Verano, un momento para entrenar el habla
Las personas que tienen disfluencia, también llamados "tartamudos", pueden tratar esta dificultad.
Se estima que 800 mil personas en Argentina son tartamudas. La mayoría de ellos proviene de familias en las que algún miembro es disfluente o habla muy rápido. Pero la tartamudez, como otros trastornos que en algún momento se los tenía como definitivos, puede revertirse si se la trata a edad temprana. Y con eso se evitan las consecuencias negativas que suele provocar en la personalidad y la inserción social de los niños y niñas, luego jóvenes y adultos. Ser tartamudo o tartamuda no ha dejado de ser un problema, pero se han encontrado causas y vías de superación.
La tartamudez es una dificultad que provoca una alteración funcional y dinámica de la fluidez, son desórdenes en la planificación motora del habla. Se ha avanzado mucho en las investigaciones y hay estudios que aportan evidencias sobre el origen neurobiológico de esta condición. El factor genético se evidencia en la manifestación hereditaria de la tartamudez, que, sin embargo, suele desatarse por factores desencadenantes del medio vinculados a lo emocional, hábitos lingüísticos y ritmo de vida familiar, por citar factores preponderantes.
Mientras antes se actúe, mayores son las posibilidades de revertir la situación. Lo importante es que padres o cuidadores estén atentos. Si supera el período normal de repetición del niño (de los 3 a los 5 años), lo mejor es hacer una consulta médica para obtener una derivación a un especialista.
Cuando las repeticiones son ocasionales y no se acompañan de esfuerzos o tensión para hablar, los pediatras inicialmente asumen el problema como una variante normal en la maduración del lenguaje. Sucede que muchos niños de ese grupo de edad pueden presentar una incoordinación o desfasaje entre la velocidad de su pensamiento y su capacidad de expresarlo en palabras, lo cual lleva muchas veces a un lenguaje "trabado", pero que no afecta la comunicación ni genera ansiedad en el niño.
En estas situaciones los pediatras brindan algunos consejos simples y si el problema no se resuelve dentro de los tres meses, sugieren la consulta de un especialista foniatra. Si hay una dificultad notoria que produce esfuerzo expresivo o estrés en el niño, la consulta debe hacerse sin demora.
Una de las principales premisas a tener en cuenta es que la situación se puede revertir. Al adulto le llevará más tiempo que al joven, y al joven más que al niño, pero las fluidez se adquiere y las trabas se compensan.
Para todas las edades hay tratamientos. Hay que pensar que cuando un niño, luego adulto, tiene dificultades en el habla, suele ayudarse con gestos y músculos de la cara. Esa actitud, más los problemas de comunicación que se generan con el entorno familiar y luego social, pueden traer acarreados problemas de personalidad, porque lo que se afecta principalmente es su autoestima.
Hay casos en que la situación del tartamudo lleva a la burla, y eso le afecta directamente en su personalidad. Es necesario trabajar con ellos, ordenar las emociones y fortalecerlos para el encuentro con los otros.
En situación escolar, es importante destacar que cuando los docentes se encuentran con casos de disfluencia, suelen consultar y colaborar con los tratamientos. Si bien la tartamudez no afecta el aprendizaje, es recomendable no exponer a los chicos a situaciones que le generan estrés e inhibición, como hablar frente al grado o curso, o dar lecciones orales si se las puede sustituir por escritas. El tratamiento apunta a fortalecerlos para que ellos superen el miedo, la vergüenza aún trabándose.
Morales recalca que de no ser tratados adecuadamente, pueden resultar niños introvertidos, niños que no hablan para que no se note cómo lo hacen. Y cuando terminan el proceso escolar y deciden seguir estudiando, optan por carreras en las que el lenguaje no sea tan necesario. Es decir: eligen condicionados, no por vocación.
No es un mito que la persona tartamuda al cantar, no repite ninguna sílaba ni se traba como cuando habla. La explicación que dan los profesionales es que la fluidez del habla se genera en el hemisferio izquierdo del cerebro (analítico); en cambio lo holístico, el canto, la lectura, están en el derecho. Al cantar, entonces, no utiliza el mismo hemisferio cerebral que cuando habla.
Precisamente, cuando se trabaja en la superación, se apunta a cambiar esa función. Es como aprender un segundo idioma, lleva muchas etapas.
Hay gente adulta que nunca se ha tratado y decide hacerlo. Muchas son las mujeres en estas condiciones que pretenden en algún momento de su vida dejar de tener trabas al momento de expresarse, emplear menos muletillas y recuperar la confianza en sí mismas.

