Rosa mantiene los sabores peruanos
Rosa Villanueva llegó hace 20 años a Córdoba, desde Chiclayo, en el noroeste de Perú. Lo hizo casi por casualidad y no se fue más.
"La primera vez que tomé mate me hizo llorar porque me dieron tan caliente (…). Ahora sé prepararlo y lo preparo a mi gusto. Uno va aprendiendo”. Rosa Villanueva (40), nació en Chota, región de Cajamarca, pero de pequeña vivió en Chiclayo, conocida como la ciudad de la amistad, en el noroeste de Perú.
Rosa es muy alegre y siempre agradece a Dios por lo que tiene. Con su tonada bien distintiva, y mucho entusiasmo, cuenta cómo llegó a nuestro país.
Vino a la Argentina en 1994, casi por casualidad y por invitación de una amiga. “Me dijo: me voy a la Argentina el lunes; acompáñame”, recuerda. No lo dudó demasiado, armó las valijas y se embarcó en la aventura.
El viaje duró cuatro largos días. Lo primero que le llamó la atención, al pasar por Mendoza, fueron la nieve y que los árboles no tenían hojas. “Ahí entendí y me dije: ¿Qué estoy haciendo? Pero yo no soy de regresarme”, expresa muy segura.
Llegó a Córdoba y trabajó tres meses con su amiga, en un local de ropa, para luego independizarse. Desde chiquita se había acostumbrado a ahorrar. Comenzó en la ruta 20, en la zona del “ala”, y así consiguió juntar un poco de dinero para ella y su familia que quedó en Perú.
Rosa, proviene de una familia numerosa, tiene 12 hermanos y su madre, que quedó en el campo de Lambayeque. “Somos una familia de clase media, baja, que siempre hemos tenido lo justo”, cuenta.
Fusión de culturas
Paso un tiempo, hasta que conoció a Carlos, un cordobés de padres peruanos.
Carlos (36) vivió en Argentina hasta los 6 años y luego, por problemas políticos de la época, viajo a Perú y se quedo allí con su familia. Regresó cuando terminó el secundario y luego estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba.
Ambos comparten el interés por lo empresarial y sobre todo, por lo gastronómico. Tienen un hijo cordobés quien, al parecer, se interesa por la tradición peruana.
Además de formar una familia, Rosa afirma que conoció mucha gente buena en Córdoba. Siempre se sintió acompañada, lo que le causó muy buena impresión de la ciudad.
“Yo amo Argentina, no me iría”, refiere. Aquí trabaja de lo que le gusta: la cocina. Además, se encarga de difundir la cultura de su país en diferentes actividades “A lo mejor acá tuve un poco más de suerte. Yo estoy muy contenta acá.”, agrega.
A pesar de que le encanta Córdoba, recuerda siempre a su país, sobre todo a su madre. “Siempre uno tendrá nostalgia de lo que vive en su país, pero cuando uno vuelve ya no es la realidad, porque todo el mundo hace su vida”, cuenta.

La cocina, una pasión
En Córdoba, Rosa no puede olvidar las costumbres del noroeste de Perú, en especial, la de su hogar. A su familia le gusta cocinar; es una tradición. “Nosotros ahí cocinamos mucho. Sí viene visita, uno invita. Somos muy hospitalarios”, relata.
A los 7 años ya comenzó a preparar algunos platos. Primero por necesidad, pero luego encontró una nueva pasión. Rosa asegura que la cocina la relaja. Con la práctica y el tiempo empezó a especializarse.
Prepara todo tipo de comida peruana y, también, algo de la argentina. Cuenta que, para ella, hay diferencias entre los sabores. “Es como que no tiene mucho sabor la comida de acá. Si vos haces, por ejemplo, un guiso de arroz, yo lo hago con un poquito de condimento. Va a salir rico”, expresa.
Es así como empezó a fusionar los sabores, todo un aprendizaje para Rosa. “No puedes cerrarte con la comida”, detalla. De esa forma, fue adaptando sus platos tradicionales al paladar del gusto argentino.
En su restaurante de avenida Rafael Núñez 6092, donde trabaja junto con Carlos hace dos años, Rosa cocina diferente a lo que se acostumbra en Perú. Por ejemplo cuenta que prepara la comida sin demasiado picante porque los argentinos, en general, no están acostumbrados. Además aquí también se come mucho pan, dice. Por eso sirven los platos con este acompañamiento. Allá, explica, se come con yuca (mandioca) o papas hervidas.
Rosa asegura que le gusta cocinar en casa, pero también en su restaurante, al que pusieron de nombre Tumi, que representa un símbolo tradicional y conocido en Perú. Hace diversos platos típicos, pero uno se caracteriza por ser de su especialidad, el ceviche.
Más sueños
Rosa, no sólo piensa en una guardería que cuide y haga jugar a los niños. Su idea es un espacio integral, donde haya médicos y educación. Ambiciona un lugar donde se incentiven valores y, además, la cultura de su país.
Texto: Claudia Nahir Colman Neris. Fotografías: Verónica Sudar, Orlando Puma y Santiago Paz, de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).

