Simón Cavic, un croata en Córdoba
Llegó hace 56 años. Aquí se reencontró con su padre, prisionero en un campo de concentración alemán. Dice que le gusta la amistad de la gente y la tolerancia religiosa. Más en "Voces", un blog sobre culturas diversas.
Simón (Sime) Cavic (83) abre la puerta de su acogedora casa en el loteo Lipa Croacia (Linda Croacia) en la localidad cordobesa de Nono, y su acento lo delata, a pesar de que lleva casi 60 años en Argentina. Nació lejos, en Starigrad (Croacia), a orillas del Adriático. A sus espaldas, las Altas Cumbres. Atrás, la cola del Dique la Viña.
Simón sonríe e invita “dulcecita”, grapa con miel. Casera, por supuesto. Y comienza a contar su historia. Relata la de allá, durante la Segunda Guerra Mundial, de privaciones y de aprendizajes profundos. Y la que forjó acá, en un país que siente como propio.
Starigrad (“ciudad vieja”) es un pueblo turístico de unos tres mil habitantes, que guarda vestigios del imperio romano, cerca de la ciudad de Zadar, donde Simón se recibió de maestro.
Allí pasó su infancia marcada por las bombas y aprendió la fórmula de exquisitos salamines caseros, jamones y embutidos ahumados, que aún hoy prepara.
A orillas del río Paklenica estudió, dio clases hasta los 27 años, y se casó con Matilde (Matija), 63 años atrás. Partió a la Argentina, en 1958, con su mujer y tres de sus cinco hijos, donde armó su historia. A dos aguas.
“No hay mejor escuela que la necesidad”, asegura Simón. Y los recuerdos lo llevan a la guerra.
“Si usted quería comprar una aguja no había, si quería comprar un peine, una pomada de zapatos, un botón... no había. Toda la industria, 100 por ciento estaba parada y todos los hombres en el frente... La guerra es un desastre que acá no tienen la menor idea”, explica Simón. La Segunda Guerra Mundial comenzó cuando él tenía 11 años y terminó cuando había cumplido los 15. “Si digo que en dos años no he visto pan, usted no me cree”, refiere.
Estudió y vivió como pupilo en un colegio de monjas destinado a los huérfanos, cuando se padre Kuzman Cavic –cocinero en barcos que navegaban por el Danubio– fue alistado en el Ejército. “Me mandaron para sobrevivir. Pasé por la escuela de la necesidad, donde se aprende cómo no morir, aunque te falte todo”.
Al finalizar la guerra, Kuzman fue destinado al campo alemán de concentración de Dachau, en Baviera. Permaneció dos años junto a 12 mil prisioneros. Fue encargado de limpieza.
Una noche, cuenta Simón, Kuzman Cavic y otros compañeros arrollaron el alambrado de púa con un camión y escaparon hacia los Alpes. Cavic llegó caminando a Italia, donde lo rescató la Cruz Roja Internacional y lo envió a Córdoba. Recién en 1954, su mujer Mara Busleta, mamá de Simón, desembarcó en el país junto a cuatro de sus hijos.
Simón se había separado de su padre a los 10 años. Volvieron a verse 18 años después.
Primeras palabras
“Mañana” era la única palabra que Simón conocía cuando llegó a la Argentina en el barco “Cande Bianca Mano”, que partió desde Génova y tardó 20 días en llegar a Buenos Aires, una ciudad apabullante, plagada de edificios y “malos olores”.
Un primo le había sugerido que aprendiera esa palabra porque en este país, le confió, todo se arregla “mañana”. “Se me pegó esa frase: ‘venga mañana’”, recuerda. Al principio se comunicaba con señas, leía el diario y repetía palabras. En un mes, ya manejaba el español.
Los comienzos fueron difíciles. “Me costó unos 10 años acostumbrarme aquí”, admite. Lo que más le gustó de la Argentina fue la tolerancia religiosa. “Es el logro más grande”, piensa
Su primer trabajo fue en una fábrica de tejidos. Pero luego cambió de rubro. Durante seis años fue picapedrero, y luego inauguró un depósito de piedra con un amigo, Loncar y Cavic, en el Cerro de las Rosas.
a con sus hijos crecidos, volvió a la fábrica de confecciones textiles para dama y llegó a tener 50 empleados. Pero se fundió después. Simón se jubiló y se fue a Nono.
Un país grande
Simón y Matilde hablan croata en casa, y también con sus hijos, aunque los nietos van perdiendo el idioma. Ella aprendió a tomar mate cocido cortado con leche. Él, no. “Me nacionalicé porque quería participar para que Argentina sea un poco mejor”, remarca Simón.
Con esta filosofía, durante 15 años dirigió la colectividad croata en Córdoba, el Hogar Croata. Hoy la institución, que representa a unos cuatro mil croatas y sus descendientes, está en manos de su hija Mira Cavic.
Sólo de visita
Simón y Matilde regresan cada tanto a Croacia, de paseo. Matilde extraña la Argentina cuando está allá y hasta se le pone la piel de gallina cuando escucha el Himno nacional.
La pareja vuelve a los lugares conocidos, los que están en pie después de la guerra entre Serbia y Croacia, hace 20 años. “Vi mi escuela sin techo, dinamitada. Al lado no hay nadie que nosotros conozcamos. Están todos muertos o escaparon”, relata.
“Llevamos 56 años acá. Argentina tiene un imán especial. Si mañana alguien me ofrece un buen sueldo para que vaya a vivir a Estados Unidos no aceptaría”. A Simón le gusta la confianza del cordobés. “Esta mañana, voy a pagar la luz y cinco o seis me dijeron: ¡Hola Simón! Mi hermano vivió 10 años en Canadá, en un séptimo piso en Toronto, y me contó que a la par viví an vecinos y no se saludaban nunca”, cuenta.
Simón trata de mantener las costumbres de sus antepasados. “¿Cómo es eso?”, se pregunta. “Valerse por sí solo. No depender del Estado ni del vecino, como se valían mis viejos. Ellos criaban un par de animales y para el invierto, tenían carne, chucrut, verduras”, se responde.
En Nono, los Cavic tienen todos: quinta, gallinas, abejas, leña, vino de producción propia, grapa y jamones que nada tienen que envidiar a los ibéricos.
“Voces”, un blog sobre culturas diversas
Historias. Rescatar historias, mantener la memoria fresca, recuperar experiencias, anécdotas, conocer todas las voces y no olvidar a quienes llegaron -y lo siguen haciendo- desde lejos para contribuir a hacer esta patria grande. Esas son algunas de las ideas por las que nace "Voces" (www.lavoz.com.ar/voces), un blog abierto a las culturas, a los migrantes y sus descendientes, a las tradiciones y colectividades de Córdoba, realizado por La Voz del Interior, junto con la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).
Por la memoria. "Voces" es un sitio que busca preservar la memoria a través de relatos, fotografías, documentación. Es un lugar para las colectividades de inmigrantes y para aquellos que se sientan parte de la tierra que nos reúne.
Comunicate. [email protected].
(*) Colaboración Verónica Sudar, de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba.

