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Para conocer Chile a través de canciones y libros

En septiembre, se realiza el plebiscito constitucional de Chile. Para conocer cómo es la idiosincracia del país vecino, se puede viajar a través de sus artistas.

18 de agosto de 2022 a las 11:45 p. m.
Stefanía Coggiola
Para conocer Chile a través de canciones y libros
Alejandro Zambra es uno de los autores chilenos más reconocidos de la actualidad.

El 4 de septiembre el pueblo chileno decidirá si aprueba o rechaza su nueva Constitución. Falta menos de un mes para el momento del voto –ese instante de fuego–, que podría registrar un hito en la historia latinoamericana: dejar atrás la Constitución escrita durante la dictadura de Pinochet y comenzar a vivir con la nueva Carta Magna redactada por un grupo de personas elegidas mediante el voto popular.

¿Han ido a Chile? ¿Han respirado el aire de ese lado de la Cordillera? ¿Han sumergido sus pies en su extenso perfil de mar? No conozco al país vecino de esa forma, pero hay literatura, cine y música que me unen a él con la potencia de un magneto y fue con el libro Poeta chileno de Alejandro Zambra que terminé de declararle mi amor.

Si mi romance había comenzado con Pedro Lemebel y la música de Álex Anwandter, Javiera Mena, Francisca Valenzuela, quienes me facilitaron el acceso sin desplazamiento físico a su sociedad y cultura; con Poeta chileno se profundizó mi viaje mental, a través de la historia de los personajes de Gonzalo, Carla y Vicente.

Durante semanas pensé en Gonzalo y en su rol de padrastro con Vicente, el hijo de Carla. En la ternura inacabable de ese vínculo, en el talento absoluto del autor para narrar las diferentes etapas de la vida: la niñez, la adolescencia, la adultez alienante.

Fue conmovedor cuando Vicente dijo: “¡Chao, familiastra!”, una adaptación libre del niño del término padrastro, que a Gonzalo le había preocupado tanto encontrar, para que Vicente se sintiera a gusto, luego de volverse loco investigando diferentes formas de denominar a ese tipo de vínculo: ninguno condensaba todo lo que eran.

Mientras transcurre esa historia que tiene más de 400 páginas, sumé una percepción más sobre los temas que le ocupan a la sociedad chilena. Para mis adentros hablé como una chilena durante varios días –qué bonito que es el término “pololear”–, me hice una lista de lugares que menciona el autor de ese país, conocí a nuevos autores que se referencian (y hay bastantes porque Gonzalo y después también Vicente son poetas) y escuché música que no había escuchado.

La producción cultural de un país puede mostrarnos mucho y Chile arde en este sentido: recuerdo cuando me enfrasqué con la novela Sudor, de Alberto Fuguet, otro chileno que te muestra el territorio como si tuviera una cámara en mano. Siento que caminé la ciudad de Santiago con Alf, el protagonista. También conocí sobre el funcionamiento del mundo editorial chileno, las dinámicas de Grindr al detalle, y me involucré hasta la vena con la historia de Alf y el inolvidable Rafa Restrepo.

Canta Álex Anwandter: “Cordillera dinos la verdad / Es esta tierra un lugar que no / Nos quiere ni nos va a dejar hablar / Pensar, hablar, emborracharnos / Con el baile que esto no se acabe acá / Y yo quiero pelear”. Pelea con su música Álex, pelea el pueblo chileno. Luchan por sus derechos. ¿Cuál será la verdad de la Cordillera el 4 de septiembre? Chile está cambiando la historia, cuánta potencia, cuánto se narrará.