Una flor sobre su pecho
–Porque le pedían retornos por todos lados, Cacho. Los sindicalistas, para tener vínculos con su fundación; el Pami, para pagarle el monto millonario por prestaciones adeudadas... Bueno, todos.
–Por qué sacude tanto la cabeza, Cacho. Se le va a salir alguna vértebra.
–No exagere. Tengo el cuello en ablande, pero los sacudones son una expresión de bronca conmigo: me olvidé de saludar a mis médicos amigos. En realidad, no me acordé que era su día.
–Yo soy de los que piensan que siempre es mejor estar lejos de los médicos en lo profesional, aunque se los tenga cerca en el afecto.
–Eso significa que anda sano.
–Así es, Cacho. Y, aunque tengo muchos médicos amigos, siempre pienso en uno a la hora de esa celebración.
–Uno por todos. ¿En quién piensa?
–En Favaloro, Cacho, en René Favaloro. Fue el inventor del by pass, pero también se lo reconoce por muchas otras virtudes.
–Era grandote. ¿Le parece que puede abarcar a todos?
–Para mí, fue la síntesis de lo que queremos para la Argentina, pero no lo encontramos en la clase dirigente. No sólo era brillante en su profesión, sino que le dijo que no a las cientos de coimas que le ofrecieron.
–Y dicen que se suicidó en medio de complicaciones económicas.
–Su fundación estaba muy mal, Cacho. Mire, le leo lo que decía: “Parece increíble, pero hay veces que los honestos tienen que dar más explicaciones que los corruptos”.
–Muy sentido, parece.
–En su carta de despedida, en la que pide un salvataje para su fundación, es muy claro: “Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio. A la corta o a la larga, te lo hacen pagar”.
–¿Por qué lo decía?
–Porque le pedían retornos por todos lados, Cacho. Los sindicalistas, para tener vínculos con su fundación; el Pami, para pagarle el monto millonario por prestaciones adeudadas... Bueno, todos.
–Pero ¿le parece que alguien puede ser tan canalla como para hacer negocios con la salud de la gente?
–No lo digo yo, Cacho, lo decía Favaloro. Para que le quede claro, acá va otra de sus expresiones en la última carta: “El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones. Mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’. Sí al retorno, sí al ana-ana”.
–Muy duro.
–Muy triste, lo corrijo. Pese a que sus trazos tienen 14 años, me parece que las bases de esa carta no han perdido vigencia, Cacho.
–Si seguimos así, capaz que nunca la pierdan.
–Pero lo perdimos a él, Cacho. Favaloro se fue como un capitán de barco que no quiso entregar su dignidad al enemigo. Lástima que no encontró quién lo escuchara.
–Ni quién lo entendiera...

