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Un refugio de paz y felicidad al que siempre volvía

En el libro llamado “La imperfección de la belleza”, Igor Devetak cuenta las penas y glorias de Nora Gregor.

22 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Un refugio de paz y felicidad al que siempre volvía
Madre e hijo. Nora y Heinrich.

En varios pasajes de la biografía (publicada en 2005 por la editorial Kinoatelje), el crítico de cine y periodista del diario de Gorizia Dnevnik Primorski, se vale de testimonios de Heinrich Starhemberg. El hijo del príncipe y la actriz (foto) le contó al también colaborador de la Radiotelevisión Italiana (RAI) los días felices de su infancia en La Cumbre, donde vivió con su madre en el castillo de Mandl. En 1942, su papá se reunió con él y su madre en la fortificación que hiciera construir el médico rosarino Bartolomé Vasallo y que cautivara a la aristocracia, a partir de la década del ‘30. Tiempo después, la familia se mudó a Chile y ocupó una cabaña de madera en la Quinta Vergara (actual sede del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar). En el país trasandino, Enrique completó sus estudios en el Colegio Padres Franceses y empezó la carrera de Letras y Filosofía en la Universidad Católica. También, inició su carrera como actor, productor de cine y escritor.

Cuando la familia Starhemberg recuperó en Austria las propiedades sacadas por el nazismo, “el Principito” (como llamaban a Enrique) se instaló en el castillo de Eferding, que convirtió en un centro cultural.

Se trata de una fortaleza del siglo XII en un entorno de forestación majestuosa. Similar al marco natural de las serranías cordobesas que abraza al castillo de Mandl, refugio de paz al que regresara con frecuencia y que había visitado poco antes de su muerte en Buenos Aires, en enero de 1997. Aunque, claro, sin las luciérnagas que con su encanto lo atraparan en la infancia, para siempre.