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Debate: Polarización, o la política de la grieta

¿Cuál es el origen de la división que hoy afecta a la argentina? ¿Es un peligro para la democracia o una situación que no afecta al sistema?

03 de mayo de 2017 a las 11:06 a. m.
Gustavo Di Palma*
Debate: Polarización, o la política de la grieta
Cristina Fernández. Tanto su figura como su gestión presidencial son temas controversiales desde mucho antes de que dejara el poder. (AP)

Mucho se habla por estos días de una supuesta estrategia del gobierno de Mauricio Macri tendiente a "polarizar" con el kirchnerismo, con la mirada puesta en las elecciones de este año.

La idea del oficialismo, se cree, es sacar así el máximo provecho al rechazo que en una significativa porción de la sociedad provoca el recuerdo de las prácticas políticas del período 2003-2015. En el lenguaje coloquial argentino, eso se traduce como la profundización de la famosa "grieta".

El empleo del término "polarización" tiene distintos alcances en el mundo de la política. Así lo entiende, por ejemplo, el politólogo argentino Eugenio Kvaternik, que a partir de obras clásicas de la ciencia política distingue en torno a esa palabra tres fenómenos analíticamente diferentes, aunque con cierto aire de familia.

Una de las situaciones identificadas por Kvaternik a la hora de hablar de polarización es el déficit de legitimidad caracterizado por una distribución multipolar de preferencias electorales, presencia de oposiciones bilaterales con fuerzas antisistema y erosión del centro, según el modelo de Giovanni Sartori (Partidos y sistemas de partidos, 1976). Otro caso, teorizado por el politólogo norteamericano Robert Dahl (Oposiciones políticas en las democracias occidentales, 1966) es el dualismo de opiniones de sectores recíprocamente hostiles, que deriva en conflictos de alta tensión o intensidad.

Un tercer fenómeno emparentado por Kvaternik con el concepto de polarización política es la radicalización. Esta es una situación extrema en el que se desbordan los cauces institucionales y se llevan a la práctica procedimientos como las movilizaciones confrontativas o la violencia.

Dualidades

El caso argentino se ajusta en mayor medida al marco conceptual desarrollado por Dahl, toda vez que pujas intensas como las dirimidas entre peronismo y antiperonismo o kirchnerismo y antikirchnerismo representan un tipo de dualidad hostil que no contiene componentes antisistema.

La historia contemporánea y la estricta actualidad política, sin embargo, demuestran que la profundidad de la escisión entre las partes puede derivar en radicalización, con los riesgos para la estabilidad institucional que eso implica.

En ese tipo de polarización no se plantea –al menos en forma explícita– el rechazo a la idea de democracia como único sistema político posible para Argentina. Un ejercicio interesante, entonces, es tratar de comprender el origen de tan exacerbada división nacional (los politólogos Seymour Lipset y Stein Rokkan popularizaron el término "clivaje" para definir distintos tipos de escisiones dentro de las sociedades).

Mucha tinta pasó bajo el puente de la literatura política desde que el historiador José Luis Romero publicó por primera vez Las ideas políticas en Argentina. No obstante, ese clásico de la historiografía nacional es un valioso prisma para analizar la tensión política de estos días dentro del sistema democrático vernáculo, asemejado a un mar donde se dividen aguas irreconciliables.

A mediados de la década de 1950, cuando el profundo clivaje peronismo-antiperonismo atravesaba su momento más crítico, Romero encontró las raíces del encono nacional en dos formas claramente diferenciadas de entender la democracia, que definió como "doctrinaria liberal" e "inorgánica".

La primera nació de la minoría ilustrada porteña de comienzos del siglo XIX y es la base de los principios republicanos de la Constitución de 1853, mientras la segunda no muestra un cuerpo doctrinario definido y es más cercana al sentimiento y las necesidades de ciertos sectores populares.

En esa noción de democracia inorgánica, es clave la figura del líder paternalista con raptos autoritarios, en un universo político donde los caudillos provinciales administran con discrecionalidad los asuntos públicos pero sin rebelarse contra el poder central, que los maneja a fuerza de premios y castigos traducidos en recursos económicos. Hasta aquí, parece la descripción del país vivido en los últimos 30 años, pero hay que recordar que Romero teorizó ese clivaje en 1956 y mirando al pasado.

Izquierda-derecha

Una forma predilecta de interpretar la polarización en la política argentina de estos tiempos es a partir del clivaje derecha-izquierda, considerada en los textos de Sartori como "una brújula, una identificación que nos ancla a algo". En La democracia en 30 lecciones (2008), el politólogo italiano identifica el deber ser de la izquierda "como la política que apela a la ética y rechaza la injusticia", en contraposición a la derecha que "es egoísmo, o la atención del bien propio".

Sin embargo, Sartori deja claro en esa obra que la fortaleza de la izquierda es su debilidad, mientras la debilidad de la derecha es una ventaja: "Por su naturaleza, la derecha no está expuesta a la quiebra moral, mientras las credenciales éticas de la izquierda son su talón de Aquiles, porque al ser propensa a corromperse en el poder muestra que es moralmente hipócrita en sus vértices", dice.

En el mismo libro, el intelectual políticamente incorrecto lamenta que la izquierda haya perdido el anclaje marxista, porque "contra el marxismo se podía discutir, contra la nada o la hipocresía se discute malamente".