Una vida intensa y con las raíces en dos continentes
Andrea Rulke cuenta que durante mucho tiempo se sintió “colgada del vacío”. Hoy se siente tan europea como argentina.
Andrea Rulke cuenta que durante mucho tiempo se sintió "colgada del vacío". Hoy se siente tan europea como argentina. "En una época no sabía a qué mundo pertenecía, si al de mi infancia y juventud o a éste en el que me había puesto el destino", dice con las manos en cruz sobre el pecho. La niña que sobrevivió a los bombardeos y creció entre ruinas y sueños de libertad dice ahora que aquella disyuntiva no le pesa porque siente que tiene dos raíces fuertes: "Una europea y otra latinoamericana y argentina". –¿Qué rescata de ellas? –De la europea, la importancia que se le da a la cultura, el compromiso con el trabajo, la austeridad con que vive la gente y el respeto por el otro. De ésta, la sabiduría de las cosas simples, sobre todo en los pueblos andinos. De Argentina me encanta cómo se vive la amistad y se preservan los lazos familiares. Y de Córdoba, me encantan el buen humor y la chispa de la gente y su clima maravilloso. ¡Acá tenemos sol todo el año. Eso no tiene precio! –¿Y qué le desagrada? –La polución, la basura por todas partes, el derroche y el desprecio por lo público. Todo se destruye como si nada. Me apena que la intensa actividad teatral y cultural que tenía, con independencia de Buenos Aires, se haya descuidado. Lamentablemente, no tuvimos suerte con los intendentes.

