Verano difícil en el gimnasio de Mariano
La sensación de las familias es que hoy el salario es una frazada que quedó muy corta y que lo será todavía más hasta tanto se discutan y apliquen las nuevas paritarias.
Mariano tiene un gimnasio en Nueva Córdoba, en la planta baja de un edificio. Paga siete mil pesos de alquiler, con actualizaciones semestrales que están prohibidas pero que todos hacen. “Me vinieron 150 pesos más del abono de teléfono e Internet, me suben los impuestos, la luz... pero yo no puedo cobrar un peso extra de abono porque dejan de venir”, dice.
Como nunca, Mariano está sorprendido de lo ajustados que este fin de año están sus clientes, al punto de no poder absorber 30 ó 50 pesos de aumento.
Eso agrava la coyuntura propia de su local, donde llegan las fiestas y las manzanas superpobladas de Nueva Córdoba quedan desiertas, como mínimo, hasta mediados de febrero.
“Acá, la actividad arranca en marzo y algunos en abril, porque primero prefieren rendir y después venir al gimnasio”, dice. Por lo tanto, Mariano tiene que hacer una buena previsión en el año para poder afrontar en el verano los altísimos costos fijos de su gimnasio. Y este 2014 será el primer año que llegue sin haber previsionado todo.
“No sé cómo vamos a hacer, me desvelo pensando eso”, dice.
Acotados
Familias con presupuesto acotado y comercios comprometidos por donde se los mire son hoy por hoy una constante. ¿Qué pasó?
Primero: las expectativas en torno de la marcha de la economía siguen sin remontar. Ahí es donde más se puede medir el impacto de un dólar blue a 10 pesos: como sigue en torno de ese precio (el que se le acerca ahora achicando la brecha es el oficial), el común de la gente simplifica e interpreta que el meollo de los problemas económicos sigue sin resolverse.
No es una simplificación equivocada: podrá haber nuevo equipo económico, impuesto a los autos caros y acuerdo con Repsol por YPF, pero siguen haciendo fila los problemas económicos de siempre.
El primero que espera turno es la inflación, sobre el cual se han deslizado las mismas recetas de siempre: acuerdo de precios hasta febrero y paritarias con una “guía espiritual” en torno del 20 por ciento.
Segundo: la inflación se ha acelerado en estos tres últimos meses del año. Los acuerdos salariales (para aquellos que trabajan bajo convenio colectivo) se cerraron entre febrero y mayo, con un promedio en torno del 25 por ciento. La mayoría ya cobró el grueso de los aumentos y no tiene colchón para absorber la última escalada de precios, que se combina con los múltiples gastos extras (sin contar los regalos) que aparecen en el cierre del año.
Tercero: el anuncio de todos los ajustes que vendrán exacerba los malos ánimos. Se espera más presión impositiva de la Provincia y de los municipios, más cara la luz, el agua, el boleto de colectivo y hasta la posibilidad de que desaparezcan los subsidios al gas y la energía, los únicos que aún benefician a los ciudadanos que viven fuera de Buenos Aires.
La sensación de las familias es que hoy el salario es una frazada que quedó muy corta y que lo será todavía más hasta tanto se discutan y apliquen las nuevas paritarias. Por eso, la respuesta es restringir al máximo posible el gasto, a la espera de que se despeje el panorama. Con gastos tan acotados, sufre el comercio y especialmente quienes brindan servicios como el gimnasio de Mariano, que se pueden suspender hasta que mejoren las perspectivas.

