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¿Por qué caen las democracias liberales?

Un texto clásico del politólogo alemán Juan Linz analiza los patrones comunes en las crisis y rupturas de los sistemas democráticos de Occidente en el siglo 20. Sirve para entender los riesgos que siguen enfrentando las democracias contemporáneas.

22 de enero de 2017 a las 12:00 a. m.
Gustavo Di Palma (Especial)
¿Por qué caen las democracias liberales?
Juan José Linz, un teórico de la política, fundamental para entender la dinámica del juego de la democracia en las sociedades modernas. (Elpais.com)

La estabilidad y ruptura de los sistemas democráticos es uno de los grandes temas de la Ciencia Política. En ese territorio se inscribe una verdadera reliquia de biblioteca que conserva gran actualidad, trasladada a estos tiempos de democracias con muchas insatisfacciones y fuerte entusiasmo por liderazgos que recelan de las "instituciones liberales": La quiebra de las democracias (The breakdown of democratic regimes, en la versión original).

Este trabajo, escrito entre 1970 y 1974 por el politólogo alemán Juan José Linz, recién apareció publicado en inglés en 1978, como parte de una obra colectiva dirigida por el propio Linz y Alfred Stepan, con aportes de 13 autores que estudiaron las crisis y caídas de cinco democracias europeas y siete latinoamericanas. En 1987 fue traducido al castellano por la editorial española Alianza.

Linz coincide con sociólogos de tendencia marxista que dirigen su atención a los conflictos sociales yacentes, considerados como factores que hacen difícil, cuando no imposible, la estabilidad de las instituciones políticas liberales. Pero observa que “más allá de asumir las explicaciones sobre el porqué de la caída de un régimen, habría que preguntarse cómo ocurre esa caída”.

Queda claro, para Linz, que los regímenes democráticos se enfrentan con problemas más difíciles que los no democráticos. “Las implicaciones de las medidas políticas son más visibles para los afectados gracias a la libertad para informar críticamente, hecho que limita la manipulación de las percepciones de la sociedad”, señala.

El autor de La quiebra de las democracias muestra preocupación por la legitimidad de los regímenes democráticos, los problemas de eficiencia y eficacia y el comportamiento de la oposición, en la que distingue tres actitudes: leal, desleal y semileal. También busca explicaciones sobre el desapego mostrado por los intelectuales respecto a las democracias liberales, pese a la libertad para expresar ideas y discernir.

Linz destaca que la mayoría de la sociedad obedece a los regímenes democráticos no sólo por costumbre, sino también por cálculos racionales de las ventajas. Sin embargo, en las situaciones de crisis, cuando la autoridad del gobierno es atacada por algún grupo de la sociedad o cuando las decisiones afectan negativamente a muchos ciudadanos, advierte que ese pilar de la obediencia se resiente.

Legitimidad y oposición

En una democracia, observa el autor, “es muy posible que fluctúe rápidamente la cantidad e intensidad de apoyo concedido a gobiernos, líderes, partidos y medidas políticas, aunque la convicción en la legitimidad del sistema no se altera”. Pero advierte luego que el gran problema de los regímenes democráticos es que al perder apoyo de todos los actores políticos se puede muy fácilmente erosionar esa legitimidad.

La eficacia plantea otro desafío en esta mirada profunda sobre los riesgos que sobrevuelan a las democracias liberales. En muchas sociedades, pese al amplio consenso sobre los objetivos y los medios por emplear, “puede ocurrir que esos objetivos, y sobre todo los medios, no estén disponibles, sean ineficaces y estén sujetos a retrasos e incluso resistencia en el proceso de llevarlos a cabo”, dice Linz.

En este punto, quizá más que en el momento de formular medidas políticas, señala la aparición de las discrepancias entre expectativas y satisfacciones y el surgimiento del descontento: la falta de efectividad debilita la autoridad del Estado y su legitimidad.

En uno de los muchos párrafos que el autor dedica a la eficacia, elabora una recomendación que parece hecha a medida de gobernantes que se consideran asediados por presuntos opositores “impostores”: “Aunque la eficacia probablemente es juzgada por los resultados, a veces la neutralización de enemigos potenciales es igualmente o más importante que la inmediata satisfacción de aquellos que han concedido legitimidad al nuevo régimen basándose en sus expectativas”.

Al incursionar en los comportamientos de la oposición, Linz considera “normales, naturales o legítimos” los esfuerzos para desacreditar al contrario y la caracterización de los otros partidos como representantes de intereses parciales en conflicto con el interés público. Pero el estilo, la intensidad y el uso de mala fe de esas conductas marcan la distinción entre oposición leal y desleal.

Frente a esas situaciones, puede aparecer una actitud de semilealtad hacia el régimen democrático cuando algún sector de la oposición muestra disposición a animar, tolerar o justificar acciones de otros participantes que van más allá de las pacíficas y legítimas pautas de conducta política en una democracia. Y cuando habla de oposiciones radicalizadas y desleales, Linz deja una reflexión que merece ser subrayada: “Las tensiones estructurales, en ciertas sociedades y situaciones históricas, atraen a grandes sectores de la población. Pero su capacidad de acción generalmente es el reflejo del fracaso del liderazgo democrático, no del sistema en sí mismo”.

La quiebra de las democracias es un libro escrito hace 40 años. Pero propone un marco conceptual muy emparentado con la experiencia de muchas democracias contemporáneas, como la de Argentina por estos días.

Perfil

Juan José Linz fue profesor de Ciencia Política en la Universidad de Yale (Estados Unidos) y recibió doctorados honoris causa en distintas universidades del mundo: Granada, 1976; Georgetown, 1992; Madrid, 1992; Marburgo, 1992; Oslo, 2000; País Vasco, 2002. Escribió una decena de obras sobre los problemas de los regímenes democráticos en Occidente. Murió en 2013.