nueva ola llegaron a la mesa de Mirtha Legrand, vale la pena recordar que desde hace tiempo el grupo santiagueño convoca multitudes de jóvenes (adolescentes, incluso) que cantan sus canciones como si se tratara de ídolos contemporáneos. Y aquí no hay redes sociales ni algoritmos que ayuden. Es ni más ni menos que un sentimiento que se comparte y se contagia de boca en boca, de festival en festival.
“Yo tenía 16 años cuando arranqué con Los Manseros, ahora tengo 83”, expresó Onofre antes de emocionarse por los 67 años de su grupo. El histórico líder permaneció sentado casi toda la presentación y canta como puede y hasta donde puede, pero su presencia misma ya supone todo un mensaje. Pese a su fragilidad, sigue teniendo la chispa de siempre y es capaz de bromear con el hecho de que le traen agua para tomar en vez de vino.
A la hora del repertorio, puros himnos, incluyendo la canción patria con la que iniciaron el concierto. Luego, clásicos añejos como Canto al monte quemado, Puente carretero, Añoranzas o el cierre con Entra a mi hogar. De todos modos, la versión de Eterno amor, con Onofre y su hija Flor en la voz y el recuerdo vivo de Martín, exreferente Mansero fallecido en 2023, fue una de las más coreadas por el público, que volvió a mostrar una conexión única con este legado de casi siete décadas.

Y suena...
La parte final de la jornada cambió las coordenadas musicales del resto de la noche. De Santiago del Estero, la referencia pasó directamente a Córdoba. Primero Simón Aguirre y luego DesaKTa2 ratificaron el lugar preponderante que ganó el cuarteto en las grillas recientes de Jesús María.
El cantante nacido en Río Cuarto no desaprovechó la oportunidad de subirse al escenario Martín Fierro y dio un show tan contundente como el pulso de la mayoría de sus canciones. Cuarteto al palo, como se dice por ahí, en una manifestación muy del tunga-tunga “a las corridas” que le gusta a las nuevas generaciones.

Junto a una banda potente y ajustada, Aguirre evidenció que está para meterse en la discusión entre los nuevos exponentes del género que crece como casi ningún otro a lo largo y ancho de Argentina. Además, se dio el lujo de cantar con Valentina Márquez, su pareja y compañera en la agencia ideada por Ulises Bueno y su hermano, Almenara Network.
Lo que no pasó desapercibido es que su show haya tenido el mismo tiempo que el de Raly Barrionuevo y 10 minutos más que el de Coplanacu. De todos modos, luego de su participación en la edición 60, no debería llamar la atención que en 2027 el riocuartense vuelva a estar presente en la grilla. Cumplió y con creces.
Y otros que estuvieron a la altura de las expectativas fueron Fernando Olmedo, Joaquín Martin y todo DesaKTa2. El grupo cuartetero de mayor proyección entre las nuevas generaciones fue, en rigor, el número principal de la noche con más de dos horas de actuación. Sobran los motivos para esa decisión: quienes hayan estado en Jesús María estos últimos días habrán podido notar que las canciones del dúo sonaron incansablemente.

De hecho, fue Olmedo quien ratificó esa sensación al presentar No se ve/Chingón como “el tema del verano”. Si se tiene en cuenta el pulso de la calle, y de lo que ocurre cada madrugada después a la salida del anfiteatro, no es para nada exagerada esa definición.
Con una fórmula aceitadísima a la hora de plantear estilos desde sus dos cantantes, DesaKTa2 hizo gala de su crecimiento meteórico con fundamentos concretos.
A lo largo de su show, las hicieron todas. Además de subirse al tren del cuarteto en 2x (como los audios de WhatsApp acelerados), también hubo lugar para temas más lentos, clásicos cuarteteros de todos los tiempos (de La Mona Jiménez a La Fiesta), cumbias y hasta un segmento folklórico que Martin cantó con el corazón en la mano y con la huella de la experiencia vivida en primera persona.

A esta altura, pensar que el grupo es un fenómeno pasajero resulta cuanto menos imprudente. Por el contrario, estamos frente a una banda que todavía tiene mucho por conquistar y cuenta con elementos de sobra para poder superarse una y otra vez.
Por caso, y más allá de la polémica que pueda suscitarse por la penetración del cuarteto en las grillas de Jesús María, nadie podrá decir que su lugar en el festival no estuvo bien ganado. La multitud que bailó con ellos casi hasta el amanecer no es más que un signo de los tiempos que corren, tanto dentro como fuera del anfiteatro.

