Quiero creer
Stephen Hawking advirtió que no deberíamos tratar de comunicarnos con los alienígenas. Seguramente lo dijo por el bien... de ellos.
El día que llegaron los extraterrestres, nadie les prestó mucha atención: acababa de empezar el primer partido de Argentina en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica y debieron esperar más de media hora, hasta que terminó el segundo tiempo, para entablar el primer contacto.
Lo más urgente fue decidir quién o quiénes serían los interlocutores oficiales: algunos querían que fuera un grupo de científicos e intelectuales bien preparados. Pero no se pusieron de acuerdo si debían ser los de Carta Abierta o los del grupo Aurora.
Los bien preparados tampoco querían, así que se desechó a los intelectuales.
Algunos pensaron en un representante de las Fuerzas Armadas, pero también se lo excluyó, ya que la única propuesta de los militares fue infiltrarse en el grupo enemigo. No es que no hubieran pasado inadvertidos, pero la idea era tratar de hacer las paces.
La Presidenta no quiso ni acercarse -sospechaba que los alienígenas habían sido enviados por el Grupo Clarín- y el vicepresidente contestó que sí, pero que no por ahora. Buscaron también al presidente de la Cámara de Diputados, pero no bajó al recinto.
Como nadie quería, hubo que pedirles a los delegados de los partidos políticos. Dijeron que sí, pero preguntaron a cambio de qué.
En Capilla del Monte reinaba la confusión, ya que si los extraterrestres se instalaban en la Tierra, se les arruinaría el negocio de la ovnilogía y se verían obligados a realizar congresos de humanología en Marte, con la diferencia de costos que ello implica.
Al final, no hizo falta comunicarse con los extraños: comenzaron a enfermarse al ser atacados por nuestros virus y bacterias. Pero en vez de ir a un hospital cayeron al consultorio de un médico new age , que les recetó una solución de platillo volador diluida en 99 por ciento de agua.
Antes de irse, quisieron aparearse con algunas de las hembras que tanto los habían atraído al ver esos programas de TV vespertinos. Pero les cobraban demasiado caro.
Hartos de todo, los visitantes arrancaron sus naves y decidieron no volver nunca más.
Stephen Hawking dijo hace pocos días que es "perfectamente racional" que exista vida extraterrestre. Y advirtió que no deberíamos tratar de comunicarnos con tales criaturas. Seguramente lo dijo por el bien... de ellas.

