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Segunda ola en Córdoba: en los barrios dicen estar preocupados, pero siguen relajados

La Voz dialogó con los vecinos que padecieron en 2020 brotes y cordones sanitarios. Cuentan que están inquietos por la suba de contagios, pero siguen los problemas por los pocos cuidados.

12 de abril de 2021 a las 12:01 a. m.
Segunda ola en Córdoba: en los barrios dicen estar preocupados, pero siguen relajados
Testeos. Más testeos y seguimiento en los barrios en este momento de contagios. (Pedro Castillo)
  • La Voz dialogó con los vecinos que vivieron en 2020 en lugares con brotes y cordones sanitarios.
  • Hoy contaron que están inquietos por la suba de contagios, pero que siguen los problemas por los pocos cuidados.

Las nuevas restricciones de circulación nocturna y los límites de hasta 10 personas para las reuniones sociales activaron las diferencias entre quienes están de acuerdo con los cuidados frente a la segunda ola, y entre los que dicen estar cansados de estas medidas.

Pero, ¿qué pasa en Córdoba capital con estas disposiciones nacionales y provinciales? La respuesta en los barrios gira entre la preocupación y el miedo al contagio; y también entre el hartazgo y el desinterés.

La Voz volvió a contactar a los vecinos que en 2020 vivieron en cordones sanitarios porque sus barrios habían quedado –por disposición provincial– con cercos escrictos que les impedían salir por 15 días debido a la aparición de muchos casos de coronavirus.

Hoy, esa acción ya no es una práctica preventiva y de control del Gobierno provincial, sino los testeos y el trabajo territorial.

En Zumarán

En lugares como Zumarán y San Martín, en el noroeste de esta ciudad, el miedo por los contagios llegó con fuerza en julio y agosto del año pasado.

Hubo casos de familias discriminadas por haberse contagiado, campañas para que los vecinos respetaran el cerco y preocupación por aquellos que no podían salir a trabajar; sólo a compras de productos esenciales.

Ocho meses después y con las nuevas medidas restrictivas, volvió a aparecer la preocupación de algunos, pero el desinterés y la relajación en los cuidados, de otros.

Testeos. Córdoba tiene 21 puntos para hisopados. (Pedro Castillo)
Testeos. Córdoba tiene 21 puntos para hisopados. (Pedro Castillo)

Miriam González es la presidenta del centro vecinal. Hizo y hace campaña para que sus vecinos se cuiden, los ayuda para que se anoten para vacunarse, pero está preocupada porque ve que no se toman cuidados para evitar contagios.

"Con el tema de las nuevas restricciones, en los dos barrios que estuvieron cerrados mucho tiempo, allá por el mes de julio, la vida siguió como si nada. Yo no noté cambio alguno en la población. Es como que eso fue un mal momento, lo pasaron y ya es tema olvidado. Siguen escondiendo si se les da positivo porque no quieren perder días de trabajo, siguen las reuniones, gente sin barbijos, y si les decís algo, te miran raro", cuenta la mujer.

"Hay cero empatía –agrega–. Con la vacuna es otro tema, hay gente que sigue diciendo: \'No me voy a vacunar\'. Personalmente me tomo el trabajo, más que nada con la gente adulta que no entiende que es el CIDI, y los anoto".

Luis Ludueña, que es empleado legislativo y vivió dentro del cordón sanitario en Zumarán, relata cuáles son los cambios que observa ante este nuevo avance de los contagios.

"La primera pandemia fue algo de terror por todos lados. Ahora, con esta segunda ola, estamos más relajados en el barrio. Nada más queda seguir cuidándonos como siempre lo hicimos. El miedo está en las personas más grandes, que tienen riesgos. Nos cuidamos unos a los otros. Si en algún lado están con Covid-19, uno les avisa que no vaya. Avisarnos, cuidarnos es la manera, más allá de que hay gente que no se cuida, más la juventud con las fiestas clandestinas", dice Luis.

