Reseña de “El pasajero de la noche” de Maurice Pons: a puertas cerradas
El escritor francés Maurice Pons refiere a un conflicto político mayor a partir de un singular traslado en automóvil en “El pasajero de la noche”.
La intimidad en movimiento que tiene lugar dentro de un auto ha sido motivo más propio del cine que de la literatura. El pasajero de la noche de Maurice Pons (1927-2016) viene a revertir esa tendencia, aprovechando la argucia del espacio cerrado para hablar de todo aquello que ocurría por fuera en 1960, año en que el texto se publicó originalmente.
Un periodista recibe el encargo de trasladar al amigo de una colega a través de territorio francés, en un trayecto nocturno que parte de París para internarse en las cercanías de la frontera suiza. Narrado en primera persona por el chofer, el relato va soltando información a cuentagotas sobre el misterioso acompañante, que permanece quieto en su asiento y apenas pronuncia palabra.
De tez morena y ojos negros, el hombre pronto revela ser un militante argelino, dato que pone en vilo al protagonista dado el enrarecido estado de cosas signado por la guerra entre Argelia y Francia.
La novela pone en marcha un desplazamiento literal para condensar un tema urgente, del que Pons tomó posición tanto en la ficción como en la realidad (firmó junto a otros destacados intelectuales franceses un manifiesto a favor de la insurgencia argelina).
Poco conocido en lengua hispana, Pons entregó durante su longeva vida y desde su legendaria base en Moulin D’Andé libros disímiles, pero igualmente preocupados por la condición humana, como Las estaciones (1965) y Rosa (1967).
Su maestría destella en las elipsis en apariencia banales dedicadas al embrague o a la bocina, en las descripciones puntillosas del paisaje provincial y en las instancias de vacilación entre conductor y pasajero, en donde hace partícipe al lector de una cercanía tan cómplice como irreconciliable.
- El pasajero de la noche. Maurice Pons. Serapis. 82 páginas. $ 3.200.

