Brasil 2014 y una fiesta inaugural acomplejada
El inicio del Mundial fue con protestas en las calles. Y en el estadio, con una inauguración que pasará a la historia por sobria y por la dedicatoria que se llevó Dilma Rousseff. El triunfo, lo positivo del local.
Sin fuerza, sin color y con dos músicos de los Estados Unidos que cerraron la fiesta. Una ceremonia descremada abrió la Copa del Mundo de Brasil 2014. Un show pobre quizá como signo de estos tiempos que vive el país del Mundial. Una fiesta apagada, sin convicción, que terminó con una canción que no estaba programada.
"¡Ey, Dilma, vai tomar no cu!", le dijeron las 63.000 personas presentes (todo el Arena Corinthians, en San Pablo) a la presidenta del país antes, durante y después del comienzo. ¿Hace falta traducción? (Metételo en...). A pocos kilómetros de ahí siguieron las marchas de protestas contra la Copa, bajo los balazos de goma de la Policía. En la zona de Carrao, camino al estadio, unas 50 personas habían salido por la mañana a protestar contra la realización del Mundial. Pero duraron poco.
A media mañana, los reprimieron con ferocidad y hasta algunos periodistas (una mujer de CNN y un fotógrafo argentino de AFP) fueron heridos por los perdigones que volaron sin control. Más tarde, seguiría la brega en Tatuapé, otro barrio populoso de San Pablo.
El triunfo y poca sintonía
El jueves, día de los enamorados en Brasil, no destiló dulzura ni gestos amables. Sólo la selección anfitriona, que le ganó 3 a 1 a Croacia sin merecerlo y con un penal inverosímil, puso su parte para cambiarle la cara a una jornada que, otra vez, mezcló la pasión indiscutible por el fútbol del pueblo con una fiesta que, por momentos, pareció ajena.
El penal que destrabó el partido fue cuestionado hasta por la propia prensa brasileña, mientras que al final los torcedores destilaban preocupación por el discreto debut que tuvo su equipo. Un triunfo que hasta para los propios brasileños es discutible porque Neymar pudo darle la victoria a su país, pero a un precio muy alto.
Y además, la estrella bien pudo haber sido expulsada en la etapa inicial, antes de marcar su primer gol, por un codazo a un rival, aunque el árbitro japonés Yuichi Nishimura sólo le sacó la amarilla. El único mérito de Brasil fue haber debutado con victoria, lo que no es poco, pero es insuficiente.
Un Mundial extraño
Ayer, hubo una muestra más de lo extraña que está siendo esta Copa. Fue al final de la fiesta. Imaginar un Mundial en Argentina con la canción oficial en manos de un rapero de Miami sería imposible. En Brasil, no. Pitbull y Jennifer López cerraron la inauguración tratando de arengar a la multitud que, bueno… luego les daría su veredicto.
No hubo sintonía, ni fina ni gruesa, con los cantantes, acompañados por la pobre Claudia Leitte (brasileña) que le puso el toque “local”. Cosas del marketing y de la Fifa que tanto molestar han generado en esta tierra. Lo demás fue un homenaje a la naturaleza, el fútbol y la gente en tono extremadamente minimalista.
Coreografías simples con niños y artistas de San Pablo que desplegaron sus habilidades pero que no contagiaron a la gente. Una puesta en escena austera y, asombroso en Brasil, sobria. En la tierra de la samba apenas hubo bombos (el sonido, es verdad, no acompañó) y los excelentes Olodum ni tuvieron tiempo para mostrarse.
Se esperaba que el momento más emotivo fuera la aparición de una persona parapléjica que, por primera vez, demostraría que podía moverse gracias a una máquina dominada por su cerebro. El proyecto se llama "Walk again Project". Pero (cuando algo puede salir mal…) la televisión tardó en enfocarlo. Ubicado entre los bancos de suplentes, el joven recién fue mostrado por las pantallas gigantes del Arena Corinthians cuando ya había dado el puntapié inicial.
Metido en una máquina que lo asemeja a un Robocop quedó olvidado y pasó sin la gloria que prometía la guía de la ceremonia. Y como se mostró, fue sacado de la cancha. 17 años y 40 millones de reales que deberán esperar una nueva oportunidad para que el mundo conozca de qué se trata. Hasta hubo gauchos que bailaron como en un acto escolar de cualquier zona de Argentina. Típicos en el sur de Brasil, le dieron la entrada a los bailarines del capoeira y todos terminaron danzando juntos en el medio de la cancha, con una pelota cubierta de luces de led que iba marcando los pasos del show.
Anodina
Sin sorpresas ni demostración de grandeza, la fiesta del Mundial de Brasil será recordada como una puesta anodina. Quizá, para no sumar un ingrediente más a una olla que ya demasiados ingredientes tiene. Como sea, la organización resignó una de sus banderas más potentes: la música y la alegría de sus danzas.
No hubo carnaval, ni bossa nova, ni nada que nos lleve al país que tanto conocemos y tanto queremos. No hubo siquiera discursos de la presidenta Rousseff ni del presidente de Fifa, Joseph Blatter. Los dos se escondieron, temerosos del juicio de la gente.
Sólo enfocaron una vez a la jefa de Estado y fue para enfurecer a los torcedores. Pero así están las cosas. Los máximos responsables de haber traído la Copa no pueden dejarse ver. Lejanos al pueblo justo en el día del comienzo de la fiesta del fútbol. Así son las cosas.
