Reseña del libro “Pranzalanz”: tierra de caprichos
Christian Kupchik alimenta la llama de los mitos y las leyendas en “Pranzalanz”, compendio de cuentos donde reina la invención pura.
La insularidad feliz de Pranzalanz no debería ser tan sorpresiva de constatar las credenciales de su autor: el argentino Christian Kupchik es, además de periodista, poeta y editor, un traductor polígloto, filólogo nórdico, especialista en literatura de viajes, vivió en París, Estocolmo, Barcelona y Montevideo, y escribió un ensayo sobre el místico Emmanuel Swedenborg.
Ese espíritu de erudición cosmopolita es el hervor en el que se cuecen los relatos del libro, expansiones juguetonas y de regocijo diletante por un territorio y un calendario imaginarios.
Tal reino de lo imposible podría ser bien la Pranzalanz del título, cuyo horizonte abre el primer cuento, “El camino a Pranzalanz”, donde se anuncia el sendero a una fábula a la que solo es posible acceder tras vagar ebrio y sin rumbo.
Ya allí, en esa narración remota dedicada a un hombre que forma guardia para vigilar el asedio de la muerte, se arrojan los dados a conciencia de una tercera persona omnisciente.
Las elipsis abruptas, los remates jocosos, las parábolas y las paradojas, los diálogos metafísicos, los nombres babélicos (escandinavos, germanos, bíblicos) y otros caprichos igualmente anacrónicos pueblan la primera mitad del volumen, cruce disparatado entre Rabelais, Tolkien y los hermanos Grimm.
Hay también algo de psicodelia y de hipismo underground detrás de estos mitos y leyendas, semejante a la apropiación profana de Robert Crumb en su adaptación del Génesis: el romance malogrado entre una diosa y un gigante, un farmacéutico maligno que se transforma en halcón para engañar al Buda, una mujer-colina que muere expulsando al mundo al pintor al que albergaba en un bolsillo o las versiones sucintamente infinitas de dos amigos que se disputan una misma dama integran este códice lisérgico.
A esos textos resguardados bajo el lema “Siete segundos antes del tiempo” les sigue otra sección más extensa, llamada “Siete pasos después de las ciudades”, que acerca a las narraciones a un umbral reconocible pero no menos fantástico. Las figuras de Jung y de Freud se entrelazan en “La ruptura”, Maupassant es personaje en el desdoblamiento de “Un paquidermo en el placar” y el barrio porteño de Parque Chas deviene suburbio inestable en “Misterios de Parque Chas”.
Un tercer apartado con un único cuento espera al final, “The end”, noche de los tiempos en la que un narrador acusa mutaciones físicas a la vez que un hogar entero es entregado al fuego: la llama en que mueren y nacen todas las historias.
- Pranzalanz. De Christian Kupchik. Dualidad. 192 páginas. $ 1.750.

