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La Liga Nacional de básquet, el torneo más argentino

28 de julio de 2017 a las 03:33 p. m.
La Liga Nacional de básquet, el torneo más argentino

El básquetbol argentino goza por estos días, a nivel mundial, de una jerarquía derivada de los últimos éxitos de la Generación Dorada y de un importante abanico de jugadores que lo prestigian. Está claro que el despegue del básquet nacional obedeció a la potenciación de su competencia interna, logro alcanzado con creces por ese proyecto federal revolucionario cristalizado desde 1984 en lo que hoy es la Liga Nacional.

La idea que sembró León Najnudel para que germine entre muchos otros seguidores (directores técnicos, dirigentes y periodistas) es el mojón que impone en el básquetbol de este país una bisagra marcada por un antes y un después.

Lo que llegó a partir de allí es por demás conocido y emparentado con la gloria a través de una selección argentina abonada a los podios. Pero el aporte del período anterior a la Liga Nacional no fue menor o intrascendente. Porque si hubo explosión liguera fue precisamente porque la base existente era sólida y generosa.

Marcelo Farías, ícono de las selecciones cordobesas en lo ’60, fiel referente del básquet de mosaicos y al aire libre, dijo: “La Liga Nacional potenció nuestro básquet como nunca, pero también hizo desaparecer todas las otras competencias con las que crecimos y que eran una auténtica fiesta, como los provinciales y los argentinos”. Fue el paso necesario de un básquetbol que ya era masivo, pero con tinte “folklórico”, a otro más profesional y de mayor competitividad.

En pleno receso de temporada, el 83º Campeonato Argentino de Neuquén intenta mantener ese impulso. Con repercusión mínima, el torneo entró en etapa de playoffs ante la indiferencia generalizada.

Una fiesta olvidada. “El más argentino de los campeonatos”, la frase que le quedó asociada por siempre como marca registrada de su competencia, nunca persiguió el perfil de un eslogan publicitario. La definición, más bien, reflejó con exactitud el rescate de la argentinidad que persiguió desde 1928 un torneo que hoy muchos ni saben que continúa jugándose.

La ocurrencia fue, en realidad, obra de un ingenioso hombre de fútbol: Agustín Selza Lozano, reconocido periodista de la primera mitad del siglo pasado, que bautizó así a un certamen que lo asombró por su alto contenido nacional. De hecho, fue la única disciplina que logró reunir en una misma competencia y en una única sede a la totalidad de las provincias argentinas (en Corrientes ’71 y La Rioja ’74).

Problemas de calendario y clubes remisos a prestar los jugadores fueron los principales motivos por los cuales el certamen comenzó una vertiginosa decadencia. Tras haber desbordado el mítico Luna Park (1972) e improvisar coliseos de fútbol en gigantescas canchas de básquetbol (las de Belgrano en 1954, Juniors en 1977 y Rosario Central en 1980), llegaron ediciones “lights”, donde sólo la federación local asumió el esfuerzo económico de comprometer a sus mejores valores. La tendencia se revirtió sobre el filo del nuevo siglo por el aporte de la cadena ESPN, pero tras un período de gracia que frenó la pendiente, los argentinos siguen su derrotero añorando aquellas fiestas de argentinidad al palo.