Un pueblo que no tiene nada que ver con el desierto
A pesar de que se lo presenta como un valle inhóspito, Añelo está en el corazón de una región atravesada por la ruta del vino patagónico y atractiva para el turismo científico.
Podría pensarse a Añelo como un laboratorio a cielo abierto. Otro experimento argentino que servirá para mirar atrás dentro de cinco años o en una década, y comprobar si el país fue capaz de obtener la riqueza que esperaba conseguir allá por el lejano 2014, cuando recién comenzaba la fiebre de Vaca Muerta.
Servirá para comprobar si el viajero que llegue a Añelo en el futuro se encontrará con la ciudad moderna y ordenada que ahora es una promesa en los carteles, o será este mismo festival de improvisación y baches, sólo que más viejo y más grande.
Pese a que numerosos programas televisivos de Buenos Aires se empeñaron en hablar de Añelo como “el desierto”, como si fuera un residuo arrojado en la inmensidad patagónica, hay que decir que la localidad no se encuentra en el desierto ni se parece en algo a la “Dubai argentina” que anunciaron los presentadores.
Añelo está en el centro de la Ruta del Vino, las Manzanas y los Dinosaurios. A solamente 43 kilómetros se encuentra la localidad de San Patricio del Chañar, donde están los viñedos y funcionan las más importantes bodegas del sur argentino, productoras de vinos elogiados en ámbitos y concursos internacionales. Allí, desde que en 2001 se comenzó a desarrollar un proyecto conjunto único en el país, funcionan las bodegas modelo Fin del Mundo, Nqn, Valle Perdido, Secreto Patagónico y Familia Schroeder.
Cualquier consumidor argentino de vinos sabe la calidad vitivinícola a la que remiten esos nombres. Sobre la misma ruta 7 funciona el exclusivo Resto-Bar Malma, instalado dentro de la bodega Nqn. Tiene vista a los viñedos, está especializado en exclusivos platos patagónicos, y para conseguir lugar es necesario reservar con anticipación.
La ruta que conduce a Añelo desde la ciudad de Neuquén está lejos de ser desértica. Bordea el río Neuquén, y centenares de chacras con sus terrenos con manzanares cargados de frutas rojas y brillantes, aún en esta época, demuestran la fertilidad del valle.
Basta tener una visión aérea del lugar para ver la potencialidad y los cientos de kilómetros cuadrados libres para cultivos que todavía posee.
Además, la zona de Añelo cuenta con tres museos y con el Centro Paleontológico Lago Barreales, dependiente de la Universidad Nacional del Comahue, donde se realizan extracciones y estudio de fósiles.
El lugar tiene enorme atractivo para el turístico científico y hasta lleva recuperados un millar de fósiles de vertebrados, principalmente dinosaurios saurópodos.
Camino a Bariloche
Además Añelo se encuentra dentro de las rutas que llevan a los grandes centros turísticos patagónicos, como Bariloche, Villa la Angostura, y centros invernales y termales como Copahue y Caviahue.
Añelo tiene una gran oportunidad con Vaca Muerta, pero no es un pueblo sin alternativas ni atractivos. No es el desierto.
La zona de meseta donde se comenzaron a realizar las perforaciones de Vaca Muerta se ubican pocos kilómetros al norte de la ciudad, con base en Loma Campana. Esa sería, quizá, la postal más desértica que podría obtenerse de la zona, si no fuera porque está permanentemente atravesada por miles de vehículos, cruzada por gasoductos y oleoductos, por tendidos eléctricos, por mecheros que queman gas.
Un recorrido por esa zona a las 6 de la tarde, cuando las empresas cortan el turno de trabajo, muestra el movimiento de una gran ciudad.
Los caminos recién trazados en la tierra parecen avenidas llenas de camiones, maquinaria pesada, tanques, volquetes con residuos, camionetas, contenedores.
En cada encrucijada de esa red de caminos hay docenas de banderillas metálicas, cada una con su código de letras y números que señalan qué equipo de qué empresa está trabajando en esa zona.
En estos días de intenso movimiento, hay encrucijadas que llegan a tener 50 banderillas. Por ahora, esa masa de trabajadores cae sobre Añelo cada tarde y no encuentra las comodidades mínimas.
El pueblo no tiene bares cómodos, ni cine, ni gimnasio, ni espectáculos. Es un campamento desordenado. Es sorprendente que la gente que no está vinculada a la explotación petrolera siga viviendo ahí y no haya vendido todo y escapado.
La esperanza de riqueza y progreso es más fuerte.

