Un Bicentenario "accidentado"
En los primeros cinco meses del año en que festejamos los 200 años de vida de la patria, ya lamentamos casi 200 vidas menos. María Graciela Berardo.
Nuevamente, la crónica nos enfrenta al desconsolador escenario de las tragedias viales que continúan cobrando, sólo en Córdoba, más de una víctima fatal por día. Particularmente este mes de mayo, el del Bicentenario, ha dejado el lamentable saldo de 47 personas fallecidas, víctimas de accidentes de tránsito.
Pero es el mes de nuestra fecha patria, el que todos los años anota registros inusualmente altos de víctimas viales. Los meses de mayo presentan para los argentinos la particularidad de tener siempre dos feriados inamovibles; estos días, más algunos anteriores y/o posteriores, son invertidos habitualmente en actividades recreativas que generan mayor movimiento de personas, mayor cantidad de vehículos en calles y rutas, más kilómetros viajados, todo lo cual deriva en más accidentes. En los primeros cinco meses del año en que festejamos los 200 años de vida de la patria, ya lamentamos casi 200 vidas menos, sólo en la provincia de Córdoba.
El estudio accidentológico persigue determinar qué sucedió, cómo y por qué, para que no vuelva a suceder. Es un auténtico reto intelectual. La implicancia que tiene en la sociedad la investigación de accidentes hace que la realización correcta y completa de estos procesos pase de ser una responsabilidad ética personal a convertirse en una responsabilidad social.
En Argentina, la problemática vial es de naturaleza particularmente compleja por ser el resultado de un comportamiento social que no es simple y desvela a más de un sociólogo. Los factores conductuales se entremezclan con los de ingeniería en vehículos e infraestructura vial (diseño, construcción y mantenimiento), agravando el problema.
La valoración de la totalidad de los factores ofrece dificultades e incertidumbres, ante las que se corre el riesgo de buscar generalidades, como sucedió hace algunos años, cuando a alguien se le ocurrió comprobar el consumo per cápita del tomate y la accidentalidad, y descubrió con sorpresa que a mayor consumo de tomate mayor accidentalidad; se estaba en condiciones de afirmar que el tomate tenía un efecto pernicioso en la seguridad de las rutas. Como es evidente, el consumo del tomate poco tenía que ver con la accidentalidad, aunque fuese cierto que los países mediterráneos, que son los que consumen más tomate, tuvieran por otras razones mayores índices de accidentalidad.
En el afán de encontrar una explicación al elevado registro de víctimas fatales de los meses de mayo, esperemos que a nadie se le ocurra enunciar una teoría que vincule la elevada accidentalidad que se registra generalmente en este mes con el consumo de locro y empanadas. Eso sería desvirtuar el valor de la investigación accidentológica y desconocer la responsabilidad social que nos cabe a todos los actores de la sociedad en esta pandemia.

