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Contratiempo: un libro sobre el tiempo perdido y recuperado

Reseña de Cronografías, el ensayo en el que Graciela Speranza analiza una de las dimensiones claves de la época en que vivimos.

24 de mayo de 2017 a las 12:25 p. m.
Contratiempo: un libro sobre el tiempo perdido y recuperado
'Cronografías' se demora con particular atención en la obra-filme 'The Clock (El reloj)'.

Formas artísticas contemporáneas y obras literarias leídas como ejercicios de resistencia, manipulaciones y posiciones de contramarcha o desaceleración para generar nuevas versiones, subversiones y hasta perversiones de las maneras monolíticas de entender y experimentar el tiempo. Esa es la materia que Graciela Speranza persigue y conecta en Cronografías. Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo.

Con un esquema similar, que no sólo exhibe un aire de familia sino que establece una continuidad con su ensayo anterior, Atlas portátil de América Latina. Arte y ficciones errantes (2012), Cronografías desborda el mapa creativo de la región y prosigue la construcción de líneas alternativas de la historia del arte y de la literatura, provocando encuentros o colisiones que iluminan. Estrellas aparentemente muy distantes son interpeladas como emisoras de ondas desconocidas de una misma luz.

Un párrafo sobre Today We Rebbot The Planet, la instalación que el joven argentino Adrián Villar Rojas presentó en Londres en 2013, podría rebobinarse y volver a reproducirse como descripción del proyecto de Speranza en este libro: "relanzar la historia del arte contemporáneo, reiniciarla con otros relatos intempestivos que reúnan tiempos, espacios y culturas diversas, tras los fallos evidentes que viciaron el relato de la modernidad y las vanguardias, compuesto según la hora universal del meridiano de Greenwich".

Rara avis en el panorama del ensayismo argentino, con una escritura contagiosa del entusiasmo que la inspira, Speranza es una experta en el armado de constelaciones (así se titula el capítulo final) de narradores y artistas puestos a dialogar como casos de una nueva "cronofobia" o generadores de mundos de ficción que desertan o tratan de frenar (casi sin dejar ya ningún espacio a la imaginación utópica) la escala y velocidad de las transformaciones planetarias y al mismo tiempo generar refugios de tiempos alternos, disruptivos. Un presente marcado por las tecnologías digitales y su forma de colonizar el tiempo humano, junto al apocalipsis ecológico en marcha, configuran una especie de fondo negro sobre el cual se recortan las experiencias estéticas y las narraciones que la autora inserta en una serie "cronoclasta".

Una serie que va de desde las "ruinas al revés" de Robert Smithson hasta Earlater, la obra en la que Fabio Kacero "consigue contar la historia de la eternidad en seis minutos", pasando por ese "experimento expansivo" que es El Aleph engordado de Pablo Katchadjian, las miles de páginas de minucias que ponen a prueba los límites del tedio en los seis tomos de Mi lucha de Karl Ove Knausgard, la novela Austerlitz de W. G. Sebald o El hombre del hacha y otras situaciones breves de Liliana Porter.

Cronografías se demora con particular atención en The Clock (El reloj), la obra del artista estadounidense Christian Marclay, un filme de 24 horas hecho de miles de fragmentos cinematográficos y en menor medida televisivos, en los que siempre hay un reloj o bien  micro escenas que remiten de alguna manera a la medición o consulta del tiempo. The Clock tiene un dispositivo de sincronización con el tiempo real, de modo que las horas y minutos que se ven en pantalla, en los miles de relojes que aparecen, coinciden con la hora que el espectador tiene en ese momento en su muñeca o en su celular.  The Clock, anota Speranza, es la posibilidad de certificar "si todavía es posible transformar el tiempo perdido del consumo disciplinado en experiencia estética del tiempo recuperado".

Graciela Speranza

Anagrama

242 páginas

$ 435