Fabricio Laborda también vive en la misma zona de la ciudad, el año pasado su casa había quedado una cuadra fuera del cerco, por lo que vio los reclamos de quienes querían salir. Hoy tampoco es optimista respecto de que haya más cuidados en las familias.

"Es compleja la situación, a la gente se la ve más relajada. Hay muchas juntadas y el punto que define todo es la relajación. Con las nuevas restricciones hay que ver cómo reaccionan ante estas nuevas subas de casos. Sí, noto más miedo de contagiarse; pero, por ahora, en plazas o lugares sociales no veo muchos cuidados. Espero se modifique cuando entren en razón de que estamos en la segunda ola", asegura.

Evangelina Díaz también vivió el encierro por el cerco, el miedo por no poder salir a comprar y las carpas cuando se hacían hisopados en Zumarán y San Martín. Ocho meses después sigue preocupada. "La gente hace vida normal, muy poca lleva bien los barbijos. Salgo algunos días para el trabajo, otros en casa, pero tomo dos colectivos. Todos apiñados y me da pánico", cuenta.

"En estos meses me pasó de ver gente partir. Los padres de mi mejor amiga murieron los dos por Covid-19 en una semana, lo mismo con gente de la parroquia a la que voy. También nos enfermamos nosotros en octubre, gracias a Dios, mi madre no. La hemos pasado a todas y está todo muy difícil y caro. Sentirse seguro uno no se siente nunca", asegura.

"A mi mamá y a mi abuela les dieron la primer dosis de la vacuna, y les reprogramaron la segunda. Siento que esto no se termina nunca, nada te da seguridad para decir estoy más tranquila que hace un año atrás", relata Evangelina.

"A mi me dejó con miedo, yo la pasé jodida. Pero en mi casa, me asusta que pueda volver a pasar. La gente parece que ya no tiene más ganas de cuidarse, se ve en la calle, en todos lados", asegura emocionada.

En Marqués de Sobremonte

Víctor Stuto tiene con su mujer una verdulería en barrio Marqués de Sobremonte. El año pasado sufrieron cuando se confundió el nombre de su mujer con otra persona contagiada y se sintieron afectados y discriminados.

"Esta vez está un poco tranquilo el barrio. Hay casos, no tantos... Si hay un aumento no lo sabemos. Pero la mayoría se ha relajado y no se cuida tanto como antes. Lo toma como algo natural. Muchos mezclan el virus con la política. Lo mismo pasa con las vacunas, antes había desconfianza y ahora como que quieren vacunarse", expresa.

"Lo que sí ha cambiado mucho en el barrio es la seguridad. Hay muchos robos en esos meses. Lo que pasa es que la situación del país y las secuelas del virus nos encuentra más debilitados que el año pasado. Esperemos de no cometer los mismos errores y tratar de superarlo una vez más ", dice.

Contagios. Se hace seguimiento en los barrios, más los testeos. (Pedro Castillo)
Contagios. Se hace seguimiento en los barrios, más los testeos. (Pedro Castillo)

Müller y General Paz

En barrio Müller en el sudeste de la ciudad, Bárbara Salas, vivió el miedo cuando el barrio se cerró. De esos meses a esta parte, siente la misma inquietud por los cuidados.

"En mi barrio parece como si fueran días normales, no se preocupan. Tengo a mi mamá y a mi papá, que son de riesgo, así que nos cuidamos y vamos de la casa al trabajo. Pero voy al Centro y están todos sin barbijo. Sé que hay que esperar, pero tenemos miedo por mis padres y mis chicos", comenta.

Lo mismo relata Roxana Cortés, de Alto General Paz. Ella quedó dentro del cerco el año pasado y no pudo salir a trabajar como empleada en una casa de familia. Para ella, las personas siguen en estos días sin grandes cuidados.

"Acá estamos teniendo casos y la gente sigue normal, se cuida poco y hay fiestas en la villa más cerca todos los fines de semana. No se cuidan, andan sin barbijos y tampoco hay distanciamiento. Hay contagiados, pero hacen el aislamiento como si nada", lamenta la mujer.