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Privacidad en tiempos digitales: ¿batalla perdida?

La privacidad no se trata de no compartir, sino de tener el control. Javier Pallero, Access Now

15 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Privacidad en tiempos digitales: ¿batalla perdida?

Esta semana, buena parte del mundo techie se sometió gustoso a uno de los encandilamientos anuales originados por Apple: la WWDC o Conferencia Mundial de Desarrolladores, que la empresa estadounidense brinda puntualmente desde hace 27 años. En streaming de impecable HD asistimos, como otros cientos de millones de usuarios, al anuncio de las líneas rectoras con que se actualizarán los sistemas operativos de todos los dispositivos que tienen la manzanita este año: desde el smartphone hasta la notebook , pasando por la tablet , el smartwatch y el Apple TV.Entre lo más aplaudido estuvo la actualización de Siri, el asistente personal que ahora es mucho más rápido, mucho más ubicuo y muchísimo más inteligente que antes. La omnipresencia de Siri podrá ahora hacer –sin que nos demos cuenta– cosas como analizar en cuestión de milisegundos una conversación que estamos teniendo en WhatsApp para que el predictivo del teclado sea más preciso. O podemos decirle a Siri "pone mi lista de música favorita" y analizará lo que escuchamos en nuestro servicio de música para armar la playlist . Y mucho más. Con semejante cantidad de datos personales expuestos, es lógico que Apple tenga como uno de sus argumentos de venta el extremo celo por salvaguardar la privacidad de sus usuarios, tanto que ni el FBI ni la Justicia estadounidense pudieron obligarla a generar un método de desbloqueo universal para los iPhone.Sin embargo, para usar esa y cualquier otra tecnología (en Android es todavía peor) tenemos que entregar datos. En el caso de un iPhone, como mínimo tenemos que compartir nuestra privacidad con Apple. Y en breve Siri llega a las MacBook.¿Estamos voluntariamente perdiendo la batalla por la privacidad? Hay quien piensa que no."No hace falta borrarse, no participar o no usar para proteger la privacidad", sostiene Javier Pallero, analista de políticas en la fundación Access Now. "Snapchat es un ejemplo de que la lucha por la privacidad se puede ganar. Los chicos ponen cada vez menos cosas en Facebook. Un colectivo enorme como el de los adolescentes necesita un espacio privado, que deje a los demás afuera".Los posts de Snapchat duran 24 horas y se borran, suficiente para que sea visto como algo más seguro. "La privacidad no se trata de no compartir, sino de tener el control. Si en posesión del control elijo mostrar todo, es cosa mía, pero tengo la opción de no hacerlo", apunta Pallero.Más síntomas de que la privacidad no está en retirada: Facebook flexibilizó la política de nombres reales; el cifrado de extremo a extremo de WhatsApp es un hecho; el acuerdo de transmisión de datos entre Europa y Estados Unidos se cayó, y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU creó la Relatoría Especial para el Derecho a la Privacidad.No todo está perdido, mientras tengamos el control.