En los últimos tiempos, muchas bodegas tienen en los puestos altos a mujeres que se han hecho cargo de un trabajo históricamente considerado masculino. Ya no es raro ver enólogas, agrónomas, directoras y propietarias de bodegas.
Dice el historiador Pablo Lacoste que, desde los tiempos coloniales, el cultivo de la viña y la elaboración y comercialización del vino generaron un espacio particularmente propicio para la incorporación de la mujer al mundo laboral y empresarial en América latina.
El vino fue un aliado de la mujer para emanciparse económicamente y obtener así una libertad tanto mental como social en la sociedad colonial, en la que no había casi ninguna otra posibilidad de escapar a los designios de la ética hispánica y criolla en las que el poder masculino se ejercía fuertemente sobre la mujer.
Para la estricta sociedad colonial, por extraño que parezca, la viña era un espacio abierto para la mujer, porque formaba parte del abastecimiento de la casa. El cuidado de las viñas, el control de la elaboración del vino, y luego su comercialización, formaron parte de las tareas en las que la mujer colonial podía participar y hacerse cargo sin las prohibiciones de toda índole que ejercía el tejido social.
Esta importancia del vino en la posibilidad de emancipación femenina derivó en una gran cantidad de mujeres que se dedicaron al vino en Argentina y escribieron páginas muy importantes en la historia.
Más allá de la mujer colonial y su importancia en el desarrollo de la viticultura argentina, en la época actual la mujer marca el ritmo del vino. Si bien hacia fines del siglo 20 las mujeres eran muy pocas en las altas esferas y participaban más en el laboratorio o la comercialización, poco a poco se fueron ganando un lugar en espacios antes considerados masculinos.
Y si antes era raro encontrar una mujer enóloga o a cargo de una bodega, hoy es un lugar común y la participación de la mujer ha potenciado enormemente el vino argentino.
A continuación, una serie de algunos de los muchísimos vinos hechos por mujeres en la Argentina.

1. Susana Balbo
Habría que revisar todo el diccionario de la Real Academia Española para escribir una lista de elogios para esta mujer cuya carrera es una increíble muestra de constancia, aventura, superación y constante innovación.
Especialmente en vinos blancos, se ha impuesto como una sabia generosa y refinada, en especial con su amado torrontés. En cuanto a innovación, este pinot gris es una sorpresa agradable: una cepa poco trabajada como varietal, en este vino se presenta con bajo alcohol, acorde con algunas tendencias en el mundo. Rico, fresco, jugoso, ideal para el verano o como entrada de platos suaves.

2. Ana Paula Bartolucci (Chandon)
Carrera extraordinaria la que hizo la joven Ana Paula Bartolucci en Chandon. No es para cualquiera hacerse cargo del peso que significa una multinacional que carga con una historia gloriosa en Argentina y seguir los pasos del recientemente fallecido Onofre Arcos, una gloria de las burbujas argentinas.
La variedad de etiquetas es todo un desafío, porque, además de la calidad contenida en cada botella, es impresionante la cantidad que se produce.
Sinónimo de champán en Argentina, crearon la denominación “extra brut” para el mercado nacional, renovaron la etiqueta hace poco, y Ana Paula se entusiasma con la continuidad de la calidad y con algunos proyectos nuevos como Délice o Apéritif, tan bien aceptados por el consumidor nacional.

3. Alejandra Riofrío (Navarro Correas)
Alejandra Riofrío aún no puede creer el lugar que ocupa y el prestigio que le recae desde que se hizo cargo hace unos años de Navarro Correas. Tradicional y reconocida, el nombre provoca autoridad y una ascendencia reputada que hay que mantener, apostando al mismo tiempo con generar un atractivo en los consumidores más jóvenes. Y todo eso haciendo ocho millones de litros en una bodega inmensa y supermoderna.
Las líneas de alta gama mantienen el perfil más tradicional y opulento, mientras que hay algunas novedades que generan un atractivo singular: Alejandra recomienda el pinot noir, de color rojo clarito y brillante, ligero y aterciopelado, de buen impacto en boca. Dice que es el ideal para mujeres que quieren empezar con un buen tinto.

