Simon, el barbero inglés
Nació en Halifax, pero vive en Córdoba desde hace seis años. Conoció a su pareja por Internet. Le gusta el trato cálido de la gente y la comida. En ocasiones, dice, se siente más argentino que británico. Tiene una peluquería en barrio Marqués de Sobremonte.
Simon Jackson (48) es el barbero inglés de barrio Marqués de Sobremonte, en la ciudad de Córdoba. Abre la puerta y sonríe. Hace seis años que vive en la Argentina, pero apenas entiende el castellano.
“Soy de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, cerca de Manchester. Fui barbero durante 25 años. Tengo 48 ahora”, se presenta Simon, en la peluquería masculina y barbería Brigantes, al 4.000 de la avenida Monseñor Pablo Cabrera.
El lugar es cálido, con cuadros coloridos y paredes blanquísimas. Se parece más al living de una casa que a un salón de belleza. Es que así quiere Simon que se sienta.
Nació en Halifax, a cuatro horas en vehículo de Londres. Pero la vida lo arrastró a Córdoba, junto a su pareja cordobesa, Virginia, a quien conoció a través de Internet, hace ya unos años.
Se encontraron en la red, mientras ella intentaba practicar su inglés. Y las cosas se fueron dando. Después de chatear ocho horas todos los días durante tres meses, se vieron por primera vez en un aeropuerto de Manchester, cuando Virginia voló a Halifax.
Se quedó seis meses hasta que quedó embarazada, con una gestación complicada. En 2010 decidieron viajar a Córdoba, para estar acompañados de la familia de ella. El bebé nació con la arteria aorta cortada.
Complacer y escuchar
Jackson estudió cinco años para ser peluquero y barbero en el Reino Unidos. Cursó dos años y, luego, tres más de práctica en un college, el equivalente a un instituto terciario en Córdoba.
Comenzó a hacer cortes y peinados a mujeres y, luego, se dedicó al cabello y barba de hombres.
“Me gusta hacer feliz a la gente y este oficio es un buen medio para complacer, para que se sientan bien, contentos. Quiero compartir mi personalidad a través de lo que hago. El dinero no es tan importante, el hecho de que los clientes vuelvan es gratificante. Es una vocación”, sostiene.
Simon trabaja como los viejos barberos, con navajas old fashion. "La mayor cualidad de un peluquero es escuchar al cliente. No te podés equivocar. Hay que hacer exactamente lo que el cliente quiere. Eso es lo que deseo", plantea.
En ocasiones, Simon se siente más argentino que británico. Le gusta el contacto con la gente. “Muchos creen que los británicos somos nariz parada, pero no somos tan fríos. Algunas veces, puede ser. Acá se abrazan, allá entre hombres no se tocan. Es más formal”, remarca.
La guerra
“Me gustan los cordobeses. Son muy amigables. Me han tratado muy bien, algo que no esperaba sobre todo por el conflicto que hubo entre los dos países. Nunca tuve inconvenientes”, cuenta, en relación a la Guerra de Malvinas, de 1982. Entonces, él tenía 15 años.
“Una vez, en un supermercado en Córdoba, un exsoldado de Malvinas se acercó y me saludó mostrando respeto. Yo esperaba que alguien así me rechazara”, relata. Es una anécdota que le gusta contar
“Margaret Thatcher no era popular, nadie la quería. Después de la guerra sumó puntos, pero destruyó el país y se volvió impopular. El pueblo no estaba de acuerdo con la guerra”, asegura.
Libertad y seguridad
Virginia y Simon esperan un bebé y, por ahora, no se mueven de Córdoba. “Estamos midiendo adónde vamos a criar al niño. En los dos países hay cosas positivas y negativas”, piensa. Y opina: “La mayor diferencia que observo es que allí hay mucho control sobre la gente. Acá es más anárquico, se hacen cosas fuera de la ley”.
La rutina también es distinta. En Inglaterra cenaba a las cinco y media de la tarde y no conocía la siesta ni los 40 grados del verano cordobés.
“Acá hay más libertad, aunque no se valora. No hay controles”, dice. Pero, en Inglaterra, cree, la seguridad es mayor. “Es más seguro en todo sentido. En Londres es distinto, pero en el interior no hay rejas, nadie te ataca en las calles, no hay \'motochorros\'”, enumera.
Y sigue: “Aquí el tráfico es caótico. Allá no hay bocinazos, nadie te apura, las mujeres pueden caminar sin problemas ni temor a que las ataquen. Este es un país muy joven, hay muchas cosas por aprender”.
“La mentalidad es diferente. Las mujeres gozan de mayor igualdad allá. Acá, el hombre es más ‘macho’ y la mujer tiene un rol más inferior. Allá tienen más derechos, tienen iguales oportunidades, la mujer acá no crece en el ámbito laboral”, sostiene.
Lejos de casa
“Me gusta la Argentina, amo la gente, pero me siento ‘mitad persona’ acá. No he aprendido el idioma, descanso en Virginia que me traduce todo. Tendría que haber aprendido, pero estoy viejo y lo encuentro muy difícil”, se ríe. Pero se defiende sin palabras. De todos modos, la adaptación fue relativamente fácil. Lo más complicado fueron los horarios de las comidas, aunque el clima y la carne, opina, son espectaculares.
El mate le parece amargo. El fernet, los lomitos y las empanadas le fascinan, pero el choripán no está dentro de sus comidas preferidas.
- ¿Te imaginabas viviendo en la Argentina?
- Jamás. Ni en Sudamérica. No pensé que llegaría tan lejos.

