Mondo Cane: Cuando la literatura sirve para explicar cosas de la política
John Steinbeck y Ricardo Piglia aportaron perspectivas literarias que sirven para pensar en el presente político de EStados Unidos con Donald Trump y la lectura de la política argentina de su triunfo.
Si la literatura sirve para explicar cosas de la política a las que en sí mismas no les encontramos una explicación, no tengan dudas: vivimos un tiempo extraordinario, increíble, que dejará importantes enseñanzas.
En 1960, las campañas electorales cambiaron para siempre por obra y gracia del primer debate presidencial televisivo (Nixon-Kennedy), y John Steinbeck, acompañado por su perro, recorrió más de 30 estados de la Unión a bordo de un pequeño motor home. El resultado es Viajes con Charley, que se publicó en 1962, el año en que Steinbeck se llevó el Nobel de Literatura.
La enseñanza está en la justificación del periplo: "Yo, un escritor estadounidense, que escribía sobre Estados Unidos, estaba trabajando de memoria, y la memoria es, en el mejor de los casos, un depósito defectuoso y deformado". Para colmo, los recuerdos sobre los cuales podía operar esa memoria se remontaban a 25 años atrás (saquen la cuenta, 1935, primera presidencia Roosevelt, tiempos de esperanza y New Deal), la última vez que había "sentido" de veras al país. Entonces, había que salir a "buscar la verdad" sobre los Estados Unidos de hoy. Al fin y al cabo, dice Steinbeck, "descendemos de los inquietos", es decir de los inmigrantes, esos que estuvieron dispuestos a moverse y a construirse un futuro con su propio esfuerzo. Y todo viaje (esto es genial) "es como el matrimonio. La forma segura de equivocarse es pensar que lo controlas".
Hillary & Donald: ¿Quién hizo el esfuerzo y quién trabajó de memoria?, ¿quién viajó por el presente y quién se quedó en el pasado?, ¿quién creyó que tenía todo bajo control?
La otra enseñanza es vernácula: en 1981, al responder una encuesta dirigida por Susana Zanetti, Ricardo Piglia sostuvo que la literatura nacional es "la que organiza, ordena y transforma la entrada de los textos extranjeros y define la situación de lectura". Entonces, cada quien "se apropia de ciertos elementos de las obras extranjeras para establecer parentescos y alianzas que son siempre una forma de aceptar o de negar tradiciones nacionales".
Así, las extrañas parejitas —Mauricio con Hillary y Cristina con Donald— no resultan tan extrañas. A no confundirse: Mauricio y Cristina siempre nos hablaron a nosotros, los argentinos; no a ellos, los estadounidenses. No cometieron el error de inmiscuirse en la elección presidencial de otro país, buscaron influir sobre nosotros. Como cuando prometen bajarnos los impuestos o darnos trabajo.

