Patria joven
Un grupo de chicos de la Escuela Manuel Belgrano debatió sobre el significado del Bicentenario. El país, con 200 años, está lejos de ser perfecto.
La Patria no es una entelequia. La Patria sos vos, yo, ellos y todos los que tenemos una historia y un proyecto en común. La Patria se construye día a día, desde el lugar de cada uno. La antipatria es la intolerancia, el individualismo, la irresponsabilidad y la indiferencia. La antipatria es la pobreza y la falta de oportunidades, es la desigualdad y el desarraigo del que emigra, es la desidia y los desgobiernos. Es quejarse y no hacer nada.
Las definiciones corren por cuenta de un grupo de alumnos de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano convocado para discutir el significado del Bicentenario e imaginar el futuro del país rumbo al Tricentenario. Camila González (6° Economía y Gestión –EG2–), Paula Illbele (6° EG2), Valentina Buiani (6° EG2), Amparo Álvarez (8° EG3), Julián del Caño (4° séptima), Katya Hotton (4° séptima), María José Fernández (5° EG4), Julia Pfeiffer (5° EG4) y Florencia Faletti (6° EG3) están plantados con fuerza en el presente. Tienen ganas de cambiar el mundo, con una mezcla de ilusión juvenil y realismo crítico.
“Me parece un poco falso el sentido que se le está dando al Bicentenario porque están aprovechando para publicitar obras de gobierno. Es un acto \'careta\' más para crear un sentimiento de Nación y de hermandad que no existe. Nadie dice que es una buena oportunidad para que tomemos conciencia de los hechos históricos que nos unen como pueblo y nos conforman dentro de un colectivo”, argumenta María José.
“El sentido de pertenencia pasa por uno mismo”, cree Amparo. “Esa identidad –insiste– hay que construirla desde la escuela para, luego, hacer algo grande”.
La gesta de Mayo se ve lejana a los 15, 16 ó 17 años en pleno siglo 21. Aparece como una historia idealizada. El “verdadero pasado” se cristaliza en la generación anterior, en la de los padres. El presente, por el contrario, aparece como una transición y el futuro puede ser mejor. “Hay más libertad, ahora no se ve mal que todos pensemos distinto. Antes había un juicio moral más cerrado”, considera María José.
Cuando la discusión se acalora, las opiniones transitan entre la necesidad de participar, de exigir de manera colectiva que se cumplan los derechos y de ser honestos. Sobre todo eso. “No se puede esperar siempre que los otros reaccionen”, coinciden. Hay que ser protagonistas.
Un destino común. ¿Darían la vida por la patria? Lógicamente la respuesta es negativa si se piensa en emular a los próceres del siglo XIX. Pero podría cambiar si la idea es buscar manos y trabajo para un destino común. La sociedad es dinámica, reflexionan. "Si hace 200 años pasamos de ser colonia a decidir por nosotros y decidimos cambiar el modelo político, ¿cómo no vamos a cambiar hoy las leyes para que la sociedad se sienta cómoda con ellas?", aluden en relación a la discusión parlamentaria de estos días sobre el matrimonio gay.
“El cambio empieza por nosotros. Somos los responsables de incluir a todos, de ser solidarios”, dice Camila.
Los chicos detestan la filosofía de quienes se quejan y no hacen nada (y son autocríticos), quieren participar y que los planes sociales se conviertan en salud y trabajo. La educación, insisten, es la base de todo.
La patria del Bicentenario no es perfecta. Aún así disfrutan de las costumbres de un país a veces querible, y otras distante. “Tengo un sentimiento de identidad con nuestra cultura, con nuestra lengua, con lo que fue, con lo que fuimos y con lo que somos. Todos, en un punto, nos sentimos parte de esto y tenemos algo de amor a la patria”, piensa Julia.
Los adolescentes quieren un pueblo educado y crítico. Una Nación en serio.
“Nos hace falta un país en en el que la gente no se tenga que ir, en el que todos quieran quedarse porque les gusta, porque son felices. Que se construya una sociedad, una Nación que brinde todo lo necesario para poder desarrollarnos como personas para que nadie tenga que abandonar la patria”, sintetiza Amparo. Todos asienten.

