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Tatuarse, una tentación sin edades

Surgió como moda entre sectores juveniles. Luego se masificó. Ahora se le animan más veteranos. Testimonios de un fenómeno en crecimiento.

15 de mayo de 2016 a las 12:01 a. m.
Tatuarse, una tentación sin edades
Grabado. Tomy Farkas tiene 69 años, nació en la República Checa y, en la década de 1980, se radicó en Argentina. Vive en Carlos Paz. Recuerda que antes lo miraban mal cuando le veían los tatuajes.

 (LaVoz)

Hasta hace unas dos décadas, los tatuajes parecían privativos de personas relacionadas con el rock, la actividad marina y el submundo carcelario. Al menos, era esa la impresión popular. Lejos de esa estigmatización, poco a poco el tattoo se fue imponiendo en los últimos años como moda y eso de dejarse marcas indelebles en la piel pasó a ser algo común, una forma de expresión perdurable en el cuerpo, un arte viviente.Recorrer una playa plagada de jóvenes hoy permite comprobar que la mayoría luce algún tatuaje. Casi que, a cierta edad, lo rebelde, en nuestros días, sería no estar tatuado.A la vez, se fue quebrando la asociación con la juventud. "Hugo" Teresa Suárez tiene 64 años y hace un mes fue con su hija a una tienda de tatuajes del Centro cordobés para imprimirse en un brazo el nombre de Hugo, su compañero de la vida fallecido hace cuatro años. "Después de que falleció decidí tatuarme su nombre porque fue un padre y marido ejemplar", cuenta Yolanda. "Nunca hubiese pensado en tatuarme y no sé si él lo aceptaría. Pero después pienso que quizá sí, porque acompañaba a los chicos a los recitales de La Renga y vivió la vida como un hombre joven", apunta.Su hija, Yanina Della Torre (34) fue la precursora de la familia. "Tenía ganas, pero les tengo terror a las agujas, y fue mi madre la que me acompañó a tatuarme la firma de mi padre", relata. Tras ese paso, fue la madre la que se animó. "No conozco a nadie de la edad de mamá que lleve un tatuaje. Creo que en mi familia se han empezado a animar. Mi tía es más grande que mamá y se quiere hacer uno también", dice Yanina entre risas. Y se prepara para hacer con ella una incursión al tatuador. Emoción compartida Franco Maldonado tuvo en sus manos el "honor" de dejar plasmado el nombre de Hugo en el brazo de Teresa. Franco es tatuador desde hace cinco años, pero desde mucho antes está relacionado a este mundo. "El primer tatuaje me lo hice a los 16 y hoy tengo más de 60", afirma."Teresa se emocionó hasta las lágrimas, al igual que su hija. Me ha pasado escribir para personas frases de quienes ya no están, y se emocionan. Y yo también me emociono, porque uno va creando una relación con cada uno que llega", afirma el artista.Con el paso del tiempo, el tatuaje comenzó a ser aceptado como algo normal, dejando de lado estigmas y estereotipos."Hoy el tatuaje se convirtió en un adorno, en un lujo que uno se da. Y por suerte se da cada vez más", sostiene Franco.El joven confiesa que cuando empezó a dejarse marcas en la piel lo hacía en partes del cuerpo que pudieran ser tapadas por la ropa, para poder "conseguir trabajo".Hoy, en ciertos ámbitos laborales, llevar un tatuaje a la vista aún puede jugar en contra, y muchos temen mostrarlo en público. Aunque la moda se haya impuesto y no sea ya cosa de minorías. Esas miradas Tomy Farkas tiene 69 años, nació en la República Checa y, en la década de 1980, se radicó en Argentina. En Villa Carlos Paz conoció a Omar Aguirre, quien ya había empezado su carrera como tatuador."Omar tuvo un problema y yo lo ayudé. Me preguntó cómo me lo podía retribuir y yo le dije que me tatuara", cuenta Tomy. "Estuvimos trabajando seis meses, todos los días", agrega.Tomy fue funcionario público municipal hace 15 años y sintió "las miradas diferentes" de la gente ante sus primeros tatuajes a la vista. Era muy evidente."Había una reacción negativa y en ese momento se manifestaba más la hipocresía de la gente", remarca.Tiene buena parte de su cuerpo con marcas imborrables, que reflejan su pasado militar, del que prefiere hablar poco. Aunque se hizo fan del tatoo , aclara: "Cuando la gente decide hacerse un tatuaje, recomiendo que lo medite al menos un año, sobre todo los más chicos. Tienen que pensarlo muy bien porque es algo que no se puede borrar".

Qué dice la ley

Córdoba. La ley provincial 9.012, de 2002, regula la actividad de los tatuajes y el piercing en Córdoba. Exige que quienes la ejercen deben contar con autorización del Ministerio de Salud, que debe ser expuesta a la vista del usuario. Para obtener la matrícula se debe participar de un curso que dicta el Ministerio sobre técnicas, normas sanitarias y de bioseguridad. La matrícula debe revalidarse cada cinco años. Los productos y equipos que se utilicen deben ser registrados y autorizados por autoridad oficial competente. No se permite que sean tatuados menores de 18 años, salvo autorización firmada por sus padres.