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Polémica. Miradas opuestas sobre las películas navideñas: ¿clásico imperecedero o filmes recalentados?

Dos opiniones encontradas respecto de las películas de Navidad que abundan en las plataformas y en la televisión en estas épocas festivas.

26 de diciembre de 2025 a las 09:54 a. m.
Miradas opuestas sobre las películas navideñas: ¿clásico imperecedero o filmes recalentados?
Macaulay Culkin como Kevin McCallister en "Mi pobre angelito".

A favor: un refugio emocional

Giuliana Luchetti

Hay algo casi ritual en sentarse a ver una película navideña cuando el año empieza a bajar la guardia. Como si, por un rato, el mundo pudiera aflojar el ritmo y regalarnos una tregua. No importa cuántas veces hayamos visto Mi pobre angelito, El descanso o El expreso polar, cada diciembre vuelven a ocupar su lugar porque cumplen una función emocional que pocas ficciones logran con tanta eficacia.

Taylor Momsen como Cindy Lou Quien y Jim Carrey como El Grinch en "El Grinch", película del 2000. (Foto: web)
Taylor Momsen como Cindy Lou Quien y Jim Carrey como El Grinch en "El Grinch", película del 2000. (Foto: web)

Las películas navideñas refuerzan una idea básica, pero necesaria: no estamos solos.

En sus historias, la unión aparece como motor y salvación. Familias que se reencuentran, desconocidos que se ayudan, vínculos que se recomponen cuando parecía demasiado tarde. En un fin de año cargado de cansancio, balances forzados y expectativas ajenas, ese mensaje opera como un bálsamo. Nos recuerda que cooperar, acompañar y empatizar sigue siendo posible, incluso cuando todo parece estar al límite.

También son, en su mayoría, películas optimistas. No ingenuas, sino deliberadamente luminosas. Proponen un mundo donde los conflictos existen, pero se resuelven desde el afecto, la escucha y la voluntad de cambiar.

Ese optimismo no es evasión: es descanso. Es permitirnos no pensar tanto, soltar el control y dejarnos llevar por una magia que no exige explicaciones.

Pero encasillar a las películas navideñas como un solo género es limitarlas. Hay cine navideño para todos los gustos y estados de ánimo. Están las comedias románticas clásicas, las animadas que apelan a la ternura y al aprendizaje, y también las más oscuras, incómodas o adultas, como Ojos bien cerrados, que usan la Navidad como telón de fondo para hablar de deseo, crisis y alienación.

Esa diversidad es una de sus mayores virtudes: cada quien puede despedir el año desde el tono que más lo represente.

Nicole Kidman y Tom Cruise en "Ojos bien cerrados" de Stanley Kubrick. (Foto: web)
Nicole Kidman y Tom Cruise en "Ojos bien cerrados" de Stanley Kubrick. (Foto: web)

Quizás por eso resultan imprescindibles. Porque ofrecen un momento de contemplación y renovación. Porque se comparten en familia, en pareja o en soledad elegida. Porque, en medio del ruido, nos regalan una historia, simple o compleja, que nos acompaña mientras cerramos el año a nuestra manera.

En contra: estafa emocional y cliché recalentado

Brenda Petrone Veliz

Las películas navideñas están sobrevaloradas. Siempre que llega esta época del año, las producciones cinematográficas inundan las pantallas con ideas recocinadas, como si fuera necesario sumar más espíritu de fiesta a todo lo que nos rodea, y se instalan como si fueran lo único recomendado para ver en diciembre.

Cuando pasan los Reyes, las bombitas, las guirnaldas y el arbolito vuelven a la caja de donde salieron y no los vemos hasta el año que viene.

Con las películas pasa lo mismo. No reniego de las tradiciones y la decoración navideñas (excepto que habría que replantearnos la idea de que todas sean pensadas para el invierno boreal), pero sí de la abusiva producción mercantilista de las historias con Papá Noel.

"Un muñeco de nieve para derretirse" en Netflix, liderada por Lacey Chabert y Dustin Milligan.
"Un muñeco de nieve para derretirse" en Netflix, liderada por Lacey Chabert y Dustin Milligan.

Ahora bien, ¿por qué los largometrajes o series de este estilo solo se producen para un momento particular del año? Porque fueron creadas para verse una vez. A veces, causan rechazo con solo ver su sinopsis y su portada.

Son empalagosas y abusivamente cliché. Buscan universalizar el sentimiento de la Navidad desde la ficción, creando relatos idílicos y en su mayoría carentes de peso narrativo fuera de la nieve, los regalos, la juntada familiar, la relación amorosa y los problemas en torno a ello.

El Expreso Polar
El Expreso Polar

El Grinch, Gremlins, Mi pobre angelito o El Expreso Polar son algunas de las pocas películas netamente navideñas que se salvan de este análisis, pero, de nuevo, las vemos por primera vez y ya está.

¿Es necesario ponerlas en loop cada vez que se celebran las Fiestas? No, porque cansan.

¿Y qué queda en la lista? Una tracalada de producciones audiovisuales obvias y con exceso de romanticismo y emocionalmente pensadas para dar el golpe bajo y provocar el consumo pico de la fecha.

Para cerrar, una aclaración: ¡no, Duro de matar no es una película navideña!

John Amos junto a Bruce Willis en Duro de matar 2.
John Amos junto a Bruce Willis en Duro de matar 2. (Web.)