"Tendría que hacerle un monumento al lápiz"
El prestigioso dibujante cordobés Tomas Gulle debió radicarse en Italia en 2002, impulsado por la crisis que vivía la Argentina.
Resulta innecesario un análisis de ADN para comprobar que en el núcleo de sus células se aloja el gen del dibujo. Basta y sobra con hurgar el cofre donde acopia garabatos y recuerdos desde que tiene uso de razón. Desde que andaba a gatas y vivía con las rodillas peladas, pintarrajeaba en el piso con cualquier cosa que tuviera a mano. Y antes de aprender a sumar con los dedos, se pasaba horas trazando líneas, haciendo series interminables de rulos e intentando círculos, como Luna llena, en cualquier claro de tierra firme que descubriera."Me acuerdo que cuando pavimentaron las calles de Providencia, ni bien secaba el hormigón, lo utilizaba como un enorme pizarrón y pintaba con trozos de ladrillo o carbón lo que se me ocurriera en el momento", cuenta Tomás Gulle. El ilustrador nació en ese barrio de la ciudad de Córdoba, pegado a San Martín y a pocas cuadras del Centro, el 2 de diciembre de 1948, aunque en su acta de bautismo figura el 2 de enero del año siguiente como fecha del alumbramiento. En ese vecindario su imaginación echó alas y las ayudó a crecer a puro lápiz y colores desde las esteras de junco de la Escuela Esteban Echeverría. También, alimentó el ingenio con la magia del cine Ideal, las historias fantástica que escuchaba sobre los chicos que entregaban a la Casa Cuna y las anécdotas que le contaba su padre de los clientes del "legendario Tango Bar", reducto bohemio del que era habitué. El local sigue al 700 de Castro Barros.En Monza es el mediodía de un viernes del verano que se despide en medio de un clima enrarecido que da crédito al pronóstico de tormentas sociales en Italia y buena parte del viejo continente. Gulle reside en esa ciudad del norte de la península desde 2002. Como muchos argentinos, migró cuando se escribía el epílogo de la historia de traiciones y fracasos que culminó con la fuga de Fernando de la Rúa de la Casa Rosada."Aquellas circunstancias nos obligaron a tomar decisiones y con mi esposa aceptamos la invitación de un primo de ella que nos pagó los pasajes y nos hizo lugar en su casa", cuenta del otro lado de la línea en un tono de voz que se adivina nostálgico. "Tuvimos que desarmar la familia y la casa. Vendimos las ollas, los muebles y un televisor, y partimos con 750 dólares y una visa de tres meses", dice.Aclara que trata de eludir el recuerdo de esa época infausta para evitar el riesgo de una "parálisis emocional". "Cuando desembarqué en Italia, tenía 53 años. No era un jovencito como para empezar de nuevo y emprender ciertas aventuras. Por eso con Alicia decidimos vivir el día a día sin mirar para atrás para no ver todo lo que dejamos...", explica."En la actualidad trabajo para una empresa que hace infografías para casi todos los diarios de Italia. Me desempeño como art director, ilustrador y trabajos especiales", comenta."Estoy por terminar el personaje de una campaña para dejar de fumar que se desarrollará a través de los teléfonos celulares", apunta. Esta producción gráfica tiene como antecedente una estrategia similar de prevención sanitaria mediante la promoción de la higiene bucal y la alimentación sana de los niños, que realizó para su empleador por encargo del Ministerio de Salud italiano. –¿Cómo lo acogió Italia y cómo lo trata hoy? –Al principio fue muy duro. Ni Alicia ni yo manejábamos el idioma. A tal punto, que el primo de ella nos hacía de intérprete en las entrevistas laborales. Acá te hacen sentir la condición de extranjero, aunque seas rubio de ojos celestes y tengas la piel blanca. Pero conseguí trabajo y a 10 años del desembarco estamos bastante establecidos. A principios de año, la empresa me tomó como empleado fijo por tiempo indeterminado y eso me demuestra que algo debo haberle dado para que no se quiera desprender de un tipo de 62 años, con todos los problemas de empleo que hay en estos momentos. Pero como siempre digo, nadie te regala nada. Sí tenés que tener la oportunidad y la suerte de que te abran la puerta y cuando se cierre te encuentres del lado de adentro.En lo que va de su estadía italiana, ganó un primer premio de ilustración en un concurso del Corriere della Sera , el diario de mayor tirada del país. El dibujo fue publicado con su firma en la portada del Corriere Lavoro , suplemento de esa matutino del grupo de medios RCS, fundado en 1876.También trabajó en el proyecto de restauración de la Scala de Milán, uno de los teatros de ópera más famoso del mundo. "Hice un escarpato. Se trata de una perspectiva traslúcida que deja ver el interior de la obra", explica. "Pero en el cordón de mi historia a esos hitos les doy la misma importancia que a las decoraciones de escenarios o dibujos en el pizarrón que hacía en la escuela para los actos patrios, los monos y diseños que produje para las campañas de prevención de accidentes de Renault o los 10 y pico de años que trabajé junto a Alberto Cognigni en Hortensia ", valora. –¿Queda algún sueño? –"Tendría que hacerle un monumento al lápiz porque viví con uno en la mano siempre y gracias a él estoy donde estoy y me he podido defender en la vida, amando lo que hago.

