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Libros. Reseña de Jardín de noche: maneras de estar sola

En sus cuentos, Fabio Morábito les da voz a mujeres de mediana edad que habitan sus jardines de forma particular.

02 de agosto de 2025 a las 03:18 p. m.
Reseña de Jardín de noche: maneras de estar sola
Fabio Morábito

Fabio Morábito es de la clase de autor que se ha dado el gusto o ha sentido la necesidad de experimentar con diversos géneros y lo hizo sin desentonar nunca. Nacido en Egipto, de padres italianos, vivió en Milán hasta los 15 años y luego se radicó en México, país en el que adoptó el español y escribió toda su obra: poemas, relatos, novelas, ensayos, crónicas, prosas poéticas y narraciones para niños.

Su último libro tiene la particularidad de que todos los cuentos comienzan con la misma frase: “El tiempo siempre pasa veloz cuando miro el jardín” (en nota final aclara que la tomó de El monstruito verde, de Haruki Murakami).

En varios le sigue la siguiente: “Y debieron de haber transcurrido muchas horas, porque todo alrededor estaba oscuro”. Esta es la imposición formal más explícita, pero hay otra más importante y que le da un rasgo común a la serie: las narradoras son todas mujeres de mediana edad o ya mayores que viven solas en una urbanización alejada de la ciudad; a su vez, casi todas están en las primeras líneas tomando un gin-tonic en el porche del jardín.

Hay más elementos ambientales y episodios que se repiten con variaciones, como la presencia de jardineros y empleadas domésticas (que en un par de ocasiones son las protagonistas); además el barrio se encuentra cerca de un aeropuerto y eso lleva a que los propietarios se reúnan para quejarse por los ruidos debido a los cambios de rutas de los aviones.

Un fragmento retrata con precisión a todas y cada una de estas mujeres: “Me había impresionado el poema porque lo vi como una descripción de mi propia vida, que se había anunciado, igual que una tormenta, con fuertes señales de alguna revelación o plenitud por venir, que finalmente nunca había ocurrido”.

Una recibe de visita a sus nietos, otras a amigas o alumnas, y también están las que dan lugar a que vecinos o compañeros de trabajo entren, excepcionalmente, a la casa. Pero lo más evidente es el vínculo que estas protagonistas-narradoras tienen con el jardín y su densa vegetación, donde el crecimiento inesperado e irregular del terreno y de las raíces, así como la presencia de bichos y animales, demuestra que en parte sigue sus propias reglas ajenas a la intervención humana.

Arbustos, plantas y hierbas que en el espacio lindante con la casa vecina señalan un límite infranqueable o bien poroso, dan señales inquietantes con sonidos extraños, convocan al fisgoneo o son un estímulo para la alucinación.

Morábito arma con precisión tramas que combinan la tensión dramática con el viaje introspectivo. Y en esos viajes hacia dentro y hacia afuera, estas mujeres encuentran la ocasión –una caricia, una visita repentina, un encuentro puntual, un baile a solas o en compañía–, sino de un cambio, al menos de un plus de vida que no esperaban.

"Jardín de noche", de Fabio Morabito.
"Jardín de noche", de Fabio Morabito. (captura de pantalla)

Para leer Jardín de noche

Fabio Morábito

Edhasa

128 páginas

$ 21.000