4. Iduna Weinert (Weinert)
El legado familiar es una de las razones históricas de la incorporación de la mujer al mundo del vino. Esto cuadra perfecto con la vida y obra de Iduna Weinert, hija de don Bernardo, el brasileño encandilado por Argentina y sus vinos, quien en la década de 1980 compró una vieja bodega y en poco tiempo la convirtió en una gloria nacional, logrando el primer galardón mundial de un vino argentino.
Su hija Iduna se hizo cargo de la bodega, adoptó como hijos a la inmensa colección de toneles históricos que restaura con un celo artesanal, y con un gran equipo siguió haciendo vinos extraordinarios, marcados por el lento reposo en toneles. Ahora la línea Montfleury se amplió, ofreciendo vinos frescos y ricos.

5. Daniela Mansilla (Patente X)
Tal vez los cordobeses no lo saben ni son conscientes de que el éxito actual de los vinos de Córdoba le debe casi todo a una mujer. No hay viñedo en la provincia que no haya asesorado o plantado, empujando no sólo a plantar sino también a cuidar el patrimonio histórico de viñedos antiguos traídos por inmigrantes que poco a poco se va perdiendo, algo que le saca lágrimas.
Rescatando viejas viñas y también generando nuevas plantas con ese material genético, no sólo contribuye a cuidar algo irrecuperable y valioso, sino a ampliar las opciones de sabor en vinos diferentes, como los que elabora en una bodeguita artesanal en Colonia Caroya junto con Gabriel Campana y Danilo Fantini. Joyitas únicas.

6. Estela Perinetti (Las Estelas)
Intrépida y audaz, Estela Perinetti cuenta su historia como un cuento de hadas, pero después agrega que nada fue fácil ni ameno. Organizar viñateros, negociar con camioneros, controlar la molienda, organizar la limpieza, inspeccionar los tanques, vigilar la fermentación.
Todos procesos que hasta ese momento sólo lo hacían los hombres, y ella rubia y flaca y mujer en una bodega grande como Catena desarmando los prejuicios y las manías de un mundo masculino que sólo veía a la mujer en el laboratorio, de guardapolvo blanco y con un tubo de ensayo en la mano, y no en los viñedos, de jeans y embarrada hasta la frente y gritando a los cuatro vientos.
Después siguió un propio camino, con vinos deliciosos y muy refinados, con el nombre propio, que también es el de su madre y su hija.

7. Lorena Mulet (Cruzat)
Las burbujas en Argentina parecen ser cosa de mujeres. Otra gran champañera a cargo de una mujer: Lorena Mulet se formó con el gran Pedro Rossell y ahora está a cargo de esta bodega de capitales chilenos que se dedica exclusivamente a elaborar espumosos.
Recientemente, lanzaron al mercado el primer espumoso de malbec, una genialidad de un sabor muy interesante para los que gustan de las burbujas. Además, desarrollaron un espumante naranjo, un pet nat y una etiqueta con bajo alcohol.
En un mercado que no se queda quieto esperando novedades, Lorena está siempre atenta y probando cosas para deleitar a los consumidores.

8. Victoria Brond (Alpamanta)
Más que un concepto sobre la naturaleza, la biodinámica es una filosofía de la vida. Los ciclos del universo, el movimiento de la luna, la imprescindible influencia del sol, los animales y los tiempos de las plantas. El hombre conviviendo con todas esas realidades.
Todo confluye y converge en nuestra relación con el universo y para que haya un buen vino, la naturaleza tiene que estar sana y el hombre en convivencia armónica con todo lo que lo rodea.
Victoria Brond puede hablar horas de biodinámica y lo que lograron en Alpamanta, no con fervor de fanática, sino con apreciable, sólido y sensible conocimiento que la ha convertido en una referente. Ahí están los vinos para demostrarlo. El Breva sauvignon blanc es una experiencia única.

