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Thomas Mann en primera persona

En Sobre mí mismo, de Thomas Mann (1875-1955), recopila algo más de 50 textos autobiográficos, escritos desde 1906 y hasta poco antes de su muerte. 

01 de diciembre de 2017 a las 03:50 p. m.
Rogelio Demarchi, especial
Thomas Mann en primera persona
En primera persona, Thomas Mann recopila unos 50 textos autobiográicos, escritos desde 1906 y hasta poco antes de su muerte. Fotos de posta.com.mx

Los textos autobiográficos permiten analizar bajo qué circunstancias una figura pública necesita hablar de sí. Aun cuando sepamos que todo discurso autobiográfico está determinado por algo del orden del “artificio” –organiza sus elementos para dejar bien parado al autor–, igualmente nos resulta una lectura atractiva; atracción que, por pura lógica, está en relación directa con la estatura y el genio de quien la firma.

Todo ello se cumple a la perfección en Sobre mí mismo, de Thomas Mann (1875-1955), que recopila algo más de 50 textos autobiográficos, escritos desde 1906 y hasta poco antes de su muerte. No siguen una cronología ni han sido agrupados temáticamente, pero las referencias bibliográficas permiten entender las condiciones de producción y reponer las fechas de escritura.

Así, se pueden articular importantes series. Por un lado, las encuestas en las que participó, donde se destacan las consideraciones sobre su método de trabajo: al concebir sus ficciones se equivocaba “sobre todo en su extensión”; trabajaba a la mañana, “más o menos desde las nueve hasta las doce o doce y media, todos los días, con raras excepciones”, y en ese lapso por lo general escribía “entre página y página y media”; y escribía a mano, sobre papel blanco, colocando debajo “para que no haya caos una página lineada”. Llegó a decir que “debería prohibirme de una vez por todas” seguir respondiendo encuestas porque hacerlo “me cuesta un tiempo y una energía desproporcionadas”.

Por otro lado, están los homenajes y los premios, como el Nobel, en 1929, al que llegó a comparar, por los efectos que tuvo sobre su vida, con los que genera “la pasión amorosa sobre una vida humana ordenada”.

Este dato es un ejemplo de cómo hablaba de sí mismo: una y otra vez subrayaba su carácter. “Soy un carácter épico, no dramático”, aseguró frente a la Academia Sueca. Y en medio de una célebre gira por París: “Yo no tengo el carácter de Dios en el cielo, que se vuelve terrible cuando no se le devuelve amor”.

Hay, con todo, una tercera serie, que incluye intervenciones académicas, en las que aparece el deseo de hablar en otro sentido: “Voy a hablarles de mi época, no de mi vida”. En tanto esta advertencia se cumple, lo académico queda como el anverso de una cuarta serie en la que ingresan pequeños recuerdos temáticos –los juguetes de la infancia, los sueños, la inflación– que remiten, anécdota doméstica mediante, a determinados momentos de la historia alemana.

En el medio de esa red, quedan atrapadas sus opiniones sobre el psicoanálisis, la religión, el ocultismo y hasta algunas cuestiones que remiten a la política de la época. Ya se sabe: veces uno dice más de lo que quiso decir.

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Sobre mí mismo

Thomas Mann

Edhasa

576 páginas

$ 765