Temas del día:

La superliga, un cambio de forma, no de fondo

En 1985, el básquet rompió los moldes y rearmó todas sus competencias. el fútbol no se anima.

10 de junio de 2016 a las 11:50 a. m.
La superliga, un cambio de forma, no de fondo

¿Reestructuración o cambio de formato? La superliga y su amenaza de patear el tablero del fútbol argentino parece que, al final, sólo introducirá un cambio en el reparto de las ganancias y las modificaciones serán más de forma que de fondo. 

Al menos eso se desprende de las intenciones preliminares sobre la implementación de la superliga, un torneo que, salvo la distribución del dinero, no constituye ningún cambio revolucionario o fuera de lo común.

La cirugía mayor no parece ser una modalidad que la AFA esté dispuesta a utilizar para darle un cambio radical a sus torneos. No lo hizo en 1985, cuando la ofensiva del gobierno radical amenazaba con llevársela puesta con una movida federal en contra del personalista Julio Grondona, y parece que tampoco lo hará ahora, con un ente debilitado, desacreditado y en crisis de autoridad.

Es que el fútbol, en Argentina, es recalcitrantemente conservador y salir de sus estructuras es un desafío que ningún dirigente se animó a aceptar.

Dejando de lado la financiación de los clubes, el meganegocio de la televisión y el manejo de los beneficios de los torneos de Primera que comenzaron a discutirse seriamente, las modificaciones deportivas que se anticipan no son muy distintas a las que se verificaron en la AFA desde su profesionalización, en 1931.

Reducir la cantidad de participantes gradualmente y por mérito deportivo no representa ninguna novedad, ni tampoco un cambio sustancial en el mapa futbolístico. En los ’70, en medio de los vaivenes políticos que dominaron al ente rector, los cambios de opinión acerca de la cantidad ideal de equipos para su torneo superior tuvo diversas lecturas. Año a año, los ascensos y descensos se adecuaron a algunas de las posturas y así, por ejemplo, en 1977 se disputó un torneo de ¡46 fechas! y 23 equipos.

Ahora, la intención de disminuir gradualmente el lote de equipos de Primera no es más que un cambio de formato. No de fondo. La idea que los viejos dirigentes del interior intentaron imponer en sus mejores años (léase los ’70/’80), barajando y dando de nuevo, con cupos por región y “a dedo” de acuerdo a las potencialidades de cada uno, esperará por mejor oportunidad.