Reseña de "Sopor", de Chris Kraus: heridas abiertas
En Sopor, Chris Kraus retrata a una pareja intelectual a la deriva que recuerda a la de su novela Amo a Dick, con el comienzo de la década de 1990 como escenario.
El "sopor" del título de la hasta ahora inédita novela de Chris Kraus es de autoconsciente coherencia con una trama que bordea la desesperanza, la asfixia y la insipidez. Sopor en efecto se sitúa entre límites y tránsitos, con la pareja de intelectuales Sylvie y Jerome –que recuerda a la de la genial novela de Kraus adaptada a serie Amo a Dick– viajando a Europa del este en 1991, cuando se gesta un "nuevo orden mundial" con la asunción de George Bush padre y la caída del Muro de Berlín. El conservadurismo neoliberal hace mella en los protagonistas, que especulan con tierras para paliar la escasez y cambian la intransigencia por el proyecto familiar.
La adopción de un niño que van a buscar a Rumania, temporalmente reemplazado por una perrita rescatada, supone la promesa de felicidad política y afectivamente ingenua de una relación que se cae a pedazos. Sylvie, ex-stripper, punk y cineasta experimental –suerte de Virginie Despentes anglosajona, como Kraus–, es fatalmente mantenida y obligada a abortar varias veces por Jerome, gurú teórico obsesionado por el Holocausto que acumula resentimiento mientras sus colegas se llevan la fama; entre ellos Félix Guattari, a quien ambos visitan en su lujoso loft en París, donde miran por TV la caída de Ceausescu.
Sátira descarnada, drama feminista y crónica decadente, Sopor es un mosaico trágico erigido sobre guerras, heridas y resquebrajamientos, que desnuda la orfandad de época a la que vez que invoca su aletargado potencial de emancipación.

Sopor
Chris Kraus
Eterna Cadencia
320 páginas

