Libros. Reseña de Jardín de noche: maneras de estar sola
En sus cuentos, Fabio Morábito les da voz a mujeres de mediana edad que habitan sus jardines de forma particular.
Fabio Morábito es de la clase de autor que se ha dado el gusto o ha sentido la necesidad de experimentar con diversos géneros y lo hizo sin desentonar nunca. Nacido en Egipto, de padres italianos, vivió en Milán hasta los 15 años y luego se radicó en México, país en el que adoptó el español y escribió toda su obra: poemas, relatos, novelas, ensayos, crónicas, prosas poéticas y narraciones para niños.
Su último libro tiene la particularidad de que todos los cuentos comienzan con la misma frase: “El tiempo siempre pasa veloz cuando miro el jardín” (en nota final aclara que la tomó de El monstruito verde, de Haruki Murakami).
En varios le sigue la siguiente: “Y debieron de haber transcurrido muchas horas, porque todo alrededor estaba oscuro”. Esta es la imposición formal más explícita, pero hay otra más importante y que le da un rasgo común a la serie: las narradoras son todas mujeres de mediana edad o ya mayores que viven solas en una urbanización alejada de la ciudad; a su vez, casi todas están en las primeras líneas tomando un gin-tonic en el porche del jardín.
Hay más elementos ambientales y episodios que se repiten con variaciones, como la presencia de jardineros y empleadas domésticas (que en un par de ocasiones son las protagonistas); además el barrio se encuentra cerca de un aeropuerto y eso lleva a que los propietarios se reúnan para quejarse por los ruidos debido a los cambios de rutas de los aviones.
Un fragmento retrata con precisión a todas y cada una de estas mujeres: “Me había impresionado el poema porque lo vi como una descripción de mi propia vida, que se había anunciado, igual que una tormenta, con fuertes señales de alguna revelación o plenitud por venir, que finalmente nunca había ocurrido”.
Una recibe de visita a sus nietos, otras a amigas o alumnas, y también están las que dan lugar a que vecinos o compañeros de trabajo entren, excepcionalmente, a la casa. Pero lo más evidente es el vínculo que estas protagonistas-narradoras tienen con el jardín y su densa vegetación, donde el crecimiento inesperado e irregular del terreno y de las raíces, así como la presencia de bichos y animales, demuestra que en parte sigue sus propias reglas ajenas a la intervención humana.
Arbustos, plantas y hierbas que en el espacio lindante con la casa vecina señalan un límite infranqueable o bien poroso, dan señales inquietantes con sonidos extraños, convocan al fisgoneo o son un estímulo para la alucinación.
Morábito arma con precisión tramas que combinan la tensión dramática con el viaje introspectivo. Y en esos viajes hacia dentro y hacia afuera, estas mujeres encuentran la ocasión –una caricia, una visita repentina, un encuentro puntual, un baile a solas o en compañía–, sino de un cambio, al menos de un plus de vida que no esperaban.

Para leer Jardín de noche
Fabio Morábito
Edhasa
128 páginas
$ 21.000

